Diseñadores malasios piensan en refugios de caña de bambú para colonizar Marte. Mientras tanto, el arquitecto colombiano Mauricio Cárdenas Laverde lo combina con alta tecnología para viviendas sustentables.

El bambú se usa como material de construcción desde hace siglos, sobre todo en lugares en los que crece con abundancia, regiones con clima cálido y húmedo como el sudeste asiático. En culturas como las de Japón, Java o Malasia, esta planta ha llegado a usarse en edificios de elaborada arquitectura. Pero ahora, a los diseñadores malasios Warith Zaki y Amir Amzar se les fue la mano: diseñaron edificios de bambú para los primeros asentamientos humanos en Marte.

 

Liviano

El proyecto, bautizado “Martian Seed of Life”, consiste en transportar globos de una membrana plástica a Marte y protegerlos con un tejido de fibras bambú.

Los investigadores aseguran que la planta es suficientemente liviana como para ser transportada en pequeños brotes; una vez en el Planeta Rojo, podría crecer a un ritmo mayor que en la tierra por la abundancia de dióxido de carbono en la atmósfera. Es que la caña de bambú es la planta que absorbe mayor cantidad de ese gas de efecto invernadero, además de que crece mucho más rápido que cualquier árbol y, en menos de tres años, está lista para ser usada en construcción.

Pero si los diseñadores asiáticos se animan a postular la caña como el material ideal para colonizar Marte es porque aquí ya pasó todas las pruebas y está seduciendo a más de un arquitecto. De hecho, un experto en bambú, el colombiano Mauricio Cárdenas LaVerde, fue el invitado de honor en la última Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires para mostrar sus avances.

Cárdenas era un típico arquitecto moderno que construía en acero, hormigón y cristal hasta que un día descubrió al bambú en recuerdos de su infancia. Apenas recibido, el colombiano trabajó durante cinco años en París para el famoso arquitecto Renzo Piano, autor del Centro George Pompidou entre otros memorables edificios. Después se estableció en Milán y siguió con la idea del diseño de vanguardia y la arquitectura sofisticada. Un día, tal vez mientras tomaba un ristretto en Via Montenapoleone, recordó la finca cafetera de su abuelo y el momento en el que le dio un machete para que cortara unas cañas y se hiciera una casa en el árbol.

En 2006, le encargaron un pabellón para la feria de diseño de Milán y decidió hacerlo de bambú, llevó las cañas desde Colombia y puso manos a la obra él mismo, con ayuda de sus alumnos del Politécnico de Milán. De ahí en más se convirtió en un experto y empezó a combinar bambú con materiales y alta tecnología.

El arquitecto, hoy toda una autoridad en el tema, sabe que el bambú es muy resistente, liviano, flexible, barato y aislante térmico y acústico. Y, aunque dura mucho (de 15 a 30 años), no es eterno. Pero, para Cárdenas esa es una virtud porque la caña crece rápido y es fácilmente reemplazable.

 “Los edificios de hormigón pueden durar cientos de años, pero ¿Deberían hacerlo? Con frecuencia, los edificios de hormigón son abandonados o demolidos después de pocas décadas. Si utilizáramos materiales de construcción naturales en las ciudades y cambiáramos de idea, sería fácil reconstruirlos o restaurarlos cada pocas décadas sin tener que enfrentar los grandes costos actuales”, afirmó Cárdenas en INBAR, una organización que reúne a 45 países para promover el uso del bambú y ratán como una forma de desarrollo ambiental sustentable y el “crecimiento verde”.

 

Resistente al fuego

Pruebas de resistencia al fuego y a los insectos fueron realizadas en la Universidad de Chongqing, China, con el objetivo de construir el pabellón que INBAR le encargó a Cárdenas para la Expo de Horticultura que se realizó en Beijing. Unas enormes cañas de bambú forman los suaves arcos que componen el techo del edificio y tienen diferentes alturas para dar una sensación de movimiento y permitir la circulación del aire. Sobre ellos hay una jardín tan exuberante como el que contiene en su interior.

El pabellón estará lleno de luz natural, como también le gustaría que pasara en los asentamientos marcianos que planean los diseñadores malasios.

Cárdenas tiene proyectos más prometedores, por ejemplo, en Baoxi, acaba de terminar su Casa Experimental Energéticamente Eficiente con estructura de caña. Ese pueblo de la provincia china de Zhejiang, donde se organizó la primera Bienal Internacional de Arquitectura de Bambú en 2017, conserva antiguas industrias como la de cerámica vidriada, espadas, madera y bambú.

La propuesta de Cárdenas fue crear una casa que minimice las emisiones de dióxido de carbono y aproveche elementos naturales disponibles en el lugar, como el sol, el agua, el viento y las plantas, ahí entra el bambú.

Pero no solo, Cárdenas diseñó conexiones livianas de aluminio que hacen más fácil el ensamble de las cañas usadas como estructura, además, permiten su fácil reemplazo a medida que envejecen.

China ya es la fuente más importante de aporte de dióxido de carbono a la atmósfera, la principal causa del calentamiento global. El uso de bambú, una planta que no contamina y consume ese gas mientras crece, podría ser parte de la solución antes de que debamos emigrar a Marte.

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Más de 100 ríos y canales fluyen debajo de Tokio, pero desde el suelo es difícil notarlos. Del flujo casi interminable de personas sobre el ajetreado cruce de Shibuya todos los días, son pocas las se dan cuenta de que bajo sus pies hay algo más que fluye, invisible y desapercibido: el cruce de dos ríos antiguos, el Uda y el Onden.

Bajo todo el hormigón y el neón, Tokio es una ciudad construida sobre el agua. Es la razón por la que los 37 millones de ciudadanos de la capital japonesa están aquí. Desde el pueblo pesquero hasta la sede del poder político, la gestión del agua fue un factor clave del extraordinario crecimiento de la ciudad”, señala un artículo publicado por  la revista ARQ del diario Clarín.

La capital de Japón será centro de atención en un año, allí se celebrarán el Mundial de Rugby y los Juegos Olímpicos de 2020. A pesar de ser el lugar más riesgoso del mundo, con millones de personas vulnerables a tsunamis, inundaciones y debido a un terremoto potencialmente catastrófico, Tokio también es uno de los sitios más resistentes, tanto en su diseño de alta tecnología como en su estructura social pragmática.

 

De espalda al agua

Mientras que ciudades como Seúl o Chicago revitalizan sus áreas costeras con enormes beneficios económicos y ambientales, Tokio ha dado la espalda al agua. A sus ríos se les ha permitido estancarse.

Los arroyos se han rellenado, las carreteras fueron construidas directamente sobre los ríos. Los cursos de agua solían ser un método clave de transporte y vida cultural. Ahora los ríos y canales están sucios, desolados y casi desiertos.

Si alguien vuela sobre Tokio, casi con seguridad verá al menos uno de los cuatro megaríos que convergen en la ciudad: Arakawa, Sumidagawa, Edogawa y Tamagawa. Estos cinturones anchos y brillantes son solo los principales: más de 100 ríos naturales y canales artificiales fluyen por debajo de una ciudad que ahora más famosa por el vidrio, el acero y el concreto.

De hecho, fue la gestión del agua lo que hizo que Edo, como se conocía a Tokio, fuera más grande que Londres en 1700. Los almacenes se alineaban en la Bahía de Tokio, las mercancías viajaban por los ríos y canales como lo hacen ahora en las rutas; mientras que los teatros, las casas de té y los burdeles aprovechaban los bulliciosos canales.

Los famosos grabados en madera de “ukiyo-e” o “mundo flotante” de la época reflejan la centralidad del agua en la vida de la ciudad.

 

Mundo acuático

Los visitantes europeos la compararon con la gran ciudad acuática de su propio continente: “En todas las cosas, Edo presenta una armonía pacífica”, escribió Aime Humbert, un enviado suizo, de la ciudad entre 1863 y 1864. “¿Dónde se encuentra uno en Europa? Sólo a lo largo de las orillas y en las plazas de la reina del Adriático, la misma Venecia.

Pero como Tokio se ha modernizado, el papel del agua ha desaparecido. Hoy en día, ya no se la compara con Venecia, pero aún se pueden encontrar evidencias de agua que corre como vetas debajo de la piel de concreto de la ciudad, si sabe dónde y cómo mirar.

Las rutas planas cubiertas de vegetación exuberante, por ejemplo, a menudo indican un arroyo enterrado.

Los templos y los cementerios sugieren un “suribachi”: un hueco natural en una de las colinas de la ciudad, donde solía haber un manantial y un estanque.

El gran terremoto de Kanto, en 1923, fue la primera ruptura con el desarrollo acuático de la ciudad. Los planificadores abrazaron estilos más occidentales. La reconstrucción posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando Tokio se incendió; y luego el período previo a los Juegos Olímpicos de 1964, transformó el rostro de la ciudad lejos del agua de manera decisiva, y no para mejor.

Un viaje en bote a lo largo del río Sumida revela millas de desarrollo industrial sin rostro y torres residenciales grises. Las estrictas regulaciones sobre la construcción dentro de la zona de inundación del río se relajaron en 2004 y nuevamente en 2011, pero pocos desarrolladores han aprovechado la oportunidad. Al viajar por canales y afluentes más tranquilos, hay una sensación de pesimismo y abandono, pero también de posibilidad. Durante dos horas y media en el barco, pasa muy poco tráfico de agua; las excepciones son un autobús acuático turístico de aspecto futurista, diseñado por el artista del manga Leiji Matsumoto; y un taxi acuático amarillo de seis plazas.

La falta de botes se debe en parte a las restricciones de incendio en los muelles, muchos de los cuales están diseñados solo para uso de emergencia. Los muelles también son administrados por separado por las autoridades nacionales, metropolitanas y de barrio, con poca coordinación, lo que complica que las empresas los utilicen.

 

Desafíos

Pero también es un legado de los Juegos de 1964, que vieron una rápida revisión de la infraestructura de transporte de la ciudad a costa de los cursos de agua. Se construyeron autopistas de varios carriles directamente sobre los ríos y canales, para evitar el costo de comprar y despejar la tierra. El río Nihonbashi y su hermoso puente de la era Meiji fueron víctimas particularmente notables, pero el efecto sobre la ecología y la economía de las vías fluviales fue aún más devastador.

Ya contaminada por años de aguas residuales y desechos industriales, la plantación de columnas de apoyo de hormigón en los ríos causó un mayor estancamiento y contaminación del agua, además de hacer que las vías navegables no puedan ser utilizadas por muchas embarcaciones comerciales.

El único punto brillante en cuanto al agua fue el desarrollo de un moderno sistema de alcantarillado: los inodoros de Tokio son la envidia del mundo y evitan que una forma de contaminación, al menos, entre a la red de agua.

Ahora, mientras Tokio se prepara para los Juegos Olímpicos de 2020, algunos están presionando para que la ciudad vuelva a evaluar el papel del agua.

El parque marino de Odaiba albergará los eventos olímpicos de natación de triatlón y maratón, lo que ha significado enfrentar la mala calidad del agua en la Bahía de Tokio. También hay planes para demoler el paso elevado de Nihonbashi, y en su lugar, convertirlo en un túnel que pase por debajo del río.

Sin embargo, el mayor obstáculo para que Tokio vuelva a abarcar canales y vías fluviales no es el dinero: es la indiferencia de sus habitantes. Involucrar a los residentes de la ciudad con sus vías fluviales, después de décadas de abandono, no es una tarea fácil.

Para inspirarse, muchos urbanistas de Tokio están mirando al extranjero a otras ciudades, como Treviso, en el norte de Italia, donde muchos canales se extienden por toda la ciudad. O los docklands londinenses y la revitalización del Támesis; así como el reciente resurgimiento de los canales de agua de Milán. Todos son una buena referencia para Tokio, que debería volver a ser una ciudad acuática.

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El Bosque de Chapultepec, ubicado en el centro de la Ciudad de México, fue por el World Urban Parks como el mejor parque urbano del mundo en 2019 por encima de espacios similares en Nueva Zelanda y Malasia, según informó la agencia Efe.

La organización, que desde 2013 entrega estos galardones, evaluó con la puntuación máxima al pulmón verde de la capital mexicana, que es el parque urbano más antiguo de América Latina, gracias a su calidad y cuidado. El organismo destacó el valor que el Bosque de Chapultepec aporta a la metrópoli ya que cuenta con un sistema de captación de agua pluvial y de carbono, y alberga diversas especies forestales como el ahuehuete, el fresno, el cedro y el colorín. El segundo puesto se lo llevó el Parque Regional Shakespear en Auckland, Nueva Zelanda, y el tercero fue para el Parque Penang en Georgetown, Malasia.

La jefa de Gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, se congratuló de la distinción y reveló su intención de convertir el parque en “un espacio de recuperación, de rescate ambiental y de rescate cultural” en la ciudad y el país.

Asimismo, la mandataria atribuyó este galardón al proyecto de renovación del parque impulsado desde abril por el Gobierno capitalino y encargado al reconocido artista Gabriel Orozco. Con este plan, dijo Sheinbaum, se está apostando por “reformular su accesibilidad e interconectividad” con el resto del entorno urbano, lo que lo hará formar parte del “arte contemporáneo mexicano”.

Actualmente, el emblemático Bosque de Chapultepec se compone de tres secciones con un total de 700 hectáreas y con 170.000 árboles, donde trabajan 306 personas y el cual es visitado por más de 19,2 millones de personas al año. Además, el Gobierno capitalino quiere añadir al parque una cuarta sección con 105 nuevas hectáreas.

El bosque, atravesado por el céntrico Paseo de la Reforma, alberga destacados museos como el Castillo de Chapultepec, el Museo Nacional de Antropología, el Museo Tamayo de Arte Contemporáneo y el Museo de Arte Moderno, así como el Zoológico de Chapultepec.

En el largo plazo se pretende que en el bosque mexicano haya once museos, cinco parques, áreas naturales, el primer panteón civil de México, tres centros hípicos y de amenidades como el parque de atracciones La Feria de Chapultepec, para el disfrute de casi nueve millones de habitantes.

World Urban Parks es una asociación internacional especializada en el sector de parques urbanos, espacios abiertos y recreación que brinda asesorías y promueve agendas comunes para asegurar la construcción de éstos en grandes ciudades.

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Alphabet, el grupo económico que aglomera a Google, entre otras compañías, presentó a través de su división Sidewalk Labs su proyecto de ciudad del futuro “Toronto Mañana”, que aspira a “crear un nuevo estándar para la vida urbana en el siglo XXI” y a generar 44.000 puestos de trabajo cuando se complete en 2040 con medidas como barrios construidos en madera maciza, material ecológico para reducir el impacto medioambiental, WiFi público gratuito y puertos USB en sitios públicos para que los ciudadanos accedan a sus datos.

El proyecto de Alphabet se centra en el barrio marítimo de la ciudad canadiense, y se divide en dos distritos: el muelle y el área del río. En este último se espera que se ubique la nueva sede de Google en ese país, con 62 hectáreas para albergar hasta 2.500 empleados.

El muelle es el primero de los barrios que se construirán en el plan. En él se espera que residan 4.500 personas distribuidas en diez edificios de usos mixtos, con 3.900 empleos cuando se termine en 2026.En esa zona se construirá en madera maciza para reducir el impacto medioambiental, y a nivel tecnológico, Sidewalk ha propuesto seis medidas entre las que destaca la instalación de redes de fibra óptica integradas en las casas.

En cuanto al uso de datos públicos de los ciudadanos, Sidewalk se compromete a respetar la leyes de privacidad, y ha presentado unos principios rectores para su tratamiento de datos y asegurarse de que cualquiera que los use “lo haga de una manera que tenga un propósito beneficioso y proteja la privacidad”.

La ciudad del futuro de Sidewalk Labs es un proyecto diseñado por Google para Toronto, y ha contado con la colaboración de más de 21.000 ciudadanos durante 18 meses, así como gobiernos, expertos locales, ONGs e ingenieros, como aseguran sus creadores.

 

Trabajo y beneficios

 Sidewalk Labs sostiene que su proyecto, para el que fue seleccionado en octubre de 2017 por esta ciudad, “genera un número extraordinario de trabajos y beneficios económicos” para sus habitantes. Al mismo tiempo, “alcanza nuevos niveles de sustentabilidad medioambiental, es pionera en una red de movilidad del siglo XXI, produce un número récord de viviendas y establece un nuevo modelo para la innovación urbana”.

Las sugerencias de los 21.000 habitantes de Toronto encuestados han dado lugar a varias medidas, entre las que se encuentran acelerar el despliegue de trenes ligeros y cambiar las técnicas de construcción para que la vivienda sea más asequible.

A estas propuestas se añaden la de mejorar la privacidad de datos en su gestión pública a nivel local, y proporcionar a terceros la posibilidad de liderar la mayor parte del desarrollo tanto de la vivienda como de lo tecnológico, en lugar de llevar a cabo esa tarea la propia Sidewalks.

 

Planificación urbana

El proyecto de ciudad del futuro propone una planificación urbana “diseñada para mejorar dramáticamente la calidad de vida”, con medidas como la edificación del “primer barrio construido enteramente en madera, calles dinámicas que pueden adaptarse a las necesidades cambiantes del vecindario, sistemas de mitigación del clima (para controlar inundaciones y tormentas) y una red térmica para calefacción y refrigeración”. Sidewalks propone un nuevo proceso de construcción basado en fábricas para mejorar su previsibilidad, permitiendo que un 40% de las viviendas estén por debajo de los precios de mercado.

Por su parte, las nuevas iniciativas de movilidad, con una expansión del transporte público y la bicicleta, eliminarían la necesidad de poseer un coche, de forma que una familia de dos personas podría ahorrar 4.000 dólares al año. A nivel energético, con el uso de sistemas avanzados se espera crear la primera comunidad de Norteamérica con impacto climático positivo.

En cuanto al aspecto económico, se estima que, para cuando el plan se termine en 2040, el proyecto generará directamente 44.000 puestos de trabajo y unos ingresos anuales para el sector público de 4.300 millones de dólares.

El proyecto de Sidewalk Labs se desarrolló junto a la Administración local. La empresa se responsabilizará de menos del 7% del total del emprendimiento, entre lo que se incluirán un campus de innovación, una nueva sede de Google en Canadá y un Instituto de Innovación Urbana. En suma, Sidewalk Labs y sus socios proporcionarán 1.300 millones de dólares para el plan, con una inversión acumulada de terceros que alcanza los 38.000 millones de dólares.

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Los arquitectos Chris y Fei Tang Precht, del Studio Precht, radicado en Austria, diseñaron un prototipo como un sistema de construcción modular con todas sus piezas prefabricadas y ensambladas. El prototipo de "casa en el árbol" de madera tiene forma de periscopio. Las casas forman parte del proyecto ecológico que lleva a cabo la empresa Baumbau, especializada en proyectos pequeños y casas en los árboles, según informó la revista ARQ.

El concepto fue llamado por sus creadores como un conjunto de casas modulares que llamaron Bert. Se trata de un proyecto conceptual ligado a la idea de una "casa del árbol" enmarcada por el propio bosque. Bert se concibe como un sistema de construcción modular con todas sus piezas prefabricadas y ensambladas.

A lo largo de su vida útil, el proyecto se puede extender a lo alto y a lo ancho, agregando nuevos módulos. La casa posee paneles solares en el techo, un inodoro de composta y una instalación de tratamiento de agua en la planta baja. El diseño de los Precht recuerda la experiencia de trepar árboles y construir refugios, proponiendo una experiencia tridimensional de la naturaleza.

"¿Cómo se imaginarían los niños una casa del árbol?", pregunta Fei Tang y se responde: "Como arquitectos, no importa si somos jóvenes o viejos, tenemos un niño interior que mira el mundo con alegría y curiosidad. Esa curiosidad nos hace querer explorar, experimentar y crear. Esa misma curiosidad dio a luz a Bert. En lugar de un edificio convencional, queríamos crear una casa original y única, que se convirtiera en parte de la vida silvestre de un bosque", comentó y agregó: "esto permite crear sentimientos y emociones".

Bert se basa en la idea de una arquitectura inmersa en el clima y definida culturalmente.

"Sabemos que las propuestas como Bert no son una respuesta a gran escala, pero creo que, como industria, debemos atrevernos a probar y a experimentar mirando hacia un futuro más diverso para nuestras ciudades", dijo Chris Precht.

El sistema modular de Bert se diseñó para facilitar la demanda de un cliente en tiempo real. El cliente puede informarle a los arquitectos el esquema deseado, como dormitorios, cocina, sala de estar, biblioteca y baño, partiendo de esto, los profesionales proponen diferentes variantes con toda la información de costos. Los interiores  están intencionalmente hechos para ser más oscuros, creando una atmósfera acogedora. Las tejuelas que revisten el exterior se asemejan a hojas de árboles intencionalmente. Se mantienen en varios tonos de marrón para mezclar las estructuras con el fondo natural. Se espera que las primeras casas se desarrollen en la primavera de 2020.

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