Antiguamente se creía que el confort y la ecología eran términos antagónicos. Es decir, para disfrutar del confort el ser humano debía agredir al medioambiente o, al menos, no cuidarlo. La nueva arquitectura, liderada por una generación  de profesionales jóvenes, ha demostrado que ambos términos ya no están enfrentados y que, de hecho, puede ir de la mano. Y es que la nueva arquitectura propone confort, sustentabilidad y ecología. Estos son algunos de los edificios más reconocidos, y admirados, en este aspecto. 

En este sentido, Miguel Díaz, responsable del laboratorio de ideas de Ruiz Larrea & Asociados, estudio con base en Madrid y pionero en el desarrollo de la arquitectura bioclimática en Europa, explicó a la publicación Arquitectura & Diseño que “en una casa sostenible vives mejor. Si además la vivienda exhibe el certificado BREEAM el propietario se asegura que la sostenibilidad y el aspecto ecológico de la construcción está asegurado. Será más luminosa, habrá menos ruido y disfrutarás de mayor confort térmico y de mejor calidad del aire”.

El BREEAM al que hace referencia Diaz es el”Método de Evaluación Medioambiental del Organismo de Investigación de la Construcción”, mundialmente conocido por sus siglas en inglés. Fue creado en 1990 en el Reino Unido y hoy ya registra más de 270 mil edificios certificados en 63 países. Su éxito y calidad demostrada lo han convertido en un referente del rendimiento medioambiental, entregando reconocimiento y garantías a quienes lo aplican. En el continente europeo, el certificado BREEAM se está imponiendo en la arquitectura residencial y otro tipo de edificios “por ser el más riguroso y el más global”, agregó Díaz

A continuación algunos de los edificios modelos en este aspecto, que cuentan con el certificado BREEAM.

 

Lagasca99. Además de ostentar el precio del metro cuadrado de media más caro de España para una obra nueva, el proyecto residencial Lagasca99 –44 apartamentos de entre 330 y 700 metros cuadrados–, del arquitecto Rafael de la Hoz, exhibirá también el certificado BREEAM, lo que ha llevado hasta controlar al detalle la demolición previa para maximizar el reciclaje de residuos.

 

Fairyland Guorui. Ejemplo de la mejor arquitectura bioclimática, el complejo residencial Fairyland Guorui a las afueras de Pekín, diseñado por UNStudio, disfruta de un bulevar junto al río y de otro arbolado, así como de un gran jardín central para fomentar el tránsito peatonal, ya que los automóviles están confinados a una esquina.

 

Sede de Bloomberg. Siempre a la vanguardia de la arquitectura, Norman Foster diseñó en Londres para su amigo Michael Bloomberg la sede europea de su corporación homónima con los últimos avances en arquitectura sostenible.

 

Madrid 0,0. El complejo residencial de 98 viviendas Madrid 0,0, proyectado por Ruiz Larrea & Asociados a las afueras de Madrid, tendrá la mínima necesidad de sistemas activos de calefacción y refrigeración, además de estar adaptado a distintos tipos de usuarios y usos en el tiempo, compatibles con espacios de trabajo individuales y colectivos.

 

119 Ebury Street. El proyecto de reconversión de un antiguo hotel en tres apartamentos dúplex 119 Ebury Street, obra de David Morley Architects, fue el primero del Reino Unido en alcanzar la calificación de excelente en la fase de diseño, ganando los premios BREEAM 2015 en la categoría residencial. Entre las soluciones sostenibles destaca la ventilación mecánica con recuperación  de calor y el reaprovechamiento de las aguas grises.

 

Timmerhuis. La modularidad del edificio Timmerhuis proyectado por el estudio OMA para el ayuntamiento de Róterdam (Holanda), con apartamentos en sus plantas superiores, genera la máxima eficiencia, actuando sus dos atrios como grandes pulmones.

 

Pathé Films. La exquisita transformación de los antiguos estudios de cine Pathé Films, en el Soho londinense, en apartamentos de lujo, llevada a cabo por Sheppard Robson, obtuvo la máxima calificación BREEAM para las partes remodeladas.

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En el trabajo, presentado en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, Lucía Dean señala la necesidad de construir “vínculos de cooperación entre lo nuevo y lo existente” para “establecer relaciones más complejas en las edificaciones finales”.

Según el documento, del que se hizo eco la revista Propiedades, “en la actualidad, el debate sobre la estrategia que la ciudad debe asumir para construir relaciones más justas y sustentables posiciona al suelo urbano en un lugar de privilegio”.

En ese contexto, “la posibilidad de acceso a servicios y el contar con infraestructuras adecuadas se vuelve un diferencial a la hora de pensar la ciudad” y “la función social del suelo y el acceso equitativo a las zonas mejores servidas se vuelve la principal dificultad a la hora de pensar en la construcción de nuevas viviendas”.

Hoy en día, indica Dean, “los diferentes organismos se plantean la elaboración de políticas que ataquen la subutilización de los espacios urbanos” y, a raíz de esto, existe la “oportunidad de repensar ese sustrato existente para poder desarticular los imaginarios que muchas veces acotan las posibilidades de intervención”.

Desde su perspectiva, la necesidad de construir más viviendas motiva que se traslade el “enfoque cuantitativo a uno cualitativo”, mirando la ciudad “ya no desde la densidad sino desde la intensidad de uso”.

“Esto contrasta con la necesidad de un uso más intensivo de las zonas centrales y podría ser el resultado de la incapacidad de la propia trama urbana de responder a la necesidad de espacio semipúblico con modelos de mayores densidades”, señala el estudio.

En este contexto, agrega que  “habiendo cambiado el funcionamiento de la ciudad, las viviendas continúan respondiendo a lógicas anteriores y, en los casos de densidad elevada, en lugar de reelaborar el esquema previo, renuncian tanto a espacios abiertos como a áreas semipúblicas sin que en la mayoría de los casos los habitantes puedan volcar dichas actividades a los espacios públicos”.

 

Soluciones habitacionales

La autora propone, además, revisar el concepto de obsolescencia de los espacios edificados. Cree que lo mejor es realizar un reordenamiento de la ciudad, especialmente de los espacios ocupados para intervenir en ellos y crear soluciones habitacionales en la trama urbana.

“Allí donde las relaciones que establece la vivienda han quedado desfasadas de las transformaciones del habitar actual, se abre un abanico de oportunidades de modificación de las condiciones de uso que sólo es posible a través de la transformación”, sostiene. Dean.

“Reconceptualizar el patrimonio existente como un espacio de oportunidad para operar fuera de las constreñidas reglas de juego de la construcción en la actualidad nos interpela sobre nuestra propia realidad construida. ¿Son nuestros espacios centrales lugares obsoletos en términos de infraestructura edilicia? ¿Es necesario la aplicación de estrategias de sustitución para redensificar las áreas altamente servidas o existe una operativa alternativa? ¿Qué posibilidades se encuentran en la sinergia entre la vivienda existente y la vivienda nueva? ¿Es posible construir edificaciones que a su vez aporten a una recodificación de lo existente?”, añade. Por este motivo es que propone “explorar” vínculos de “cooperación entre lo nuevo y lo existente”.

“Ello nos permitiría primeramente, establecer relaciones más complejas en las edificaciones finales ya que son el resultado de la particularidad del caso concreto de un sustrato existente y no la aplicación de reglas genéricas de obra nueva. Por otra parte, se disminuyen costos tanto de demolición como de cimentación que permiten pensar en mayores inversiones. Asimismo, refuerza las estrategias de densificación en zonas altamente servidas despegándose de operaciones puntuales de alto aprovechamiento del padrón para realizarlas de forma extensiva en densidades medias”, sostiene la profesional.

Dean subraya que “gran parte del tejido existente en zonas centrales está compuesto de viviendas unifamiliares de uno o dos niveles” que “muchas veces responden a condicionantes de una realidad ya no existente, tanto en su interior como en su relación con el entorno”.

Dean concluye que “ningún soporte es neutro y ser conscientes de las condicionantes que tiene cada uno es fundamental a la hora de diseñar. Pensar el entorno en clave estática nos priva de la capacidad creadora de la realidad y de la riqueza que contienen los procesos híbridos por fuera de los límites abstractos de ordenación”.

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El desarrollo de fachadas vegetales y huertos urbanos es uno de los principales objetivos de quienes promueven la expansión de las ciudades con criterios de sostenibilidad social y ambiental. En este contexto, es que desde la Sociedad de Arquitectos del Uruguay se entiende necesario capacitar en estas herramientas. Para ello recurrió a la Universidad Politécnica de Madrid y su curso “Ciudades verdes; Naturación y agricultura urbana” para instrumentar una capacitación a desarrolladores, arquitectos y otros profesionales que trabajen en la edificación de inmuebles, según informó la revista Propiedades

Según se explicó desde este centro de capacitación, “desde la Revolución Industrial, las ciudades han tendido a expulsar la naturaleza de sus calles. La preocupación ante las recientes catástrofes naturales ha contribuido a impulsar estrategias de adaptación y mitigación del cambio climático. Naturación y agricultura urbana son herramientas dentro de estas estrategias, que impulsan la transición hacia modelos de ciudades más saludables, resilientes, sostenibles e inclusivos”. Las fachadas vegetales, se afirma,  “suponen una oportunidad real para disminuir el impacto ambiental de los edificios: a la vez que contribuyen a la disminución del consumo energético en su interior, generan beneficios socio-económicos y ambientales en su entorno”.

Las denominadas “ciudades verdes” se transformaron en tendencia a partir de  la preocupación por el avance del cambio climático. El primer acercamiento a la arquitectura verde o la “naturación urbana” fue para muchos en la década del noventa ante el descubrimiento de elementos vegetales en diferentes cubiertas y espacios de edificaciones antiguas, muchas de ellas incluidas en el ámbito rural.

Lo que inicialmente era una sugerencia o el descubrimiento de unos elementos que podrían incorporarse a las edificaciones, pasó a ser la valoración de un material constructivo tan válido como cualquier otro.

Es importante que la naturación urbana tenga un entendimiento con el entorno y guarde un equilibrio con la biodiversidad del lugar y sus aspectos bioclimáticos. El lugar, la orientación del edificio, la luz solar, los vientos dominantes o cualquier otra presencia juegan un papel determinante.

Respecto a la eficiencia energética, íntimamente relacionada con la calidad ambiental, el uso de espacios verdes sirve para el ahorro energético. Una cubierta ecológica puede, en términos generales, generar un ahorro de energía que puede llegar hasta un 40% en uso de aire acondicionado. Otro aspecto importante es un aumento de hasta un 25% en el rendimiento de las placas solares colocadas sobre espacios naturados debido a la refrigeración que esta naturación supone en el ambiente.

Para varios impulsores de la creación de espacios verdes en las zonas urbanas, es fundamental eliminar las barreras que impiden un mayor desarrollo de las naturaciones urbanas, y las mayores barreras son como siempre las del desconocimiento y la falta de interés que muchas veces se tiene por adquirir ese conocimiento.

 

Naturación urbana

Se conoce como “naturación urbana” al movimiento que promueve el enverdecimiento urbano, en respuesta a la pérdida de zonas verdes en las ciudades desde mediados del siglo XX. El enverdecimiento urbano significa crear ciudades verdes. Este concepto lleva asociado enormes beneficios para las personas, puesto que se crean ambientes más saludables, y es una apuesta por el desarrollo sostenible y la conservación del medio ambiente.

Según La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus sigla en inglés), se estima que más de la mitad de la población mundial vivirá en ciudades que no están preparadas para un crecimiento tan descontrolado. Son precisas nuevas estrategias que combatan el desequilibrio naturaleza-ciudad. Los sistemas de naturación urbana mitigan eficazmente estos problemas que influyen directamente en el cambio climático.

Este concepto no es nada nuevo, si tenemos en cuenta los jardines colgantes de Babilonia (600 A.C), una de las siete maravillas del mundo, y uno de los paradigmas de naturación urbana. No obstante, en las últimas décadas del siglo XX y comienzo del XXI, los objetivos fueron cambiando. El concepto que hoy se maneja surge de la necesidad de dar a las ciudades un componente de naturaleza y vida mientras que, por ejemplo, los jardines colgantes de Babilonia eran meramente estéticos.

Dentro de la naturación urbana existen los jardines verticales, que tuvo su punto de  inflexión a partir del trabajo realizado en el edificio del museo Quai Branly en París, diseñado por el arquitecto Jean Novel. En la fachada del Quai Branley se instaló un espectacular jardín vertical creado por el prestigioso botánico francés Patrick Blanc, autentico referente mundial de la jardinería vertical en la actualidad.

Los países que han entendido como una necesidad vital para sus ciudadanos la incorporación de la naturación urbana han apostado por incorporar marcos normativos que preserven y mantengan su vigencia al margen de posibles fluctuaciones de modas pasajeras. Es la respuesta coherente a su valoración como “material base de la construcción”, al igual que se regulan y controlan con normas de calidad todos los materiales y técnicas que forman parte del proceso constructivo de las ciudades. Entre las urbes pioneras se encuentran Berlín Copenhague, Paris, México DF, Bogotá, Nueva York, Toronto, Vancouver, Sídney o Singapur, al igual que varias ciudades de España.

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Gracias a esta tecnología surgieron ciudades en sitios inhóspitos y torres herméticas y vidriadas. Pero mientras sube la temperatura del planeta, el desafío es encontrar nuevas formas de construcción, señala un informe elaborado por The Guardian.

Corría 1902 cuando simplemente le pidieron a Willis Carrier que buscara una manera de evitar que el calor y la humedad deformaran el papel en una imprenta de Brooklyn. Desde entonces, el aire acondicionado que ese hombre ayudó a desarrollar ha cambiado los edificios y las formas en que se utilizan, más que cualquier otro invento: más que el hormigón, el vidrio de placa, los ascensores de seguridad o los marcos de acero. Sus efectos han dirigido las ubicaciones y las formas de las ciudades. Han sido sociales, culturales y geopolíticos.

El shopping habría sido inconcebible sin aire acondicionado, al igual que el bloque de oficinas de paredes profundas y con paredes de vidrio, al igual que los servidores de computadoras. El auge de Hollywood en la década de 1920 se habría ralentizado si, como anteriormente, los teatros hubieran tenido que cerrar en un clima caluroso. La expansión de la vivienda de la zona en los suburbios de la posguerra de Estados Unidos se basó en unidades de aire acondicionado domésticas asequibles. Un museo contemporáneo, como la Tate Modern o el MoMA, requiere un clima cuidadosamente controlado para proteger las obras de arte.

Las ciudades se han disparado en lugares donde, anteriormente, el clima las habría detenido. En 1950, el 28% de la población de los EE. UU. vivía en su cinturón solar, el 40% en 2000. La población  de las ciudades del Golfo pasó de menos de 500.000 habitantes antes de 1950 a 20 millones en la actualidad. Ni el ascenso de Singapur, ni las ciudades en explosión de China e India habrían sucedido de la misma manera si todavía hubieran dependido de los fans de las sombrías verandas y las siestas de la tarde.

Hay, por supuesto, otros factores, como la presencia de reservas de petróleo tanto en Houston como en el Golfo, pero la mitigación de temperaturas que de otro modo serían insoportables cambió radicalmente la forma en que las historias de estas ciudades se desarrollaron. Y así, en el siglo XXI, llegamos al punto donde se podría construir una pista de esquí con nieve "real" en un centro comercial de Dubai y se podrían planificar estadios de fútbol con aire acondicionado para la Copa Mundial de Qatar 2022.

 

Efectos arquitectónicos

Con el aire acondicionado se encuentra un nuevo tipo de arquitectura, en la que los dispositivos tradicionales de clima caliente como porches, ventilación cruzada o espejos de agua, que crean capas y permeabilidad entre el interior y el exterior, han dado paso a cajas selladas. Las torres persas de viento, o las fuentes de la Alhambra, o la humilde casa de perros del sur de los Estados Unidos, en donde los cuartos de estar y cocina están separados por un pasillo abierto a la brisa, todos procedieron de la negociación entre la tela construida y el ambiente. Ahora es una cuestión de conquista tecnológica.

Los servicios de construcción, sus sistemas de calefacción, refrigeración y ventilación, llegaron a consumir una mayor proporción de sus presupuestos totales. Las personas que los diseñaron, los ingenieros de servicios, se convirtieron en influyentes en la configuración de las ciudades. En la década de 1980, edificios como el londinense Lloyds de Richard Rogers dieron expresión formal a los conductos y extractos que hasta entonces habían estado ocultos.

Sin embargo, el efecto arquitectónico más significativo del aire acondicionado se encuentra en los espacios sociales que crea. En Houston, como en la mayoría de las ciudades del sur de Estados Unidos, uno puede pasar de su casa con aire acondicionado a su garaje con aire acondicionado y luego en su automóvil con aire acondicionado a los estacionamientos, centros comerciales y lugares de trabajo que también tienen aire acondicionado. En el área del centro de la ciudad, los pasos inferiores y los puentes unen diferentes edificios, de modo que puede pasar de uno a otro sin exponerse al exterior. Es posible, de hecho habitual, pasar días y semanas enteros con un clima controlado.

En el clima brutal de Doha, Qatar (o incluso en Dubai, Shenzhen o Singapur) se repiten espacios similares. Los edificios que aparecen separados del exterior (para los pocos, es decir, que eligen estar afuera) están fusionados internamente; un hotel se convierte en un centro comercial, en un patio de comidas, en un complejo múltiple, a través de una serie de vestíbulos donde la decoración del mármol, la alfombra y el enchapado de madera no puede decidir si es interna o externa. Las jerarquías y distinciones de las ciudades europeas -entre edificios y calles, y entre grados de espacio público y privado- se pasan por alto y se disuelven. El arquitecto Rem Koolhaas llamó a este fenómeno "espacio basura", y un "producto del encuentro entre escaleras mecánicas y aire acondicionado, concebido en una incubadora de yeso siempre interior, tan extenso que rara vez se perciben límites”.

El resultado es una forma de privación sensorial que casi todos aceptan sin cuestionar, en la que la interacción activa del cuerpo y la atmósfera se homogeneiza y se vuelve pasiva. Los estímulos del aroma, el tacto, el sonido y la vista son casi totalmente a discreción de la gerencia del centro comercial: "un purgatorio de baja calidad", como lo llamó Koolhaas.

En términos ambientales, el aire acondicionado es antisocial. Compra la comodidad de su propietario a costa de trasladar el calor sobrante a otra parte, a las calles aledañas y, finalmente, a la atmósfera del planeta. Se cree que la temperatura nocturna de Phoenix, Arizona, se ha incrementado en un grado o más debido al calor expulsado de su aire acondicionado. Claro que al señalar las deficiencias del aire acondicionado, es fácil pasar por alto sus logros. Las reducciones considerables en la pérdida de vidas por exceso de calor son una respuesta. El aumento de la productividad y la actividad económica en las regiones cálidas del mundo es otro. O mejores hospitales y escuelas.

Una defensa de las ciudades con aire acondicionado es que son más eficientes en energía que las ciudades muy frías que necesitan calentarse en invierno, y si las estadísticas del consumo de energía suenan aterradoras, también pueden ponerse en perspectiva. Estados Unidos gasta más energía en aire acondicionado, por ejemplo, que todo África en todo. Por otra parte, gasta aún más energía en agua caliente, cosa que no se cuestiona en la misma medida.

 

Desafios

La pregunta entonces no es si condicionar el clima, sino cómo. Ya en la década de 1940, el arquitecto egipcio Hassan Fathy demostró, con su aldea de New Gourna, cerca de Luxor, cómo podrían revivirse las técnicas tradicionales de orientación, ventilación, detección y sombreado. Muchos arquitectos contemporáneos siguen su ejemplo: el nigeriano Kunlé Adeyemi, por ejemplo, cuya nueva Black Rhino Academy en Tanzania trata de optimizar las condiciones para sus usuarios al encontrar la mejor ubicación, en términos ambientales, en su sitio.

Si ahora se conocen mejor estos principios, el desafío sigue siendo expandir los logros a escala de aldea de un arquitecto como Hassan Fathy a ciudades grandes y de rápido crecimiento. Abordar este desafío es la promesa de proyectos de alto perfil respaldados por el gobierno, como Msheireb en Qatar y Masdar City en Abu Dhabi, que presumen de sus combinaciones de formas antiguas: patios sombreados y salas de juego; calles estrechas y ventosas: con paneles de paneles solares y lo que los arquitectos de Masdar, Foster + Partners, denominan "tecnologías de vanguardia".

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En la ciudad china de Shenzhen, un estudio británico proyecta construir un jardín elevado de 1.200 metros con un centro cultural en una punta y una torre como hito urbano en la otra.

Una gigantesca “sala de estar urbana” fue proyectada por el estudio británico Stirk Harbor + Partners, liderado por el arquitecto Richard Rogers, en el barrio comercial Qianhai, ubicado en la ciudad china de Shenzhen.

Según el proyecto -ganador de un concurso internacional organizado por las autoridades de Shenzhen-, este enorme jardín elevado se desarrollará a cielo abierto sobre un terreno vacante que fue recuperado. Con una longitud de 1.200 metros, estará “montado” sobre una autopista, uniendo varios centros de transporte público y generando flujos más cómodos y ágiles.

Así se conforman dos ductos: uno inferior, de tránsito rápido para automóviles y ciclomotores, y otro superior conformado por un gran jardín compuesto de plantaciones autóctonas que tendrá un doble uso: como área de esparcimiento y como circulación peatonal a partir de múltiples bulevares y ciclovías.

El otro extremo de esta “sala de estar”, frente al mar y la bahía de Qianhai, se desarrollará un gran espacio público conocido como “Performance Park”, un sector que incluirá distintos usos culturales, como la Casa de la Ópera y un Centro de Convenciones. En el otro extremo, el espacio estará coronado por una torre de cristal redondeada que se constituirá como hito del paisaje de Qianhai.

 “Además de su impacto urbano como pieza paisajística, este jardín intenta mejorar el transporte público, conectando distintos centros y generando flujos con diferentes 'velocidades': el ritmo rápido del autobús, el ritmo medio de la calle y el ritmo lento del jardín”, sostuvieron desde el estudio Stirk Harbor + Partners.

Según sus creadores, la creación de una serie de rutas dinámicas y amigables a través de las manzanas urbanas ofrecerá una experiencia memorable, única y relevante, que claramente marca las ambiciones de esta ciudad próspera.

“El esquema es de fuerte integridad. Sencillo y a la vez magnífico en su fuerte simbolismo, se adapta perfectamente a la visión del área de Qianhai, al mismo tiempo que refuerza su eje central ", concluyeron   los autores del proyecto.

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