El presidente del Sindicato Único Nacional de la Construcción y Afines, Daniel Diverio, recibió a Del Constructor en la sede del gremio para analizar la situación del sector frente a un nuevo gobierno, las perspectivas para este 2020 y la necesidad de atraer inversores, pero sin flexibilización ni desregularización laboral. Al contrario, Diverio cree que mantener las reglas claras y profundizar las conquistas de los trabajadores es un sesgo de seriedad por parte del país.

 

¿Qué balance hace el SUNCA del 2019?

Hace poco juntamos el Ejecutivo de nuestro sindicato e intentamos hacer un balance de lo que ha sido el año. En lo que tiene que ver en lo laboral ha sido un año donde no hemos tenido muchos altibajos. O sea, venimos de una baja importante de trabajadores de la industria de la construcción a partir del 2014 a la fecha y a partir del 2017, 2018, estamos en un meseta con un promedio entre 40 mil y 45 mil trabajadores.

Sí es cierto que hace muchos años que venimos manteniendo ese nivel, hay una realidad que es que en el 2013 llegamos a tener más de 70 mil trabajadores que fue un hecho muy puntual. Pero la realidad es que la preocupación que tenemos, si pensamos en esa cifra, que fue la industria que perdió más fuentes de trabajo.

Si se habla que en el Uruguay en los últimos años se perdió un promedio de 50 mil, 60 mil puestos de trabajo, hay que ver que el 50% de esos puestos de trabajo pertenecen a la construcción.

 

Evidente que eso preocupa.

Claro, es un balance que hacemos con mucha preocupación, porque entendemos que la mejor forma para generar y dinamizar la economía es fundamentalmente a partir del mercado interno y, por ende, generando, puestos de trabajo.

Y creemos que la construcción juega un papel fundamental en eso. Este año que comienza hay  una serie de proyectos que son interesantes, como la inversión extranjera para la instalación de la segunda planta de UPM, como el desarrollo de algunas inversiones en la modalidad Proyecto Público Privado para la construcción de algunos Caif, liceos y escuelas, que permitirían oxigenar un poco la industria.

Pero está claro que la preocupación mayor es la inversión privada directa, donde hemos tenido una caída muy importante, y eso depende mucho también del escenario regional e internacional. Es un año que en lo laboral tuvimos algunas dificultades, pero puntualmente, en lo referido al sindicato, colmó las expectativas de lo que veníamos planteando, ya que en los años más complicados es cuando necesitamos tener más organización sindical.

No solamente para defender las conquistas que tenemos, sino para tener perspectivas hacia el futuro. Este año en particular no solamente hicimos una gran campaña de afiliación, pero fundamentalmente de sindicalización y logramos, en los diecinueve departamentos del país, reafirmar las departamentales que tenemos electas y que el conjunto de obras existentes estén organizadas como sindicatos.

Eso permitió, entre otras cosas, que realizáramos un encuentro programático (N. de Redacción: ver documento adjunto) con la participación de más de mil delegados de todo el país, donde pusimos sobre la mesa alguno temas que para nosotros son centrales para discutir es un nuevo escenario político.

 

Reglas claras

Usted se refiere a la inversión privada que se necesita para recuperar el sector. El gobierno saliente adoptó una serie de medidas como fue la exoneración de algunos tributos a las megas obras, por citar un ejemplo. ¿Eso fue suficiente para frenar en algo la caída del desempleo?

Según como se mire. Estamos en esa meseta que te decía desde hace algunos años y eso es, de alguna forma alentador, porque  dejó de caer el desempleo. También somos conscientes que es imposible el boom histórico de ocupación que tuvimos.

Por eso es que apostamos a la inversión pública, fundamentalmente como generadora de empleo. Por eso creemos que el proceso de inversión que se hizo fuertemente en las empresas públicas, con Ancap, UTE, OSE o Antel, permitió fortalecer el sector de la construcción.

Lo mismo de la mano de lo que han sido las PPP. Es cierto que están más retrasadas si las comparamos con la inversión directa, extranjera y privada, fundamentalmente en el sector inmobiliario, ante la coyuntura que se vive en la región. Sobre todo, Argentina que era la que más invertía en el sector inmobiliario, especialmente en Maldonado y en el sector de la costa.

Si bien es cierto que se tomaron algunas medias, también es cierto que aún esas medidas no se vieron con la profundidad que esperábamos.

Ahora, creo que la garantía mayor que tiene el país para poder atraer inversiones extranjeras tiene que ver justamente con las reglas de juego que tiene el país. Uruguay tiene una fuerte reglamentación, con muy buenas normativas en seguridad e higiene, en materia de leyes laborales y muy fuerte en lo que tiene que ver con los convenios colectivos, los laudos y las condiciones de trabajo.

Hay que seguir fortaleciendo estos aspectos. Eso hace que quien mira el país para invertir tiene en claro cuáles son las reglas de juego.

Y eso permite, también, poder generar condiciones de mayor inversión.

Creo que apostar a la flexibilización laboral y la desregulación para generar inversiones, puede llevar al efecto contrario.

A que exista desconfianza en la firmeza de lo que son las reglas de juego en nuestro país.

 

¿Cuáles son las perspectivas del SUNCA para el 2020?

Cuanto tuvimos el mayor nivel de desregulación, los salarios más bajos y menos incidencia del Estado en los controles de las relaciones laborales existieron los niveles de desocupación más altos.

Me refiero al 2002 cuando llegamos a un 20% de desocupación. Por eso hablamos de que las perspectivas, ya no solo para el gremio o el sector, sino para el país, tienen que estar sobre las bases de lo conquistado hasta el momento. Ver la incidencia de los salarios en los costos de la construcción como un tema central no es cierto.

Hoy, los salarios en los costos de la construcción son muchos menores a lo que eran en otras décadas. A partir del avance que tuvimos en inversiones tecnológicas y nuevas formas de construcción que hicieron las empresas y que, por tanto, aceleran los procesos de producción, demuestran que el jornal del trabajador tiene mucho menos incidencia en el costo final de la obra.

En la actualidad, los procesos de producción son mucho más acelerados y con menos trabajadores y en menos tiempo se construye la misma obra que se hacía veinte años atrás.

La productividad es un tema que podemos discutirlo porque hay mayor productividad con menos cantidad de jornales. Otro gran avance fue bajar la carga horaria de 48 horas a 44 horas.

Y sin embargo, bajando esa carga horario los niveles de productividad no cayeron. Nosotros, como sindicato, creemos que está bueno discutir la productividad, pero también discutir como se distribuyen los beneficios de la productividad en el conjunto del sector.

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La Cámara Argentina de la Construcción anunció el lanzamiento del programa TIIC (Transformar e Innovar la Industria de la Construcción). La ejecución será realizada junto a Parabolt, una compañía tecnológica. Esta iniciativa busca aumentar el valor en la industria de la construcción de la mano de emprendimientos de base tecnológica, científica y productiva. Se lanzará una convocatoria nacional para que emprendedores locales postulen sus ideas y emprendimientos con potencialidad para mejorar el sector.

“Para el futuro de nuestra industria es fundamental que incorporemos la tecnología, si no dentro de muy poco tiempo no vamos a poder competir. Estamos muy contentos de que la Cámara sea la casa de este desarrollo”, explicó Julio Crivelli, presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, en un comunicado enviado al portal iProfesional.

Los principales objetivos de TIIC serán transformar ideas en productos o servicios, generar acuerdos de impacto y detectar oportunidades de negocio colaborativo. Un mes y medio después de darse a conocer la convocatoria a emprendedores serán pre-seleccionadas 100 ideas potenciales, de las cuales 20 serán expuestas en un “demo day”, eligiéndose tres para ser aceleradas y prototipadas. “Creemos que de la misma manera que en algunos otros sectores Argentina ha logrado destacarse, en la industria de la construcción también podemos aprovechar el talento que hay en nuestro país, generar soluciones, mejorar la productividad y comenzar a exportar”, afirmó Mariano Mayer, secretario de Emprendedores y Pymes de la Nación.

Parabolt guiará a la cámara en el proceso de detección, selección y curación de ideas, así como también en el prototipado e incubación de los tres proyectos finales elegidos. Además brindará mentorías a las ‘start-ups’, entrenándolas y aportándoles tecnología en el caso de ser necesario.

“Estamos convencidos de que crear un ecosistema de valor y plataformas colaborativas es el camino para innovar y disrumpir las industrias y los negocios”, aseguró Martín Wagmaister, CEO de Parabolt.

En otro orden, y en un proceso de fuerte deterioro, la actividad de la construcción cayó al menos un 10% en mayo y se perdieron 1.500 empleos en todas las provincias de la Argentina. Los datos fueron aportados por empresas nucleadas en la Cámara Argentina de la Construcción, desde donde anticiparon al portal  BAE Negocios que a este escenario se suman las “demoras de Nación en el pago de deudas tanto a empresas como a los gobernadores”. De acuerdo con las fuentes, la obra pública no reacciona por el gran ajuste fiscal que recortó las partidas, mientras que “la obra privada no se recupera por la desastrosa situación de la economía”.

 

La construcción se derrumbó 10%

 Las transferencias de la Nación a los distritos pasaron de un tiempo promedio de 60 días a 90 o 120 días en algunas provincias, y en el caso del pago a las constructoras, “demoran 60 días”, dijeron las fuentes de empresas.

Asimismo, ayer el Indice Construya, que mide la evolución de los volúmenes vendidos de materiales para la construcción, mostró una caída del 12,9% en mayo interanual.

En el universo de productos, se encuentran la cal, aceros largos, carpintería de aluminio, pisos y revestimientos cerámicos, adhesivos y pastinas, pinturas impermeabilizantes, sanitarios, grifería y caños de conducción de agua.

Si bien desde Construya informaron una mejoría del 5,6% en las ventas respecto de abril, en la Cámara de la Construcción negaron que haya un repunte en la actividad.

En tanto, en los primeros cinco meses del año el Indice Construya acumuló un descenso de 16% en comparación con el mismo período del año anterior.

El Grupo Construya consideró que “es la oportunidad de construir ya que al invertir en el sector se logra que los ahorros incrementen su valor en el largo plazo. Esto genera una diferencia importante al compararla con otras alternativas de inversión”. Además, es el momento para aprovechar la fuerte reducción en dólares del costo de construcción y obtener beneficios a lo largo del tiempo.

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En diálogo con Del Constructor, Diego O´Neill, el nuevo presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay, quien asumió el pasado 15 de noviembre, se refirió a los desafíos que se plantea su nueva administración. Dentro de ellos, expuso O´Neill, se encuentran la inversión y el fortalecimiento de las empresas del sector, así como la capacitación y la promoción de los operarios, que permita el desarrollo de la industria.

 

Como nuevo presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay, ¿cuáles son los desafíos que se ha planteado? 

Venimos de un período muy prolongado de presidencia de Ignacio Otegui, entonces es todo un cambio para la CCU y la industria el pasar a un nuevo régimen de rotación en la presidencia. Yo asumo por un período de dos años, luego vendrá otro presidente. Esa es la dinámica que se espera tener  en adelante. Continuaremos con una cantidad de cosas que son tradicionales en la Cámara, pero también impulsando renovaciones en otros aspectos.

 

¿Cuáles son los cambios que pretende proyectar durante su mandato? 

En primer lugar, creo que hay estilos de conducción diferentes. Soy de una generación de empresarios más dispuesta al trabajo en equipo, de liderar equipos, de involucrar más gente en la construcción.

Creo que eso es una característica de renovación en lo que hace a la CCU. Y por otra parte, hay cosas muy claras como impulsar el desarrollo sustentable de la construcción en el Uruguay.

Hay que trabajar en líneas que me parecen fundamentales. Por un lado, la inversión para que haya construcción y, por otro lado, fortalecer las empresas que son las que llevan adelante la industria. Y, también, capacitar y promover a los operarios para tener un equipo de trabajo fuerte que nos permita crecer y desarrollar la industria.

 

Se refirió a la inversión como uno de los pilares del sector. ¿Cómo está hoy, luego del boom histórico de hace unos años?

Es cierto lo que usted dice que aquello fue un pico histórico y que era muy difícil que se mantuviera en el tiempo, pero caímos bastante, por ejemplo, a nivel de ocupación. Los últimos datos son un poco más auspiciosos. Actualmente estamos alrededor de cuarenta y siete mil trabajadores, pero con respecto a aquel pico de setenta y tres mil trabajadores, se han perdido veinticinco mil puestos de trabajo.

 

Es un número muy importante para la tasa de desempleo de Uruguay.

Yo le diría que es un número muy significativo esa cantidad de gente que no está en la industria hoy. El 2018 fue un año en que la actividad no siguió cayendo, ya que veníamos de tres años consecutivos de caída entre el 2015 y 2017. El año pasado se detuvo esa caída, pero tampoco se produjo un rebote, un principio de crecimiento.

 

Inversiones

¿Y cómo fue el 2018?

Si bien aún no están los números, estimamos que fue un año neutro, sin crecimiento. Lo positivo es haber detenido la tendencia a la baja, aunque sin generar crecimiento. Esto se debió, precisamente, a que la inversión privada está bastante venida a menos. La construcción tiene dos fuentes de inversión: la pública y la privada. 

La inversión pública es muy importante, pero en los últimos diez años ha significado una tercera parte del total de la inversión. Las otras dos terceras partes corresponden a la inversión privada. 

Una parte es vivienda  y la otra parte es inversión privada no vinculada a la vivienda, que es la más importante de todas y la que se ha resentido más.

 

¿Cuáles fueron las causas de esta caída en la inversión? ¿La coyuntura internacional u otros mercados más seductores para el inversor?

Los países compiten por la inversión. Hoy existen destinos más atractivos. En Uruguay tenemos un tema de competitividad, de costos elevados y de baja rentabilidad a nivel de las empresas en general. Todo esto lleva a una merma de la inversión que está bastante alicaída con respecto a años anteriores.

Esto se ve, por ejemplo, si uno analiza los montos promovidos bajo la ley de inversiones  en la COMAP (Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones) o si se analiza la cantidad de proyectos de viviendas que han ingresado a la Agencia Nacional de Vivienda (ANV) para ser promovidas. 

Estos son dos claros ejemplos donde se ve la reducción de la inversión. Cuando entró en vigencia la ley N° 18.795 de promoción de la inversión privada en Viviendas de Interés Social, en la primera reglamentación que no había topes de ningún tipo, durante cinco años, entre el 2011 y 2016, hubo un promedio de alrededor de dos mil setecientas viviendas que ingresaban anualmente a la ANV.

A partir de la segunda modificación en marzo de 2017, hubo una primera modificación en 2014 que tuvo su impacto, donde el tope baja al 10%  de las unidades cada programa, pero con un precio muy por debajo de los costos, además, ese 10% de viviendas, en alguna medida, hay que pasárselo al MVOTMA  para que lo comercialice y también le pusieron topes a los alquileres.

Hay que tener en cuenta que, en muchos casos, las viviendas promovidas, más que ir al usuario final, va a un inversor que alquila, pero también se pusieron topes a la exoneración del IRPF de los alquileres. Todo eso ha llevado a que de dos mil setecientas viviendas por año caímos a mil quinientas viviendas. Si bien no se puede decir que se frenó completamente, pero tuvo una caída sensible.

 

En definitiva, estos cambios desestimularon a los inversores cuando el país precisa de ellos.

Nosotros pensamos que el mejor escenario sería volver al principio. Que ambas modificaciones, tanto la del 2014 como la del 2017, en el aspecto de los topes han sido perjudiciales, por lo que creemos que lo ideal sería volver al régimen inicial, cuando no había limitaciones, y el mercado iba regulando los precios de la vivienda en función de la oferta y la demanda.

 

Y fuera de las viviendas promovidas, pensado en mega obras, ¿a qué le atribuye la caída en ese tipo de inversiones?

 Es cierto que desde hace un par de años en que salió el decreto que extiende los beneficios de la ley de inversión a los proyectos inmobiliarios de gran dimensión económica, eso ha tenido un efecto positivo. Hay proyectos de este tipo que se están construyendo al amparo de ese beneficio fiscal. Por ejemplo, en Punta del Este hay varios y existen algunos en Montevideo.  Eso ha sido un estímulo que las autoridades han buscado para acomodar la inversión y ha sido positivo. Pero tiene un alcance acotado. 

 

Usted decía que otros de los elementos que componen el sector son los costos y, dentro de ellos, la masa salarial, como un componente que eleva el precio final del producto.

Es cierto que los últimos 10, 12 años, la construcción  ha sido el sector que ha tenido el mayor incremento de salario real, por encima de la media de la economía, pero a nosotros no nos parece mal, al contrario, estamos de acuerdo con eso. Lo que sí reclamamos, aspiramos, a la reciprocidad. Es decir, frente al salario que se recibe, el trabajo que se desempeña.  Y me refiero a la productividad, que es una de las grandes preocupaciones que tenemos.

Todos los empresarios, desde hace muchos años, vienen manifestando  su preocupación sobre este tema. No había información estadística que permitiera sacar conclusiones ciertas al respecto. Ahora el Centro de Estudios Económicos de la Industria de  la Construcción (CEEIC) hizo un estudio muy serio que muestra una caída de la productividad en los últimos veinte años en edificios de viviendas en el entorno del 20%.  Esto significa que se necesita un 20% más de jornales para construir los mismos metros cuadrados, cuando, en ese mismo período, se incorporaron una cantidad de tecnologías nuevas y de equipamiento. La construcción ha invertido fuerte en grúas torres, en sistema de encofrado, se ha generalizado el uso de los hormigones preelaborados y bombeados. Todo esto tendría que indicar una mejora en la productividad y, por el contrario, tenemos un deterioro.

Ese es un tema que preocupa mucho y desde la CCU estamos tratando de hacer cosas al respecto. Ahora, en concreto, hay un proyecto para la medición de la productividad en obra, con la misma metodología que se usa en Chile y que ha sido muy exitosa,  que comenzará a funcionar en los próximos meses. Es una herramienta para comenzar a generar información  y atacar este problema.

 

Productividad y capacitación

La productividad es un tema que siempre está en la mesa de los Consejos de Salarios, pero no logran un punto de acuerdo.

No diría que no nos ponemos de acuerdo. Quizá es un tema que no hemos discutido tanto. Se empezó a tomar en serio en los últimos tiempos. La productividad es la suma de una serie de cosas, un proceso en cadena. Por ejemplo, en una obra de arquitectura  comienza por el diseño, por las tecnologías que se van a utilizar, la organización del trabajo, el equipamiento con el que se cuenta para desarrollar esa tarea y, por supuesto, el factor mano de obra.  No hay un único factor que sea  responsable de la productividad final. Es una sumatoria e, indudablemente, hay que trabajar en toda esa cadena de proceso.  Hoy estamos en una etapa en la que se completó un diagnóstico, se llegó a una conclusión de que hay un problema y hay que trabajar en los distintos eslabones de la cadena para poder mejorar la productividad.

 

¿Falta capacitación en la mano de obra?  

Si la industria vuelve a los niveles de actividad que tuvimos hace tres o cuatro años, cuando se registró ese pico de puestos de trabajo, se necesita capacitación. En ese momento, esa fue una de las razones de la caída de la productividad porque ingresó una cantidad de personal a la industria que no tenía la capacitación adecuada. Cuando se producen estos picos de actividad suelen pasar estas cosas.

Pero es claro que la capacitación es un tema muy importante. La industria trabaja con el Fondo de Capacitación, que es uno de los Fondos Sociales, en capacitar trabajadores.  Esto ha sido importante, más que nada en la capacitación a la iniciación en los oficios como albañilería, herrería y carpintería. Tenemos que desarrollar una capacitación superior para los mandos medios sobre todo de cara a las nuevas tecnologías.

 

¿Se refiere a los sistemas constructivos no tradicionales como la construcción en seco, por ejemplo?

Indudablemente que sí. La obra en seco en Uruguay ya tiene una penetración interesante, aunque también tiene sus resistencias culturales. A la gente a veces no le gusta golpear y sentir que la pared no es maciza. Pero ya hay muchos proyectos que han incorporado la obra en seco. Como la incidencia de la mano de obra  ha aumentado mucho en el costo total del producto, las soluciones tradicionales se han vuelto bastante más caras, por lo que hay que pensar en tecnologías que ahorren tiempo y reduzcan el tiempo de la mano de obra.

 

¿Cuánto ha influido la situación de la región? Sobre todo lo ocurrido en Argentina con la devaluación de su moneda y el nuevo gobierno de Brasil que apunta hacia una economía cerrada, proteccionista.

Cuando se produjo la corrida cambiaria en Argentina tuvo rápido efecto en Uruguay y eso produjo una retracción en el mercado inmobiliario. La gente especula con que los precios van a bajar, con que el dólar va a subir, y eso posterga decisiones.

Creo que lo que se dio fue un fenómeno de postergación de decisiones. Las operaciones venían a cierto ritmo y se enlentecieron básicamente por eso. Las compras ventas en el mercado inmobiliario han bajado sensiblemente, pese a que hay un nivel de inversión no menor en viviendas. Hay obras de viviendas promovidas que estamos haciendo hoy que fueron aprobadas antes de la modificación del decreto, por lo que hay una inercia de una cantidad de obras que están en curso, además de los proyectos grandes.

El sector vivienda no está tan deprimido, hay actividad, pero el tema de la colocación de los apartamentos, de los productos, se ha enlentecido y hay un stock importante para comercializar.

 

¿Y preocupa la migración de inversores del sector hacia Paraguay, por ejemplo?

Lo que nos preocupa a nosotros es Uruguay. No tener las condiciones que permitan que los inversores se queden acá. Ojalá que a Paraguay le vaya muy bien, pero que a nosotros también. La preocupación pasa porque nuestro país debe corregir su situación de competitividad con el resto de la región para mejorar las condiciones de inversión. También el clima de negocios.

 

Modalidad PPP

¿Cuál sería el clima de negocios?

 A veces hay cosas que no pasan necesariamente por las condiciones económicas. Cuando hablo de clima de negocios me refiero a la rentabilidad indudablemente, pero también a la normativa, a la burocracia, a la conflictividad sindical, que en algunos sectores ha sido fuerte generando dificultades a las empresas. Queremos mejorar las condiciones en todo sentido y en este año electoral, esperamos poder dialogar de estos temas con todos los candidatos a presidente para poder incidir, dentro de nuestras posibilidades y en la materia específica de nuestra actividad, en la agenda de la próxima administración.   

 

Y en lo que respecta a una segunda planta de UPM, ¿en cuánto puede inclinar la balanza a favor de la construcción en puestos de trabajo, por ejemplo?

Nosotros pensamos que la inversión de UPM es positiva y necesaria para el país. Una inversión que se va a radicar en una zona del país que está bastante deprimida, por lo que va a generar mucho movimiento, puestos de trabajos directos e indirectos, lo que llamamos el efecto cascada, el derrame al resto de la economía.

Hay una cantidad de inversiones que la gente asigna que se va hacer sólo para UPM, pero son inversiones que quedan para todas las actividades del país, sea en rutas o en el ferrocarril central.  De concretarse esta inversión va a mover la aguja de manera significativa porque entre la propia obra y todas las obras conexas se estima que pueda haber alrededor de ocho mil trabajadores  en su momento de máxima ocupación. Eso equivale a un 20% de la ocupación que hoy tenemos.

 

¿Qué expectativa tiene para este año?

Creo que el 2019 va a ser parecido al año pasado, donde la actividad estuvo sostenida, más que nada, por una inversión pública fuerte, sobre todo en lo que tiene que ver con la vialidad. También durante el presente año se van a ir concretando algunos proyectos de Participación Público Privada (PPP), que están en el proceso entre la adjudicación provisional y la firma del contrato, que lleva su tiempo. También hay proyectos de PPP para centros educativos que van a empezar este año. Creemos que toda la inversión pública directa más estas obras que son públicas con financiamiento privado, van a sostener la actividad por lo que falta de inversión privada.

 

El algún momento el ministro Rossi manifestó su malestar por la lentitud en la concreción de las PPP.

Creo que es una curva de aprendizaje para el país, los organismos estatales, las empresas y el sistema financiero.  Es cierto que se ha demorado -en algunos casos un año, en otros bastante más- el cierre financiero que es el proceso entre que se adjudica provisionalmente la licitación y se concreta la firma del contrato.

No nos olvidemos que hay muchos actores, Ministerio de Transporte, Ministerio de Economía, organismos financiadores, todo eso ha generado estos procesos largos. Creo que esto es mejorable, corregible, pero la modalidad PPP es una herramienta valiosa y poderosa para permitirle al país mejorar su infraestructura.

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En diálogo con Del Constructor, el especialista Federico Susena de Guyer & Regules analizó la situación en materia de inversiones y las perspectivas del mercado inmobiliario uruguayo para 2018. Para el especialista, el 2017 fue, en materia de inversión inmobiliaria, “un año de repunte”, mientras que para este año se prevé continuar en esta senda “ya que hay grandes proyectos en ejecución y las perspectivas son buenas”, pese a existir algunos problemas macroeconómicos importantes. Señaló, además, que los beneficios tributarios para construcciones de gran porte fueron positivos para el repunte en el sector y produjo, en otros sectores de la economía, un “efecto derrame”.

 

¿Cómo ha sido el grado inversor inmobiliario durante el 2017 y que expectativas o proyecciones hay para este 2018?

Si tuviera que calificar en una palabra cómo fue el 2017 en materia de inversión inmobiliaria, diría que fue un año de repunte. Es que si lo comparamos con los dos años anteriores, el 2017 fue mejor.

Y en este 2018 es de prever que se va a continuar con esa tónica ya que hay grandes proyectos en ejecución y las perspectivas son buenas a pesar de existir algunos problemas macroeconómicos importantes (como el dólar débil) y los altos costos constructivos. Pero, lo cierto es que, habiendo una cierta estabilidad macroeconómica, la inflación que está moviéndose dentro del rango meta fijado por el Banco Central del Uruguay (aunque últimamente con algún desvío menor), las tasas internacionales de interés por el piso, la economía y los salarios reales creciendo y, por último, los bancos tratando de estimular mayor cantidad de créditos hipotecarios, todo hace pensar que, salvo que nos encontremos con un cisne negro, este 2018 será un buen año. Y es importante tener en cuenta que un buen año no implica volver a tener los niveles de actividad y empleo en el sector como se tuvo hace 5 años atrás sino simplemente eso, un buen año.

 

Impacto positivo

El Poder Ejecutivo anunció, para inversiones en vivienda superiores a 15 millones de dólares, una serie de beneficios fiscales. ¿Cómo ha impactado esto en el mercado? 

Los beneficios para construcciones establecidos por el Decreto Nº 329/016 que declaró promovidas al amparo de la Ley Nº 16.906, de 1998 las actividades de construcción para la venta o arrendamiento de inmuebles con destino a oficinas o vivienda, correspondientes a proyectos de gran dimensión económica (construcciones de más de UI 123 millones o aproximadamente US$ 15,5 millones), tuvieron un impacto muy grande, sobre todo en la zona de Punta del Este donde se ampararon grandes proyectos a esa normativa. El efecto buscado por la norma, y que fue la creación de empleo y la generación de externalidades positivos hacia otros sectores de la economía (el efecto derrame), creemos se va a  lograr y dichos beneficios constituyeron un factor muy importante para el repunte señalado anteriormente. Basta analizar la cantidad de proyectos y los metros cuadrados aprobados en función de dichas promociones fiscales para dimensionarlo. 

Y, más recientemente, el Poder Ejecutivo anunció que va por más y quiere extender los plazos de dicho decreto e introducir variantes que creemos serán positivas. La nueva medida consistiría en prorrogar por un año el plazo para presentar nuevos proyectos al amparo de este beneficio, es decir que, deberán ser presentados antes del 31 de diciembre de 2018 y tendrán 36 meses, como máximo, para su ejecución. Además, para los proyectos a desarrollarse en Montevideo, se reducirán el monto mínimo de inversión y el porcentaje de áreas comunes requeridos (a UI 90 millones y 15% respectivamente).

Creemos que esta medida va a impactar fuertemente y que varios proyectos, que de pronto estaban siendo analizados, se terminarán presentando y amparando a esta nueva normativa, en especial en Montevideo, donde se intenta “atrapar” más proyectos al reducir el umbral necesario para ampararse a los beneficios fiscales. Esta herramienta puede ser, además, la llave para poder aumentar, tras años de caída, el número de puestos de trabajo en el sector de la construcción.

 

Referente a la anterior pregunta, ¿esto beneficiaría solo a Maldonado, Colonia y Montevideo, o podría extenderse al resto del país?

Si bien la normativa no distingue entre territorios y, presumo, tampoco lo hará la modificación que está elaborando el Poder Ejecutivo, lo cierto es que estos grandes proyectos se han concentrado en Punta del Este y Montevideo, y entiendo que lo mismo seguirá ocurriendo durante este año. Ello no quita que no pueda haber algún proyecto de gran dimensión económica en otras zonas del país, aunque seguramente en un  número muy menor, particularmente en Colonia donde los argentinos tienen interesantes proyectos en fase de pre-desarrollo. 

 

Viviendas Promovidas

En Montevideo, uno de los objetivos de la Vivienda Promovida (antes denominada Vivienda de Interés Social) era descomprimir la zona costera, facilitar el acceso a un sector que no podía acceder a la vivienda e incentivar la inversión en zonas donde hacía décadas que no se invertía, como Cordón o La Aguada. En retrospectiva, desde la promulgación de la ley, ¿se han alcanzado los objetivos? ¿Cuánto queda aún por hacer? 

En mi opinión, con la ley de Vivienda de Interés Social (ahora Vivienda Promovida) se cumplió y de buena manera con algunos objetivos trazados, pero entiendo que con otros no tanto. Por ejemplo, la ley de Vivienda de Interés Social tenía como un fuerte componente de motivación, facilitar el acceso a la vivienda propia a sectores de ingresos medios o medios bajos.

En los hechos, ello no ha ocurrido, o por lo menos, no ha ocurrido en los niveles deseados. Pero eso no quiere decir que la “culpa” la tenga la ley de Vivienda de Interés Social, sino que es un fenómeno que se puede identificar mucho más en el fuerte aumento que ha tenido el valor del metro cuadrado edificado, y donde cada vez  más (comparando salario real versus precio del metro cuadrado construido) a los sectores de ingresos medios o medio bajos se les hace más difícil poder acceder a la vivienda propia. Hay estudios realizados que fueron publicados el año pasado, donde se establece que 8 de cada 10 uruguayos cree que la vivienda es cara y difícil de acceder a ella y más de la mitad creía que eso iba a seguir aumentando. Y, peor aún, en los sectores más jóvenes, donde el inquilinato pasó de niveles cercanos al 40%  a niveles del entorno del 50 a 52%  en la última década, en hogares donde el principal generador de ingresos tiene menos de 30 años. Ello ha llevado a algunos sectores políticos a plantear poner topes a los alquileres e incluso a los precios de los inmuebles. Y eso, con total franqueza, sería el suicidio para la actividad de la construcción, ya que provocaría una pérdida de confianza del inversor que redundaría en una brutal disminución de nuevos proyectos inmobiliarios.

Pero, volviendo a su pregunta, debemos tener presente que, además de las condiciones comerciales señaladas, hay un cambio cultural (y que trasciende a Uruguay) en cuanto a cómo las franjas etarias más jóvenes no tienen como prioridad lograr una vivienda propia, como sí ocurría hace 20 o 30 años. Los jóvenes (llamados millennials) buscan experiencias, quieren cambiar su hábitat si no están cómodos donde están, quieren ammenities y conectividad, servicios y entretenimiento. Y no están dispuestos a quedarse en un mismo inmueble muchos años si el mismo pierde algunas de las características señaladas. Ello, naturalmente, hace que estos productos terminen siendo adquiridos por ahorristas o inversores para alquilar y tener una renta que, si bien no es alta, es bastante segura, pero no habiendo sido ese el objetivo de la norma. En cuanto a si la norma logró descomprimir zonas y fortalecer otras, ahí sí creo que se vio un éxito en los resultados, ya que barrios que habían quedado en el olvido respecto a su arquitectura, hoy aparecen rejuvenecidos, como son el caso del Centro, Palermo, Cordón y Tres Cruces.  

 

¿Y cuál es la situación en el interior del país? 

Salvo por la pregunta sobre descomprimir la zona costera y el corrimiento hacia otras zonas, las demás conclusiones son aplicables también a la situación en el interior del país. Sin embargo, entiendo que todavía hay mucho potencial en las ciudades más importantes del interior para realizar inversión promovida. Pero para eso, sería importante desandar algunos cambios recientes que se introdujeron a la Ley de Vivienda de Interés Social y que ralentizaron la aprobación de nuevos proyectos.

 

¿Este tipo de inversiones en Viviendas Promovidas podrían balancear la falta de inversores en obras suntuosas? 

En su momento lo balancearon y en forma efectiva. La dramática caída que tuvo  Punta del Este y zonas aledañas a partir del año 2013 pudo ser amortiguada en gran parte por los efectos que la ley de Vivienda de Interés Social tuvo en otras zonas del país. De lo contrario, la pérdida de puestos de trabajo en el sector de la construcción hubiere sido aún mayor de lo que fue (y que no fue poco, estancados hoy en los aproximadamente 45.000, pero que supo llegar a picos de 70.000). Hoy, la situación es distinta. Estamos ante la presencia de más proyectos suntuosos y de menos proyectos de Vivienda de Interés Social (ahora Vivienda Promovida).

Desde las cámaras empresariales del sector se habla de que el costo salarial es uno de los factores fundamentales en el aumento del precio final al consumidor. A esto se le suma otro tema que está en discusión permanente entre trabajadores y empresarios y es la competitividad ¿qué piensa al respecto?

No es necesario ser economista para darse cuenta de lo que está pasando en este país. Basta viajar a cualquier país del primer mundo y darse cuenta que le cuesta lo mismo o incluso más barato comprarse una prenda de vestir o ir a comer a un restaurante de lo que le cuesta en Uruguay y, además, con ingresos per cápita muy superiores a los nuestros. Eso es un dato de la realidad, incontrastable, y yo diría tan evidente que no deja otra reflexión que reconocer que estamos caros.

Llevado al sector de la construcción, sí, estamos muy caros, pero la explicación no es solamente por los temas macroeconómicos del país sino que, a este sector, se le agregan, además, otros factores estructurales y complejos y de muy difícil solución, como ser los altos costos salariales (analizados además en función de la baja productividad de la mano de obra local), la rigidez laboral, la excesiva carga tributaria del sector por leyes sociales, la falta de inversión en tecnología para ser más eficientes en los métodos constructivos y la conflictividad sindical.

 

 

El factor Punta del Este 

Algunos inversores que ponían su capital en Punta del Este han comenzado a hacerlo en Paraguay, incentivados por menores cargas impositivas. A esto se le suma algunas medidas adoptadas por el gobierno de Macri para atraer inversiones. ¿Qué grado de afectación tiene en nuestro mercado? 

Entiendo que no mucha. Si bien es cierto que el triple 10 paraguayo (10% de IVA, 10% de impuesto a la renta empresarial y 10% de impuesto a la renta en personas físicas) atrajo mucha inversión uruguaya al Paraguay, la mayoría de dichas inversiones  fueron canalizadas al sector agrícola ganadero y ello no constituye una competencia para desarrollos inmobiliarios en Punta del Este o incluso Montevideo. De hecho hoy, parte de esa inversión se está retirando o está en proceso de retiro del Paraguay dado los magros resultados por efecto de la baja en los precios de los commodities.

En materia del sector inmobiliario, la rentabilidad en Paraguay es muy buena y para la construcción la gran ventaja la presentan los bajos costos constructivos y la flexibilidad laboral. Si bien hay proyectos de uruguayos de real estate en Paraguay, la gran corriente de inversión ha sido en materia de campos.

En cuanto a Argentina, claramente el gobierno de Macri (un gobierno orientado a los negocios y al crecimiento económico), está aprobando normativas, de tanto en tanto, para atraer inversiones y para repatriar capitales argentinos, pero lo situación macro de Argentina no está bien y, en cierta forma, muy jugada al financiamiento externo “barato” que hoy está gozando. Y si bien eso es así, los proyectos de gran dimensión económica, de los que hablábamos anteriormente, que se han aprobado en Punta del Este, muestran que el argentino quiere seguir apostando a Punta del Este.

Y este tipo de inversor es fiel y leal a Punta del Este, habiéndose ausentando solo temporalmente cuando los gobiernos kirchneristas le impusieron toda suerte de restricciones a la compra de dólares, remisión de fondos al exterior, etc, y cuando el gobierno uruguayo le concedió a su par argentino el acuerdo de intercambio de información (para algunos gran causante de la contracción que tuvo Punta del Este); pero para volver ahora en una nueva oleada que ya se está sintiendo y que, con las medidas que anunció el gobierno en extender los beneficios fiscales, probablemente continúen generándose nuevos proyectos en el correr de este año.

 

En este contexto, ¿cómo ve el mercado inmobiliario en Punta del Este?

Lo veo muy bien. Punta del Este tuvo años para el olvido en el último lustro, pero como dije anteriormente, hoy se están alineando los astros para que la inversión inmobiliaria vuelva y en forma sostenida. Además, Punta del Este tiene una característica particular y es que para los argentinos no es solamente una mera inversión inmobiliaria, sino que es una combinación de inversión inmobiliaria, más resguardo y conservación del capital, disfrute, cambio de ambiente y calidad de vida. Recordemos que han pasado por hiperinflaciones, mega devaluaciones, corralitos financieros y retenciones a la exportación de la producción cuasi confiscatorias. Y todo eso a solo pocas horas de distancia, lo cual lo hace preferente respecto a otras opciones como Miami.

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Con la llegada de obras de gran porte, la industria de la construcción mostró ciertas carencias en trabajos que requerían cierto grado de especialización por lo que, en algunos casos, se debió recurrir a trabajadores extranjeros.

El tema de la falta de capacitación, que está ligado a la productividad y a la competitividad,  sigue en el tapete, por lo que Del Constructor entrevistó al ingeniero Jorge Pazos, presidente del Fondo de Capacitación de la Construcción (FOCAP), quien además es Director Ejecutivo de la Cámara de la Construcción del Uruguay (CCU), para que explicara cuál es la situación en el sector. Desde los cursos tradicionales de albañilería hasta simuladores virtuales de Soldadura y Torres Grúa, Pazos explicó cómo se preparan los trabajadores ante los nuevos sistemas constructivos y los avances tecnológicos.

 

¿Cuándo fue instrumentado el Fondo de Capacitación y cómo funciona? 

El Fondo de Capacitación para obreros y empresarios de la Construcción (FOCAP), fue acordado en el Convenio Colectivo de 1997, refrendado por el Decreto del Poder Ejecutivo  227/97. Debido a diferentes circunstancias, administrativas en cuanto a la forma legal y a las crisis económicas, su concreción se vio postergada hasta la segunda mitad de la primera década del 2000. En el 2009 se comenzó con un Plan Piloto de capacitación y, desde entonces, unos 1.300 trabajadores se capacitan al año. La financiación del FOCAP, que es una asociación civil sin fines de lucro, se realiza a través de aportes de los empresarios (cada empresa aporta 0,8575%)  y de los trabajadores (un 0,3925%.) existiendo en los últimos años convenios específicos donde se logran importantes apoyos económicos. Su dirección bipartita contando con un Consejo Directivo formado por representantes de las gremiales empresariales y del  SUNCA.

 

Usted ya lleva tres presidencias en el FOCAP.

Es cierto, es mi tercera presidencia en el FOCAP, que tiene una Comisión Directiva integrada por seis representantes, tres del sector empresarial y tres del sindicato. El hecho de ser presidente, diría que es más nominativo que otra cosa. En la comisión se discute todo y las decisiones son tomadas por consenso. O sea, mi rol es más de representación hacia afuera. De hecho, el SUNCA tiene la Secretaría y discutimos, como decía, todos los temas. A los efectos del trabajo, es indistinto ser presidente o ser uno de los vocales, porque el FOCAP se creó como una institución para la capacitación de obreros, pero en la realidad los objetivos son más amplios. La  última evaluación de tarea y definición de perfiles del sector fue financiada por el FOCAP, porque nos da, además de todos los perfiles, las potencialidades para poder generar las curriculas necesarias para poder capacitar en todas las áreas del sector. Ese fue un trabajo que llevó dos años, donde trabajamos con Cintefor y OIT. También hacemos trabajos de investigación. Ahora estamos por hacer una  investigación sobre salud ocupacional, por ejemplo.  Si bien el foco es la capacitación, cuando aparece un estudio de este tipo, que el sector necesita, el FOCAP es el instrumento idóneo para poder trabajar en esos estudios. Obviamente que nosotros no generamos una estructura específica  para dichos trabajos, sino que nos apoyamos en estructura ya existentes.  En el caso de la investigación sobre salud ocupacional posiblemente lo hagamos con el Instituto Cuesta Duarte y la Facultad de Medicina.  El FOCAP lo que hace es tratar de conseguir los instrumentos y los apoyos para lograr los objetivos planteados, y a los efectos de no generar una súper estructura que después genere mayores costos y no se pueda mantener en el tiempo. Apuntamos a conseguir socios estratégicos para cada uno de sus estudios.  Por eso decía, que si bien la capacitación es el corazón, hemos venido haciendo otros tipos de estudios que le sirven, no sólo al FOCAP, sino a todo el sector. 

 

¿Cuántas personas acceden a dicho fondo?

Vale aclarar que para ser beneficiario de los Fondos de la Construcción es necesario ser aportantes a los mismos. Desde el 2009 hasta el momento se han capacitado casi 10.000 trabajadores en todo el país, lo que nos indica que entre 1100 y 1300 trabajadores se han capacitado por año. En los últimos años, hemos firmado convenios de apoyo con INEFOP donde se recibe por parte de este Instituto un apoyo económico importante lo que nos permite poder capacitar a un número mayor de trabajadores al año. Tenemos unos 60 docentes en todo el país y se imparten entre 70 a 90 cursos anuales. Además, por la ley 18721, y ante el pedido de los actores sociales, es decir gremiales empresariales y el SUNCA, INEFOP contrató y contrata como instructores a jubilados del Sector, los cuales se encuentran desarrollando capacitación en Programas Sociales para lo cual se apoya entre otros al Instituto Nacional de Rehabilitación, Mides y Plan Juntos.

 

¿Y cuáles son los objetivos de dicho fondo?

El FOCAP tiene como objetivo principal establecer las bases de un sistema sectorial de formación profesional que exprese la concreción de políticas de formación para la capacitación de los trabajadores y empresarios del sector. Es decir, posicionar a la formación como eje central, establecer los programas que desarrollen la transferencia de conocimiento y  la actualización tecnológica, así como los estudios y proyectos sectoriales que ayuden a concretar estos objetivos.

 

Capacitación y tecnología

 

Teniendo en cuenta los avances tecnológicos en la industria de la construcción, ¿qué cursos se imparten para acompañar estos cambios?

En los comienzos,  para poder comenzar con el Plan Piloto, se diseñaron y se impartieron los cursos de Oficial Albañil, Herrero y Carpintero por ser los oficios tradicionales del sector. En la actualidad, se imparten Taller de Ingreso a la Industria, para aquellas personas que no tienen experiencia en el Sector, además de Medio Oficial Albañil, Medio Oficial Herrero y Medio Oficial Carpintero. También capacitación en: Pintura, Electricidad, Sanitaria y Soldadura. No obstante, hemos capacitado trabajadores para grandes emprendimientos como el de UPM, Montes del Plata y la de Hyundai, en Punta del Tigre, en lo que refiere a soldadores y andamistas. Esa capacitación la hacemos a requerimiento de esos emprendimientos que necesitaban gente calificada y en Uruguay y, si bien había, no en la cantidad que se necesitaban. También, a través de un convenio con el Ministerio de Defensa Nacional y el Batallón de Ingenieros, venimos realizando cursos de maquinistas. Con respecto a la pregunta sobre la capacitación en nuevos sistemas constructivos, capacitamos en yeso y en Steel Framing. En los últimos cuatro años hemos implementado un curso de lectura de planos, que, además de la lectura tradicional de planos para que el trabajador pueda  trabajar con un croquis en obra, le incorporamos lectura de planos en CAD. Esto consiste en una primera parte de lectura de planos tradicional y después, en la segunda fase, es el trabajo con laptop donde el trabajador ve ese plano diseñado en una pantalla. De esta manera, si en algún momento se trabaja con una tablet en la obra, que él pueda ver el plano, manejarlo e identificar todo lo que tiene que hacer en una computadora.  Es un paso muy importante y ya tenemos tres equipos  de computadoras portátiles en todo el país. Esto ha funcionado muy bien. Hemos tratado de implementar, cada vez más, las nuevas tecnologías y tratar que el trabajador las vaya incorporando.   

 

Los grandes inversores se quejan de que no hay, o escasea, la mano de obra calificada.

La realidad a julio de 2017 es un poco diferente. En el 2013 teníamos 73.000 trabajadores en la industria y era evidente que había un número muy importante de gente que no era del sector. Hoy estamos en unos 45.000, lo que significa que hubo una depuración. No nos gusta que haya quedado gente sin trabajo, pero fue una depuración hasta lógica si se quiere. Y ha quedado mucho más personal de la industria, por lo cual hoy la capacitación va más al perfeccionamiento del trabajador y a tener una visión teórica más aplicada. Hay trabajadores, que si uno le sigue la curricula, han hecho tres o cuatro cursos. Además el FOCAP tiene una didáctica donde cada curso tiene su propio manual. El trabajador que realiza el curso que sea luego se lleva ese manual a su casa, lo que le permite rever y refrescar conocimientos, y seguir  chequeando con lo que hace cotidianamente.  Creo que la capacitación es importante a nivel nacional y no sólo en la industria de la construcción.  La capacitación técnica hoy en Uruguay es una carencia y no sólo en el sector de la construcción. Tal vez sea más visible en nuestro sector porque lo hacemos más público que necesitamos esa capacitación, pero lo cierto es que debería ser un tema de capacitación continua en todos los trabajadores de todas las áreas.  En el FOCAP tenemos dos metas en este sentido. Que el trabajador se forme por propia satisfacción y para que mejore, en segundo lugar, con el ingreso de nuevas tecnologías, la necesidad de que sigue aggiornándose a los tiempos que corren. Por ejemplo, el año pasado se desarrolló el Programa del Cursos para Delegados de Seguridad con el apoyo de la Inspección General del Trabajo y de la Seguridad Social del MTSS, pero, además, creamos el área de aprendizaje mediante simuladores, para lo cual hemos incorporado dos simuladores de Soldadura y un simulador de Torre Grúa. Lo trajimos como plan piloto porque no sabíamos cómo iba a impactar en el trabajador, en el sentido si se iba a adaptar.  Y es otro mundo. Es una realidad virtual, donde el trabajador se pone ese casco y este en un taller virtual donde está soldando. Y tienen una ventaja no menor. En un área donde todos quieren hacer el curso de soldadura porque hay una demanda muy grande, no necesariamente todos tienen la habilidad manual para ser soldador. Este sistema detecta todas las fallas cometidas y si se tiene o no habilidades  para ese oficio, sin mayores costos. Se le da la tranquilidad al trabajador que puede practicar y cometer errores sin riesgo para él o terceros. Está un tiempo en una capacitación teórica práctica con simuladores y después pasa a la realidad de un taller físico y comienza a soldar.  Genera algo que para mí es fantástico: poner a los trabajadores en otro nivel  de formación.  Lo mismo ocurre con el simulador de Torre Grúa, donde generás el ambiente de trabajo que querés, con viento, lluvia, y en qué intensidad.  Todas las variantes que se pueden ocurrir. Y, otro detalle no menor, ninguno de los dos programas deja avanzar al trabajador sino cumple con todas las normas de seguridad. Se crea una alarma y no puede pasar al otro nivel. Esto va creando en el trabajador un hábito de cumplir con todas las normas de seguridad. Ahora estamos analizando la formación a distancia, ver qué cursos podemos adaptar y qué sistema podemos utilizar para crear un aula virtual y capacitar a trabajadores que está, por ejemplo, en Quebracho.  El teórico por aula virtual y que el docente solo se traslade para las prácticas.  La idea es llegar a todos lados en el momento que exista la demanda. 

 

Productividad

 

Hablemos de la relación entre capacitación y productividad, otro de los temas que está en la agenda del sector.

Independientemente del sector, Uruguay tiene problemas de productividad y competitividad. La solución de la productividad no pasa técnicamente por una sola solución. El que piense así está equivocado, porque es una cuestión multicausal. Hay varios componentes. Uno de ellos es si se necesita mejorar la gestión de una obra o incorporar equipamiento y tecnología, hay que tener capacitación. Hace diez años la productividad era una palabra prohibida en Uruguay, porque se asociaba a un régimen de trabajo esclavo. Se hablaba de mejorar los niveles de producción y no de productividad.  Yo viví esa discusión. Y la productividad no necesariamente implica un esfuerzo mayor del trabajador. Se puede hacer lo mismo, trabajar lo mismo, si mejoro los procedimientos y la gestión. Hay muchos factores. Obviamente que en un proceso donde está involucrado el trabajador, este tiene que poner parte de sí, pero todo va enrabado. Hay que tener en claro que debemos mejorar ese aspecto. Después nos quejamos si vienen trabajadores extranjeros.

 

Hace poco un documento del Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción daba cuenta que la productividad había caído un 20% en comparación a 1995.

Sí, es ponerle un número a algo que todos sabemos que pasa. El tema es cómo seguimos para adelante y qué tenemos que hacer para que eso mejore. El salario en la construcción fue el que más creció por encima de los salarios reales y las condiciones de trabajo mejoraron sustancialmente, entonces ¿por qué cayó la productividad? Mi visión es que, y aclaro que la caída de la productividad no es exclusividad de la construcción, se perdió lo que el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Ernesto Murro, ha denominado `la cultura del trabajo´.  Es decir, la preocupación de hacer las cosas bien, sea en el trabajo que sea. Es un tema más profundo y hay que sentare a pensar soluciones para revertir esta situación en todos los ámbitos. Pero en lo que compete al sector de la construcción, y ahora que nombramos el estudio del CEEIC, acá se hace estudios sin poder acceder a toda la información que posee el Estado. Los organismos que tiene la información para poder hacer un análisis real de la situación no la brindan. Si no quieren dar nombres de empresas o de trabajadores, en el caso del BPS, está bien. No identifiquemos, ni empresas ni trabajadores, procesemos los datos y que se brinden los números, los resultados. Eso sacaría de arriba de la mesa cualquier discusión sobre si el porcentaje de caída está bien o está mal, o si tal o cual  hipótesis es la correcta. Es un tema que va más allá del gobierno de turno, es un tema de Estado. Si se libera, si se comparte esa información, se demuestra como país que se está trabajando con seriedad sobre el tema.

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