La preocupación por el medio ambiente ha hecho que ciudadanía, empresas y administraciones públicas busquen fórmulas para mejorar la sostenibilidad y reducir los impactos negativos. Las sociedades son cada vez más conscientes de que la salud de las personas se encuentra vinculada a la salud ambiental y que, por tanto, cuidarla supone cuidarnos a nosotros mismos.

El ámbito de la arquitectura ha avanzado en el diseño de estrategias para ayudar a conservar el medio ambiente. Un informe del publicado por www.idealista.com da cuenta  que actualmente existen muchos ejemplos de construcciones bio y sostenibles que, gracias a la aplicación de avances tecnológicos, han supuesto importantes avances en la lucha contra las amenazas al medioambiente y el cambio climático.

La bioarquitectura es una de las mejores expresiones de los intentos por crear entornos más sostenibles y saludables.

Su objetivo: construir en armonía con el entorno, satisfaciendo las necesidades actuales de vivienda o funcionales, pero sin comprometer las necesidades futuras.

Hoy, dentro de este campo, se están estudiando fórmulas dirigidas a lograr modelos híbridos en los que biología y tecnología colaboren y se complementen.

La idea es integrar sistemas biológicos en nuestros espacios de vida, como el hogar o la oficina, donde pasamos gran parte de nuestra vida.

Se pretende, por tanto, superar el concepto tradicional de edifico, que traza una línea infranqueable entre el exterior y el interior, para crear una auténtica simbiosis con todos los elementos que conforman el entorno.

 

Edificios bio y sostenibles

Diseñar y construir arquitectura sostenible significa saber construir y administrar un edificio buscando la mejor adaptación a las necesidades de las personas que habitan en su interior, sin olvidar los ritmos y los recursos naturales, que deben contemplarse desde el mismo momento en que se concibe el proyecto. Todo ello con el objetivo de resultar lo menos agresivo posible y encajarlos de forma armónica en el contexto, buscando prácticas que fomenten la reutilización total del espacio y los materiales.

Por tanto, la búsqueda de estos diseños ha llevado a tener en cuenta factores que son fundamentales, como la orientación o la incidencia de la luz solar, los sistemas domóticos o los impulsados por biomasa, sin olvidar sistemas de explotación y gestión de energías renovables, con materiales específicamente diseñados para interactuar con el medio ambiente y sus características particulares.

En algunas ocasiones se ha tratado la sostenibilidad de la arquitectura como una simple cuestión de reducción del consumo de energía.

Pero esta es una visión muy limitada del fenómeno, ya que en realidad se trata de una forma integral de entender la arquitectura. De hecho, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos define la arquitectura ecológica como una práctica cuyo objetivo es crear estructuras y utilizar procesos ambientalmente responsables y eficientes en el uso de los recursos durante el ciclo de vida de un edificio.

Esto, teniendo en cuenta desde el emplazamiento hasta el diseño, pasando por la construcción, operaciones, mantenimiento, renovación y deconstrucción. Este concepto se complementa con las preocupaciones clásicas de diseño de edificios, que generalmente se han basado en criterios de economía, utilidad, durabilidad y comodidad.

Existen muchos edificios que han sido calificados como sostenibles. Por ejemplo, en Zaragoza, España existe el edifico del Centro de Incubación Empresarial Milla Digital.

Este edificio municipal, de cinco alturas y 2100 metros cuadrados, se diseñó siguiendo parámetros bioclimáticos que le permiten alcanzar un balance neto de emisiones cercano al cero.

El papel de las energías renovables resulta fundamental, con tres aerogeneradores y placas solares.

 

Autoconsumo

Sin embargo, existen muchos más ejemplos, en los que, además del autoconsumo o la eficiencia energética, encontramos otras características muy especiales, como el uso de materiales orgánicos.

Por ejemplo, una  de las construcciones paradigmáticas de la arquitectura bio se encuentra en Hamburgo, Alemania, en la calle Am Inselpark. El diseño corrió a cargo del estudio Internationale Bauausstellung Hamburg (IBA HAMBURG). Su nombre, BIQ, se conforma con las siglas de Bio-Intelligent Quotient.

Es un edificio en forma de cubo, compuesto por cinco alturas. Posee dos fachadas, cada una de ellas con su propio diseño. Lo más original de este edificio es que en sus muros se esconden microalgas, cuyo tamaño no es mayor que el de las bacterias.

 

Microalgas

Las microalgas se encuentran dentro una estructura ultradelgada en la fachada, donde están los nutrientes que necesitan.  Al absorberlos, junto con la luz y el dióxido de carbono que captan del exterior, las algas generan unos residuos que son transportados automáticamente a una planta de procesamiento que se encuentra en el edificio. Allí, estos residuos se transforman en gas metano, que es la materia prima para generar biocombustible o para producir electricidad o calor, que se distribuye por todo el edificio. Esta bioconstrucción se compone de quince apartamentos, algunos de los cuales se basan en la flexibilidad, de tal forma que es posible jugar con el espacio para destacar su carácter polifacético y multifuncional.

 

 Jardines inteligentes

Otra fórmula, algo más sencilla, para crear una situación de simbiosis entre el hogar y el medio ambiente, lo encontramos en los jardines verticales. Este tipo de jardines sirven para contrarrestar el dióxido de carbono, que es uno de los principales causantes de contaminación en las ciudades, con importantes implicaciones en el avance del cambio climático y en la salud de las personas. Los jardines verticales permiten diseñar y construir edificios que actúan como pulmones y sumideros de carbono, para mejorar la calidad del aire, tanto dentro como fuera.

Además de colaborar en la limpieza ambiental de las ciudades, este tipo de jardines ayuda a minimizar el consumo de agua y el coste del mantenimiento técnico, en comparación con jardines convencionales.

Gracias a la aplicación del Big Data y del Internet de las cosas, es posible realizar un mapeado del estado de salud y calidad ambiental de las ciudades, lo que ayuda a planificar las acciones preventivas más adecuadas para mejorar el medio ambiente urbano y, por tanto, la salud de las que lo habitan.

Junto a las ventajas hacia el exterior, los habitantes de los edificios con estos jardines también obtienen beneficios. Uno de ellos es que la capa que conforman ayuda a aislar térmicamente el interior, por lo que favorece el mantenimiento de una temperatura constante, con lo que significa de ahorro energético.

También actúa como filtro de gases, ya que se estima que un edificio de 4 plantas, con una fachada de 60 m2, filtra hasta 40 toneladas de gases nocivos al año. Otra ventaja es el aislamiento acústico, al reducir hasta 10 decibelios la contaminación sonora.

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Hoy la población mundial asciende a los 7.600 millones de seres humanos. Y subiendo, claro. Las proyecciones demográficas indican que la especie humana continuará reproduciéndose a un ritmo sostenido durante el próximo siglo, aunque no lo hará con igual de intensidad en cada rincón del mundo.

De ahí que entender visualmente cómo se distribuyen los humanos sobre el planeta sea útil para entender mejor el entorno político en el que nos movemos.

Nadie como Max Roser, autor de algunas de las ilustraciones e infografías más útiles y compartidas de los últimos años, para mostrarlo. Su proyecto, Our World in Data, lleva más de una década mostrando cómo las condiciones de vida del ser humano sobre la faz de la Tierra están cambiando (la mayor parte de las ocasiones a mejor). Pero a menudo los datos son brutos y no discriminan por regiones; y cuando lo hacen, pierden de vista la escala demográfica de cada país.

 

Google maps

Pensemos en los ejemplos más evidentes, China y la India. No hay continente en el mundo capaz de superar en población a uno de los dos por separado (descontando Asia), por lo que los acontecimientos macroeconómicos o estructurales que modifiquen las condiciones de vida en ambas naciones (esperanza de vida, caída de la mortalidad infantil, descenso de la pobreza, etc.) serán más relevantes (en términos agregados) que aquellos que hagan lo propio en toda, digamos, Europa.

Los mapas comunes no nos ofrecen ese tipo de información. Por lógica, el ser humano ha ilustrado el entorno en el que se movía en función de su geografía. No siempre ha sido exacto (como prueba la popularidad de la proyección de Mercator), pero siempre ha proyectado una imagen del planeta donde la representación física primaba sobre todas las demás. Rusia aparenta ser grande porque Rusia es grande, y, antaño, recorrer el mundo implicaba enfrentarse a lo desconocido. Los mapas arrojaban luz donde había dragones, y ofrecían a sus consumidores una imagen del mundo.

Hoy en día conocer la forma de los continentes es tan sencillo como abrir Google Maps, y la función de los mapas, o de la labor cartográfica, es más divulgativa e ilustrativa que técnica. No sólo eso, la humanidad ha logrado superar (con sus peros y venganzas) a la geografía. Obviando las potenciales consecuencias del cambio climático, el futuro de la humanidad está menos atado a su entorno físico de lo que solía. Entender el mundo ya no requiere de una descripción fidedigna.

De ahí que ajustar la forma de los países a su población, divididos en pequeñas celdas de 500.000 personas, sea una idea tan útil: relativiza el carácter geográfico de los mapas y le aporta una dimensión crucial, la demográfica, para el futuro por venir.

Dos países, como es obvio, resaltan frente a los mapas físicos: la India y China. Son grandes de por sí, pero a nivel poblacional son directamente incomparables. En general, es un patrón común al Extremo Oriente: Indonesia (266 millones), Bangladesh (166), Vietnam (96) o Filipinas (100) son descomunales.

 

La vida global

Europa queda muy empequeñecida, sumando algunas de las naciones más diminutas de la Tierra (Mónaco, San Marino, El Vaticano) y un puñado de países que mantienen, más o menos, su posición en el nuevo orden geográfico (España, Francia, Italia o Alemania).

Los demás estados son muy pequeños a escala global. Mención especial merece Rusia, que queda totalmente borrada del mapa asiático: es el país más extenso del mundo, pero a nivel demográfico su influencia es decreciente en Europa y marginal (sólo 30 millones de personas) en la inmensa Siberia.

En África el cambio más significativo lo protagoniza Nigeria, pequeña en extensión pero extraordinariamente habitada (no hay ningún país cercano que se le acerque). El Congo, con 84 millones de habitantes, y Etiopía, con más de 100, son la otras dos grandes potencias demográficas por debajo del Sáhara (e irrelevantes, cuando no reducidas a una eterna guerra civil, en el plano geopolítico). Egipto, con 99 millones (20 de ellos en El Cairo), completa el cuadro.

En América sólo hay un cambio drástico: Canadá, un fenómeno similar al de Rusia, gigantesca pero vacía de población.

Las tres grandes potencias demográficas son también tres de los cinco países más extensos de los dos continentes: Estados Unidos (300 millones de habitantes y al alza, el país occidental con mejor salud demográfica); México (130 millones de habitantes); y Brasil (210 millones de habitantes). En contraste, Argentina es la más empequeñecida (44 millones).

Roser ha bautizado a su obra como “el mapa que necesitamos si queremos reflexionar sobre cómo las condiciones de vida globales están cambiando”. Pese a la longitud, es un nombre con tino, porque apunta a algo esencial: la geografía es útil, pero no nos revela demasiado sobre hacia dónde camina el mundo (es estable, al fin y al cabo). La demografía ilustra cuál es la verdadera importancia de cada continente y nación.

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La Tulane School of Architecture de Nueva Orleans abordó por primera vez este tema de vital importancia para nuestro planeta en una serie de conferencias realizadas entre el 7 y 9 de noviembre de este año. Este proyecto urbano en el río Yamuna de Nueva Delhi, en la India, pone de manifiesto cuál será uno de los principales retos del cambio climático: la ausencia y el exceso de agua.

 

Debate

El cambio climático es un hecho que nos afecta a todos. También al mundo de la arquitectura, cuya creciente incertidumbre ha estado respondiendo a las campanas de alarma introduciendo nuevas iniciativas. Por primera vez, tanto arquitectos como expertos relacionados con la educación se reunieron en un importante debate en la Tulane School of Architecture de la ciudad estadounidense de Nueva Orleans bajo el nombre de Uncertanity (Incertidumbre). ¿Cómo puede la arquitectura ayudarnos a afrontar las amenazas del cambio climático? ¿Qué responsabilidad tiene la educación en este campo? Ambas preguntas fueron formuladas gracias a la presencia, durante tres jornadas, de figuras clave del sector educativo, social y arquitectónico de renombre internacional como, entre otros, el arquitecto español y decano de la propia universidad estadounidense, Iñaki Alday; Karen Seto, urbanista y profesora en la Universidad de Yale; el arquitecto y profesor de la Universidad de Toronto Richard Sommer, o Pankaj Vir Gupta, profesor de la Universidad de Virginia y arquitecto en su Nueva Delhi natal.

Las conferencias, organizadas por ACSA (la Asociación de Escuelas Colegiadas de Arquitectura), discutió abiertamente sobre el rol que deben tomar en estos momentos las escuelas de arquitectura, así como su responsabilidad social. Sin ir más lejos, la propia Tulane School of Architecture desde hace años impulsa esta nueva realidad a través de varios de sus programas educativos, como, por ejemplo, con uno dedicado exclusivamente a estudiar la capacidad de la arquitectura para abordar problemas como los desastres naturales, el desarrollo urbano sostenible o el acceso equitativo a la vivienda. No hay más que recordar que el centro y las charlas sucederán en la ciudad que más sufrió el destructivo huracán Katrina en el año 2005.

 

Peligros

Todos los expertos, sin excepción, apuntaron a que el cambio climático pone sobre la mesa peligros que deberán afrontarse como la ausencia y el exceso de agua. Esta dicotomía, que vendrá dada tanto por sequías como por inundaciones y el aumento del nivel del mar, fue uno de los puntos clave de estas conferencias. Sin duda, la innovación y la tecnología jugarán un papel muy importante en el modo en que la arquitectura puede integrar el diseño de los edificios en su entorno acuático: desde proyectos flotantes hasta sistemas urbanos de recuperación de agua fluvial.

Otro elemento que ocupó muchas horas durante estos tres días será el papel de las escuelas de arquitectura en la creación de un cambio social real, abordando cuestiones relacionadas con su pedagogía, su labor de investigación y su impacto sociopolítico de cara al futuro. La clave está en la investigación interdisciplinaria de las escuelas, ya que los futuros arquitectos deberán de ser capaces de enfrentarse a los problemas que nos plantea el cambio climático mediante una formación amplia que aborde distintas disciplinas que van desde la propia arquitectura, pasando por las ciencias sociales, la economía, el derecho o el emprendimiento social.

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Eficiencia, confort y funcionalidad a partir de los sistemas de control de la iluminación led conectada. Cómo se integra a los electrodomésticos y a las instalaciones. La transformación de la gestión de la energía y la automatización en los edificios.

La digitalización de viviendas es mucho más que encender y apagar luces o levantar las cortinas apretando un botón. Hoy, la domótica (el conjunto de sistemas que permite automatizar una casa) se integra en la vida cotidiana y saca partido del hecho de que todos los objetos electrónicos están conectados. En esa red de interacción radica su potencial para gestionar el consumo de la energía y conseguir hogares y espacios de trabajo eficientes y multifuncionales.

 

Dispositivos múltiples

Hasta no hace mucho tiempo, las luces tan solo se podían encender y apagar subiendo un interruptor. A lo sumo se podían dimerizar. Con la masificación del led, las opciones se multiplicaron integrando el cambio de color, la programación y la eficiencia energética. La migración de tecnología, de electricidad a electrónica, implica una apertura a un universo de nuevas posibilidades a partir de la boca de iluminación tradicional. Además, la Internet de las Cosas relaciona luces, electrodomésticos y todo dispositivo conectado, aprovechando la capacidad de transferir datos a través de una red.

Es el caso de Philips Hue, un sistema de iluminación inteligente que se vale de la domótica para el control y automatización de las lámparas, gestionable mediante una aplicación que se descarga en el teléfono.

Como siempre, las luces se instalan sobre los portalámparas comunes pero se suma una interfase con el router wi-fi a través de un cable de red. Así, la familia Hue White, compuesta por lámparas Hue E27 y GU10, permite crear distintas ambientaciones para tareas cotidianas. Es posible programar horarios de encendido y apagado mediante rutinas predefinidas, y la regulación de la intensidad de las luces.

 

Sistema inteligente

Para controlar hasta diez luces de forma inalámbrica, sin un teléfono o tablet, se puede usar el interruptor inteligente Hue Dimmer Switch. El sistema habilita el encendido y apagado y la alternancia de cuatro escenas de luz presionando una tecla. El dispositivo se adhiere a la pared o se usa como control remoto.

Otro de los accesorios de este sistema de iluminación inteligente es el sensor de movimiento. El dispositivo detecta la luz diurna y se puede personalizar para regular su intensidad según la hora del día.

En la noche, al detectar movimiento, el sistema puede activar luces de baja intensidad, por ejemplo, en el dormitorio y el baño. El sensor funciona a batería y es inalámbrico, lo que permite instalarlo en cualquier sitio.

A las lámparas led de reemplazo directo se suman las tiras flexibles, a las cuales se les puede dar cualquier forma y se las puede fijar en cualquier superficie.  Las lámparas y tiras led se manejan desde una aplicación (que funciona desde dentro o fuera de la casa) diseñada para gestionar las luces por habitación, crear ambientaciones y programar hábitos personales. También sincronizar las luces con vídeos, música y juegos.

 Las cintas Hue, disponibles en luz blanca y de color, tienen un formato base de 2 metros. Para abarcar longitudes más grandes, se pueden extender hasta 10 metros mediante extensiones de un metro y conexiones de esquina.

La domótica también llegó a los electrodomésticos y a todo artefacto con conexión eléctrica. En IFA Berlín 2019, la feria de tecnología más importante de Europa, la firma LG mostró una casa inteligente donde el usuario podía interactuar con los electrodomésticos conectados al Wi-Fi, a través del celular mediante aplicaciones con reconocimiento de voz. “El usuario le habla directamente a la tecnología. Por ejemplo, consulta el clima a la TV, le pide a la aspiradora que se encienda o apague, o le indica a la puerta de la cava que se abra cuando tiene las manos ocupadas”, explican desde LG.

En tanto, en Alemania, LG también presentó una heladera con una pantalla táctil para mostrar mensajes, establecer fechas de vencimiento de alimentos y exhibir fotos. También se puede revisar el contenido de la heladera desde el supermercado gracias a la cámara panorámica.

 

Plataforma

Por su parte, la firma Schneider Electric presentó la solución Connected Room. Se trata de una plataforma abierta que consta de un control de habitación que permite gestionar fácilmente los sistemas HVAC (aire acondicionado), iluminación, persianas y cerraduras de puertas, desde un panel de control o un celular.

Este producto apunta a mejorar la eficiencia en el manejo de la energía en hotelería y edificios corporativos. Y ofrece la posibilidad de personalizar el confort.

Esta nueva solución se puede integrar fácilmente a la automatización general del edificio y sumar otros servicios basados en la conectividad de los objetos, como la detección y el diagnóstico automatizado de fallas de todo tipo de instalaciones.

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El lunes 7 de octubre se presentó en Presidencia de la República el documento final del Plan Nacional Ambiental, cuyos principales ejes son un ambiente sano para una buena calidad de vida; la sostenibilidad en el tiempo de actividades económicas y productivas; una ciudadanía con conciencia de lo ambiental y un marco de gestión que considere la justicia

De la presentación, participaron varios ministros y cerca de 300 participantes entre técnicos y representantes de la sociedad civil. Carlos Colacce, secretario nacional de Ambiente, Agua y Cambio Climático explicó que se trata de “un plan para el desarrollo sostenible con metas claras para el año 2030, pero basado en lo que ahora se está trabajando, ya está implementado y en ejecución”.

Agregó que se están definiendo quiénes serán los organismos responsables para completarlo y tendrá un sistema de seguimiento y actualización a cargo del Sistema Nacional y el Ministerio de Medio Ambiente.

Por su parte, la titular del MVOTMA, Eneida de León sostuvo que esta iniciativa llevó un trabajo de unos cuatro años y en el ministerio “su misma preparación ha sido una experiencia clave que enriqueció y fortaleció la política pública ambiental y la institucionalidad vinculada. El proceso generado ha sido un enorme aporte para una gestión ambiental amplia, integrada y sistémica, como lo exige el desafío de la sostenibilidad del desarrollo, de la degradación de ecosistemas vitales y la respuesta al cambio climático”.

 

Estrategia

En tanto, el subsecretario del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA), Jorge Rucks quien estuvo al frente del equipo del Plan, explicó que éste da continuidad a un proceso sostenido de planificación ambiental estratégica que tiene como hitos la Política Nacional Energética, el Plan Nacional de Aguas y la Política de Cambio Climático que se asocian con la Estrategia Nacional de Desarrollo 2050.

“Los temas complejos requieren de planificación estratégica. Es una política ambiental explícita que suma esa visión, en un marco general de planificación”, sostuvo.

SeExplicó que “siendo este el primer Plan Ambiental para el país, se fortalece una estrategia de transversalidad de la temática ambiental en las políticas estatales y consolida la articulación de los esfuerzos de gestión en temas ambientales de las distintas instituciones”.

Asimismo, se destacó que este Plan es interinstitucional y participativo. Formaron parte más de 800 personas de todo el territorio nacional, más de 20 instituciones durante más de 3 años de construcción y se contó con el apoyo de la Universidad de la República, tanto en aportes científicos y de revisión del documento inicial como en la facilitación del proceso participativo a través de los diálogos en los 19 departamentos.

Rucks, destacó que en el documento se identifican algunos aspectos que afectan a la población más vulnerable, como las inundaciones, y atiende temas relacionados con el agua y los residuos.

En el informe se trata el desarrollo de la agroecología y se establecen controles que fueron reclamados por la sociedad cuando se trabajó en territorio.

Según el jerarca del gobierno, este plan insiste en los mecanismos de control ambiental, fundamenta su avance en un proceso educativo y de comunicación y fortalece todo lo relacionado con la información actualizada, transparente y entendible para la población.

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