El Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, asesor de la Unesco, formulará este mes a Uruguay las últimas preguntas sobre su propuesta de inscripción de la iglesia de Estación Atlántida en su Lista del Patrimonio Mundial, que puede concretarse este año, informó el titular local de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, Nelson Inda. El templo es la más emblemática obra arquitectónica de Eladio Dieste (1917-2000).

El Ministerio de Educación y Cultura y la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación presentaron, el 1.º de febrero de 2019, ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), la propuesta de inscripción de la parroquia Cristo Obrero y Nuestra Señora de Lourdes, ubicada en la Estación Atlántida de Canelones, en la Lista del Patrimonio Mundial de esa agencia especializada.

Ese templo católico integra un conjunto de más de 150 edificios construidos por la empresa fundada en 1954 por el ingeniero Dieste y su colega Eugenio Montañez, con sede en Montevideo. En esas obras trabajaron ambos profesionales junto a otros. La propiedad de la iglesia de Atlántida es compartida por el Obispado de Canelones y la Congregación de Hermanas Rosarinas.

 

Reconocimiento

Las obras de Dieste, se caracterizan por la optimización de recursos, destacó Inda. Tomó el ladrillo, que debe ser el elemento prefabricado más antiguo de la arquitectura, y lo llevó a su máxima liviandad en la creación de superficies curvas a partir de una nueva tecnología que denominó cerámica armada, explicó. Sus creaciones se expresan en construcciones abovedadas realizadas con ladrillo, armadura de acero y un mínimo de hormigón.

Inda reseñó, consultado por la Secretaría de Comunicación Institucional, que el 21 de noviembre en París, en la sede del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, (Icomos, por sus siglas en inglés) se realizó la última reunión entre expertos de esta organización y los representantes uruguayos Carlos Galcerán, de la Comisión del Patrimonio, el especialista venezolano-mexicano Ciro Caraballo y la embajadora ante la Unesco, Alejandra De Bellis.

Ese encuentro le permitió a Icomos obtener insumos que le permitirán formular antes de finalizar este mes una serie de interrogantes oficiales con aspectos específicos del informe. El cuestionario deberá ser respondido antes del 28 de febrero de este año, apuntó el entrevistado.

Luego de ello, Icomos elaborará el informe definitivo que presentará al Comité de Patrimonio Mundial que sesionará en julio en China, donde anunciará qué propuestas integrarán la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco; sobre lo que Inda se manifestó muy optimista.

“El bien propuesto puede considerarse la mejor expresión artística alcanzada a partir de la innovación técnica y constructiva concebida por (…) Dieste”, reseña la propuesta presentada por Uruguay. “Con su forma de construir se plasma una obra arquitectónica ejemplar, de gran belleza plástica, formal y espacial”, agrega.

“Es conocida y valorada a escala mundial, mencionada en gran número de publicaciones especializadas de arquitectura y construcción, estudiada en las escuelas de arquitectura e ingeniería de diferentes países, visitada por especialistas en arte, arquitectura e ingeniería de variada procedencia y conmueve, también, al público que busca sensibilizarse con las manifestaciones culturales locales”, indica el escrito, a modo de justificación de valor universal excepcional de la estructura.

Uruguay cuenta hasta ahora en la Lista de Patrimonio Mundial a la ciudad de Colonia del Sacramento, inscripta en 1995, y el Paisaje Cultural e Industrial de Fray Bentos, que tiene como núcleo al ex frigorífico Anglo, reconocido en 2015.

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Hace 2 años el diseñador gráfico Marc Richard se topó con una publicación en un blog de arquitectura dedicado a algo llamado Proyecto SHED, que era una diminuta casa prefabricada diseñada por la firma de arquitectura inglesa Studio Bark y estaba ubicada dentro de una fábrica en desuso del distrito de Battersea, en Londres.

Al trabajar como autónomo, Richard no necesitaba vivir en ninguna zona en particular, y aunque no quería irse de Londres, el costo de vida en la ciudad se estaba convirtiendo en una carga. Al mismo tiempo, dice, tenía ganas de “algo diferente”.

En un arrebato, Richard mandó un correo electrónico al estudio mostrando interés en el proyecto. Poco después, se mudaba a una caja de 11,15 metros cuadrados sobre ruedas -ubicada dentro de una estructura más grande- en la que cabía una cama doble, un escritorio y una silla.

El Proyecto SHED es un ejemplo de la llamada “arquitectura parásita”, en la que se agregan nuevas estructuras encima, en medio o incluso dentro de estructuras preexistentes.

 

Viviendas novedosas

En un momento en el que muchas ciudades lidian con la escasez de viviendas asequibles, las construcciones parásitas atraen cada vez más atención como una forma de construir viviendas novedosas y baratas.

En la actualidad, el estudio de arquitectura ecuatoriano “El Sindicato” construyó una casa de 12 metros cuadrados revestida de vidrio y acero en la azotea de un edificio en el barrio de San Juan, en Quito.

Algunos proyectos conceptuales incluso imaginaron la reinvención de edificios célebres en hogares funcionales: por ejemplo, llenar la Torre CN de Toronto con pequeñas viviendas de madera o cubrir con un mar de coloridas viviendas las paredes interiores del Arco de La Défense de París.

Richard explica que vivir en un espacio tan poco convencional lo llevó a repensar cómo podrían ser las ciudades, especialmente más allá de los edificios tradicionales de ladrillos. Por ejemplo, imaginemos un centro de convenciones o una sala de exposiciones: el espacio puede albergar muchas casetas diferentes que se pueden mover fácilmente, según el evento.

Las viviendas podrían ser igual de adaptables, ya sea porque los residentes quieren cambiarlas a menudo o simplemente para tener viviendas menos convencionales. “Algunas partes podrían estar sobre ruedas, como el cobertizo, o podríamos tener espacios flexibles, espacios adaptables, tal vez edificios modulares que pudiésemos reducir cuando sea necesario”, asegura. Para Richard, una ciudad que contemplase las posibilidades de la arquitectura parásita permitiría tanto a los arquitectos como a sus habitantes dejar volar la imaginación con su idea de hogar.

Por su parte, Teresa Bardzińska-Bonenberg, historiadora de la arquitectura de la Universidad de Bellas Artes de Poznan, en Polonia, ha estudiado la arquitectura parásita.

Asegura que el creciente número de edificios patrimoniales en los centros de las ciudades, que no se pueden modificar, combinado con unos precios de alquiler disparados y una disminución de los inmuebles disponibles obligan a los arquitectos a innovar en las áreas urbanas.

Al mismo tiempo, la historiadora hace referencia al cada vez más frecuente deseo de la gente de tener casas que se puedan renovar y cambiar de manera fácil y económica. “De eso trata la idea de ‘parasitar’ la ciudad”, explica. “La gente ahora tiene mucha más inspiración, materiales, herramientas y valentía para expresarse”.

 

“Parásitos” muy visibles

Aunque reutilizar o expandir un edificio antiguo no es un fenómeno nuevo, los complementos parásitos se distinguen porque contrastan deliberadamente con sus “anfitriones” en color, material y estilo.

La visibilidad de la adición no es un problema, sino que es la gracia. Estas estructuras parasitarias altamente visibles también se convierten en un poderoso medio para visibilizar los problemas sociales.

El artista Michael Rakowitz empezó a trabajar en paraSITE, su programa de vivienda parásita socialmente consciente, tras regresar de una residencia en Jordania. Rakowitz, que por ese entonces estudiaba un postgrado en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, vio a una persona sin hogar durmiendo en una rejilla de calor afuera de un edificio en Cambridge, Massachusetts. Le hizo pensar en las tiendas de viento de los nómadas beduinos.

“Aquí se trataba de otro viento, no era el del desierto sino el viento subproducto del sistema de servicio de un edificio”, explica. “Y era otra forma de nomadismo: nómadas urbanos que son refugiados económicos y sociales”.

Ahora, a través de paraSITE, Rakowitz crea refugios de plástico de doble membrana a medida. Ha estado construyéndolos desde los años 90 en ciudades como Boston, Nueva York, Chicago, Montreal, Ljubljana y Berlín.

Cuando este refugio se engancha a las rejillas por donde sale el calor en el lateral de los edificios, se infla, de manera que proporciona a su propietario un lugar cálido y seco para dormir. También lo protege del aire sucio que tendría que respirar si durmiese directamente sobre las rejillas de calor.

Como dice Rakowitz: “El resultado es un edificio que inyecta vida en los pulmones de otro”. Pero Rakowitz subraya que paraSITE no debe considerarse una solución fácil para las personas sin hogar. Después de todo, argumenta, las ciudades no fabricarían voluntariamente estas estructuras, ya que llaman la atención sobre el problema de la falta de vivienda en lugar de enmascararla.

Pero en realidad la alta visibilidad de la arquitectura parásita es una parte integral de su proyecto: al mostrar la crisis de la falta de vivienda, podría llegar a las autoridades de la ciudad e incluso provocar cambios estructurales.

 

 

Baratos

pero precarios

 

Muchos ejemplos de arquitectura parásita, que suelen ser modulares,fáciles de construir y pequeños, están pensados para las necesidades de población con bajos ingresos e incluso de jóvenes creativos que intentan sobrevivir.

El alquiler de Richard por su vivienda, US$373 al mes, es una fracción de lo que la mayoría de los londinenses pagan por una habitación en un piso compartido: los datos oficiales muestran que el alquiler mensual promedio de una habitación en muchas partes del centro de Londres es de casi US$800.

Pero la casa de Richard está ubicada en un edificio bajo un esquema de tutela (en el cual las personas vigilan y cuidan edificios abandonados a cambio de una renta reducida), por lo que vive con el riesgo de ser desalojado en cualquier momento.

 

Planes

 

La compañía a cargo había planeado originalmente introducir una colonia entera de casas como la de Richard, un plan se quedó en el camino.  Un factor importante que influye en su decisión es social: la naturaleza de la casa hace que los amigos que lo visitan se extrañen por la escalofriante amplitud del espacio de la fábrica.

A la gente que no está acostumbrada a espacios no convencionales les resulta poco natural moverse en ellos. Sin embargo, incluso mientras sopesa su próximo cambio, está claro que el tiempo pasado en esta vivienda tuvo efectos en Richard. Dice que imaginó dividir el espacio con pantallas, comprar un terreno y establecer una serie de estructuras prefabricadas interconectadas.

“Es como el equivalente a encender un fuego”, dice sobre la manera de hacerlo: pedir a la gente que cada uno ponga de su parte, contribuya y traiga algo. Vivir allí, dice, “fue muy hermoso a su manera”.

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Martes, 14 Enero 2020 15:18

Crean mirador con forma de espiral

La arquitectura china no deja de sorprendernos año tras año. En el país asiático se han construido recientemente todo tipo de edificaciones de lo más sorprendentes que están siendo estudiadas con lupa por los principales arquitectos del globo.  Se llama Tower of Spiral (Torre de espiral), puede encontrarse en la ciudad de Shenzhen y ha nacido gracias al ingenio del estudio Doarchi.

Desde fuera no se sabe muy bien qué es en realidad, pero la cosa cambia si te decimos que pretéritamente este escultural edificio era un tanque de agua empleado para el riego y, ahora, funciona como una de los miradores más atractivos y singulares que pueden encontrarse a día de hoy.

Nada más atravesar un camino pavimentado abrazado por la vegetación y la naturaleza, el visitante se topará en la base de la torre con una hipnótica escalinata en espiral que se extiende hasta los 15 metros de longitud.

 

Ver el cielo

Mientras se suben los escalones solamente se puede observar el cielo si se alza la vista, pero la cosa cambia una vez se llega a su cima, a su punto más alto: desde ahí puede contemplarse en todo su esplendor las numerosas montañas de la zona y el extenso campo en el que se halla. Lejos del frenético ritmo de la ciudad y el estrés que impera en el día a día de la sociedad china, la torre bien podría considerarse una válvula de escape para desconectar de la rutina y, a su vez, una localización perfecta para meditar y estar en armonía con la flora y los campos de cultivo de la región. No cabe duda de que estamos ante todo un oasis terrenal de lo más moderno que será un punto de peregrinación obligado para muchísimos visitantes y locales.

Doarchi proyectó esta estructura soportada por pilares de acero, rodeada por una carcasa de acero tipo concertina, que se asemeja a un elemento escultórico.

 

Descripción del proyecto

Las secciones superiores están cubiertas con película de PTFE y las inferiores con malla metálica tensada. Los visitantes pueden ascender esos  15 metros a través de un conjunto de pasos poco profundos que terminan en un mirador rodeado de un parapeto bajo.

 La descripción del proyecto de Doarchi sostiene que “necesitamos un lugar natural para aclarar el estado de ánimo melancólico en la ajetreada vida urbana”.

La torre está localizada en un gran territorio rodeado de montañas. El sitio está situado en una zona alta, en la que hay un depósito de agua para el riego. Alrededor del depósito, hemos creado un espacio ascendente simple y directo, para que las personas puedan observar y sentir la naturaleza en diferentes direcciones.

La espiral proporciona una forma de visualización de flujo lento para el espectador: los visitantes acceden a la torre relativamente estrecha desde el exterior. La línea de visión también cambia desde el suelo exterior al depósito interior. El visitante verá el cielo en el estanque. Después puede subir lentamente hacia lo alto de la torre y observar el suelo que acabas de pisar desde lo alto”.

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La preocupación por el medio ambiente ha hecho que ciudadanía, empresas y administraciones públicas busquen fórmulas para mejorar la sostenibilidad y reducir los impactos negativos. Las sociedades son cada vez más conscientes de que la salud de las personas se encuentra vinculada a la salud ambiental y que, por tanto, cuidarla supone cuidarnos a nosotros mismos.

El ámbito de la arquitectura ha avanzado en el diseño de estrategias para ayudar a conservar el medio ambiente. Un informe del publicado por www.idealista.com da cuenta  que actualmente existen muchos ejemplos de construcciones bio y sostenibles que, gracias a la aplicación de avances tecnológicos, han supuesto importantes avances en la lucha contra las amenazas al medioambiente y el cambio climático.

La bioarquitectura es una de las mejores expresiones de los intentos por crear entornos más sostenibles y saludables.

Su objetivo: construir en armonía con el entorno, satisfaciendo las necesidades actuales de vivienda o funcionales, pero sin comprometer las necesidades futuras.

Hoy, dentro de este campo, se están estudiando fórmulas dirigidas a lograr modelos híbridos en los que biología y tecnología colaboren y se complementen.

La idea es integrar sistemas biológicos en nuestros espacios de vida, como el hogar o la oficina, donde pasamos gran parte de nuestra vida.

Se pretende, por tanto, superar el concepto tradicional de edifico, que traza una línea infranqueable entre el exterior y el interior, para crear una auténtica simbiosis con todos los elementos que conforman el entorno.

 

Edificios bio y sostenibles

Diseñar y construir arquitectura sostenible significa saber construir y administrar un edificio buscando la mejor adaptación a las necesidades de las personas que habitan en su interior, sin olvidar los ritmos y los recursos naturales, que deben contemplarse desde el mismo momento en que se concibe el proyecto. Todo ello con el objetivo de resultar lo menos agresivo posible y encajarlos de forma armónica en el contexto, buscando prácticas que fomenten la reutilización total del espacio y los materiales.

Por tanto, la búsqueda de estos diseños ha llevado a tener en cuenta factores que son fundamentales, como la orientación o la incidencia de la luz solar, los sistemas domóticos o los impulsados por biomasa, sin olvidar sistemas de explotación y gestión de energías renovables, con materiales específicamente diseñados para interactuar con el medio ambiente y sus características particulares.

En algunas ocasiones se ha tratado la sostenibilidad de la arquitectura como una simple cuestión de reducción del consumo de energía.

Pero esta es una visión muy limitada del fenómeno, ya que en realidad se trata de una forma integral de entender la arquitectura. De hecho, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos define la arquitectura ecológica como una práctica cuyo objetivo es crear estructuras y utilizar procesos ambientalmente responsables y eficientes en el uso de los recursos durante el ciclo de vida de un edificio.

Esto, teniendo en cuenta desde el emplazamiento hasta el diseño, pasando por la construcción, operaciones, mantenimiento, renovación y deconstrucción. Este concepto se complementa con las preocupaciones clásicas de diseño de edificios, que generalmente se han basado en criterios de economía, utilidad, durabilidad y comodidad.

Existen muchos edificios que han sido calificados como sostenibles. Por ejemplo, en Zaragoza, España existe el edifico del Centro de Incubación Empresarial Milla Digital.

Este edificio municipal, de cinco alturas y 2100 metros cuadrados, se diseñó siguiendo parámetros bioclimáticos que le permiten alcanzar un balance neto de emisiones cercano al cero.

El papel de las energías renovables resulta fundamental, con tres aerogeneradores y placas solares.

 

Autoconsumo

Sin embargo, existen muchos más ejemplos, en los que, además del autoconsumo o la eficiencia energética, encontramos otras características muy especiales, como el uso de materiales orgánicos.

Por ejemplo, una  de las construcciones paradigmáticas de la arquitectura bio se encuentra en Hamburgo, Alemania, en la calle Am Inselpark. El diseño corrió a cargo del estudio Internationale Bauausstellung Hamburg (IBA HAMBURG). Su nombre, BIQ, se conforma con las siglas de Bio-Intelligent Quotient.

Es un edificio en forma de cubo, compuesto por cinco alturas. Posee dos fachadas, cada una de ellas con su propio diseño. Lo más original de este edificio es que en sus muros se esconden microalgas, cuyo tamaño no es mayor que el de las bacterias.

 

Microalgas

Las microalgas se encuentran dentro una estructura ultradelgada en la fachada, donde están los nutrientes que necesitan.  Al absorberlos, junto con la luz y el dióxido de carbono que captan del exterior, las algas generan unos residuos que son transportados automáticamente a una planta de procesamiento que se encuentra en el edificio. Allí, estos residuos se transforman en gas metano, que es la materia prima para generar biocombustible o para producir electricidad o calor, que se distribuye por todo el edificio. Esta bioconstrucción se compone de quince apartamentos, algunos de los cuales se basan en la flexibilidad, de tal forma que es posible jugar con el espacio para destacar su carácter polifacético y multifuncional.

 

 Jardines inteligentes

Otra fórmula, algo más sencilla, para crear una situación de simbiosis entre el hogar y el medio ambiente, lo encontramos en los jardines verticales. Este tipo de jardines sirven para contrarrestar el dióxido de carbono, que es uno de los principales causantes de contaminación en las ciudades, con importantes implicaciones en el avance del cambio climático y en la salud de las personas. Los jardines verticales permiten diseñar y construir edificios que actúan como pulmones y sumideros de carbono, para mejorar la calidad del aire, tanto dentro como fuera.

Además de colaborar en la limpieza ambiental de las ciudades, este tipo de jardines ayuda a minimizar el consumo de agua y el coste del mantenimiento técnico, en comparación con jardines convencionales.

Gracias a la aplicación del Big Data y del Internet de las cosas, es posible realizar un mapeado del estado de salud y calidad ambiental de las ciudades, lo que ayuda a planificar las acciones preventivas más adecuadas para mejorar el medio ambiente urbano y, por tanto, la salud de las que lo habitan.

Junto a las ventajas hacia el exterior, los habitantes de los edificios con estos jardines también obtienen beneficios. Uno de ellos es que la capa que conforman ayuda a aislar térmicamente el interior, por lo que favorece el mantenimiento de una temperatura constante, con lo que significa de ahorro energético.

También actúa como filtro de gases, ya que se estima que un edificio de 4 plantas, con una fachada de 60 m2, filtra hasta 40 toneladas de gases nocivos al año. Otra ventaja es el aislamiento acústico, al reducir hasta 10 decibelios la contaminación sonora.

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Noruega encamina su arquitectura a lograr edificios y espacios que parezcan surgidos de la propia naturaleza, que se integren con sus lagos, bosques, glaciares y montañas como un elemento más de admiración y belleza. Sus edificios siguen un principio de sostenibilidad para que no sólo se unifiquen con su entorno, sino que sean neutros en emisiones de CO2, produzcan su propia energía y sean construidos con materiales reciclados, ecológicos y que se encuentren de forma natural, como la madera y la piedra.

Un reporte oficial que recoge Energía Limpia XXI, y publicado en el portal  www.energialimpiaparatodos.com,  destaca que en 2010 se creó el Consejo de Construcción Ecológica de Noruega (que posteriormente pasaría a llamarse Consejo Noruego de Edificios Verdes) con el objetivo de impulsar la sostenibilidad en las futuras edificaciones en el país. Ese mismo año se estableció como norma obligatoria en Noruega la emisión de un certificado de rendimiento energético para cualquier edificio que se construya, venda o alquile.

“El país escandinavo vive una relación de respeto y cuidado por la naturaleza, muchas de sus ciudades siguen principios de sostenibilidad y a base de duro esfuerzo han logrado la certificación de destino sostenible, esto se refleja también en sus construcciones”, señala el informe.

Como ejemplo, se cita que en la ciudad de Prossnun se está construyendo un edificio único por su eficiencia y características, ya que generará más energía de la que utiliza. Powerhouse Telemark ha sido diseñado por el estudio internacional Snohetta con forma de diamante para aprovechar la energía solar gracias a los paneles fotovoltaicos que se instalarán en su tejado, y también dispondrá de bombas de calor que cubrirán las necesidades de calefacción. La fachada sur será de vidrio transparente, la que se encuentra orientada al noreste se construirá con madera, mientras que la fachada norte se hará con materiales reciclados de otros edificios demolidos en la zona.

Oslo también es un reflejo de las nuevas oleadas arquitectónicas que se viven en el país. La capital noruega está experimentando enormes cambios, con un importante número de edificios y proyectos de desarrollo urbano en marcha. Todo empezó hace 10 años cuando se inició la obra más emblemática de la ciudad, la Ópera de Oslo, que supuso un cambio hacia una arquitectura más comprometida. Oslo ha logrado ser récord por el alto número de nuevas oficinas construidas que han sido certificadas por el Consejo Noruego de Edificios Verdes bajo el estándar BREEAM-NOR.

 

Algunos ejemplos

Uno de los proyectos sostenibles más exitosos es Vulkan, una antigua área industrial de Oslo, en la orilla occidental del río Akerselva, que ha sido rehabilitada y se ha convertido en una de las zonas más características de la ciudad gracias a la combinación de su actividad empresarial y cultural: restaurantes, bares, bloques residenciales, zonas específicas para conciertos, oficinas y tiendas. Pero el mayor logro de esta superficie es que todos los edificios comparten equipos y recursos, el área es prácticamente autosuficiente en la producción de energía destinada a calefacción y refrigeración.

Una muestra de los avances en materia de arquitectura sostenible es Svart, que se convertirá en el primer hotel del mundo con energía positiva y que tiene prevista su apertura en 2021. Svart será un hotel completamente sostenible, su consumo anual será de un 85% menor que un hotel moderno y producirá su propia energía, de hecho, su forma circular responde a una forma de optimizar la energía cuando el sol incida sobre los paneles solares del edificio durante todo el año. Curiosa también será la forma de acceso al hotel, únicamente podrá hacerse a través de un barco de energía neutra.

Pero para aquellos que quieran disfrutar de unas auténticas vistas del mar, podrán hacerlo en Under, el primer restaurante subacuático de Europa y el más grande del mundo que abrirá sus puertas en 2019. Una muestra de cómo la arquitectura noruega se fusiona con su entorno, ya que una sección del edificio que coincide con la entrada se encuentra en la superficie y bajando por las escaleras se descenderá a una profundidad de 5 metros, con un panel de vidrio que permite ver el interior del mar Skagerrak.

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