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La séptima ronda de consejos de salarios comenzó el 2 de abril con 15 grupos que vencieron los primeros meses del año. El Ministerio de Trabajo ya coordinó con empresarios y sindicatos para que el grueso de los consejos que vencen en junio, unos 176 grupos, inicien su negociación entre abril y mayo, dado que es un año de mucha actividad. Del Constructor conversó con el director Nacional de Trabajo, Jorge Mesa, y el presidente del SUNCA, Daniel Diverio, sobre el posible escenario en el sector.

El lunes 2 de abril, Uruguay ingresó en la ronda de negociación colectiva pública y privada más grande de su historia.  En esa primera instancia se convocaron a los 15 consejos de salarios del sector privado que ya vencieron: industria láctea, tejido de punto, remise, bancos, procesadoras, tarjetas de crédito y fideicomisos, sectores rurales (el grupo madre, citricultura, arándanos, aves, suinos y apicultura), transporte urbano y suburbano de pasajeros y zonas francas.

En esta séptima ronda de negociación se convocó al sector público para escuchar las aspiraciones de los distintos sindicatos para comenzar a planificar la negociación de la Rendición de Cuentas que es la última de este período. De los 227 consejos de salarios que funcionarán en 2018, la mayor cantidad tienen vencimiento en el mes de junio. “Encontramos buena voluntad por parte de las cámaras empresariales y del PIT-CNT para iniciar la negociación antes del vencimiento de los respectivos convenios”, sostuvo el ministro Murro.

En diálogo con la Secretaría de Comunicación Institucional de Presidencia de la República, el ministro aseguró que la negociación se centrará en dos preocupaciones y ocupaciones del gobierno: el empleo y la mejora de los salarios. Esto incluirá además: formación profesional de trabajadores y empresarios, Sistema de Cuidados, prevención de conflictos, productividad, acceso a nuevos derechos (cultura, transporte, turismo social) y cláusulas de género.

Murro recordó que la evaluación de las seis rondas anteriores de negociación (2005 al 2017) fue muy positiva, con resultados generales buenos para el país, con 15 años de crecimiento de la economía. “En esos 15 años, hay 13 de nuestro gobierno y 13 de negociación colectiva. Creo que no es una casualidad sino una coincidencia fruto de las políticas llevadas adelante, donde se decidió que el desarrollo debía ser con negociación colectiva y en ese camino queremos seguir”, indicó Murro.

 

Cautela 

El jerarca dijo que escuchó “reacciones razonables y cautas” tanto de empresarios como de trabajadores por lo que espera tener una buena instancia. “Tendremos mucho trabajo. Nos estamos preparando, fortaleciendo y capacitando al personal y ampliando salas de funcionamiento de los consejos de salarios para tener todo pronto de parte del ministerio, además de proporcionar indicadores para facilitar la negociación”, argumentó. 

Por otro lado, el titular del Ministerio de Trabajo reconoció que “los indicadores de empleo son una preocupación y ocupación del gobierno, compartida con las cámaras empresariales y el PIT-CNT”. Para el jerarca, esta definición implica compatibilizar el crecimiento del salario real con la necesidad de crear puestos de trabajo, tratar de que la masa salarial acompañe el crecimiento de la economía, con salarios diferenciales para trabajadores de menores ingresos y atención a las situaciones de las empresas.

Por otro lado, añadió Murro, las metas incluyen la protección de las mejoras salariales de los últimos 13 años y la promoción de otros aspectos laborales en los ámbitos de negociación colectiva en áreas como relaciones laborales, derechos y obligaciones y sostenibilidad de las empresas. El ministro subrayó que por primera vez fue efectuada una consulta previa a la ronda de negociación colectiva, por la cual seis cámaras empresariales y el PIT-CNT enviaron sus propuestas. En marzo se reunieron dos veces para profundizar el diálogo respecto a los documentos.

 

La propuesta del gobierno

La propuesta del Poder Ejecutivo presentada el pasado 13 de marzo se incluye aumentos semestrales del salario mínimo nacional que en enero de 2019 se ubicará en 15.000 pesos. Hasta la última ronda de negociación colectiva, los aumentos eran anuales.

Los lineamientos generales proponen acuerdos a 24 o 30 meses como mínimo, con ajustes semestrales o anuales en caso de que las partes así lo acuerden. Los aumentos propuestos para el primer año, según la calificación establecida para cada sector, son de 6,5% (sector en problemas), 7, 5% (sector medio) y 8,5% (sector dinámico). El segundo año serán de 6, 7 y 8 %, respectivamente, y para el último semestre o tercer año 5, 6 y 7 %.

Las pautas incluyen un correctivo a 18 meses de vigencia de los convenios y al término. Además, si en el primer año de la vigencia del convenio la inflación supera el 8,5%, podrá convocarse al Consejo de Salarios correspondiente, que podrá adelantar el correctivo. En caso de que la inflación medida en años móviles supere el 12%, al mes siguiente se aplicará un ajuste salarial por la diferencia entre la inflación acumulada y los ajustes salariales otorgados.

La propuesta del gobierno incorpora formación profesional y capacitación de trabajadores y empresarios, cláusulas de género en la totalidad de las negociaciones, protocolos de prevención de conflictos, seguridad y salud laboral, entre otros.

 

Las expectivas de la DINATRA

Por su parte, el, director Nacional de Trabajo, Jorge Mesa, dijo a Del Constructor que esta ronda de negociaciones es “la más grande privada y pública en conjunto, el fenómeno comenzó en el 2005 cuando se reinstalaron los Consejos de Salarios y se inició la negociación a nivel de los públicos, con el conjunto de sectores, pero con estas característica de tantas mesas de negociaciones y de tanto volumen nunca habíamos tenido”.

Consultado sobre los lineamientos presentados por el gobierno para este Consejo de Salarios, el jerarca sostuvo que “(los lineamientos) expresan con bastante claridad la visión que el Poder Ejecutivo tiene sobre la actual circunstancia. Los lineamientos tienen tres objetivos básicos. Uno es que no se pierda el salario real, que los niveles de salario real logrados no se pierdan. Este es un elemento importante porque, obviamente,  que hace a la calidad de vida de los trabajadores, pero también a los elementos de consumo interno que en buena parte han movido la calidad económica del país en diferentes rubros. El segundo objetivo es que se parte por diferencias en sectores económicos y por nivel salarial, por lo que se atiende especialmente a los salarios más bajos con algún porcentaje un poco mayor que en el conjunto. Y, por último, que los sectores económicos, vuelvan a tener la oportunidad de que los actores clasifiquen. Esta vez con un agregado de que vamos a poner una información pública al servicio de que los actores ubiquen al sector en el contexto que está viviendo con algunos datos objetivos, que contribuyan a la discusión”, dijo Mesa.    

En lo que respecta al sector de la construcción, y consultado sobre lo esgrimido por el SUNCA en cuanto a la cláusula de prevención de conflictos, específicamente ante la posibilidad de la construcción de una segunda planta de UPM, el director Nacional de Trabajo, dijo a Del Constructor que esa cláusula ya existe. “El sector ya tiene en el convenio que está vigente un protocolo de prevención de conflicto que, por lo menos para el sector, es innovador, bastante completo, y tiene un escalonamiento importante de convocatoria a ámbitos, incluido el Consejo de Salario, para resolver situaciones de conflicto. De hecho, un porcentaje importante de los conflictos en la industria de la construcción  se tratan con anterioridad a que se desarrollen medidas sindicales”, afirmó Mesa a Del Constructor.

Otro de los puntos consultados es cómo podrá ser esta negociación teniendo en cuenta que en el sector se han perdido más de 20 mil puestos de trabajo en los últimos años. “Tengo la impresión que ya los actores dieron cuenta de esa situación de la industria. En la negociación anterior se habló de eso y ellos tuvieron en cuenta el contexto en el que se movían. El contenido de ese acuerdo demuestra que se era consciente de la situación de la industria. Creo en la madurez del sector por una larga historia de negociación colectiva para recoger estos elementos actuales, por lo que esperamos que los contenidos de esta nueva negociación van a dar cuenta de esta situación”.

 

La posición del Sunca

Por su parte, el presidente del Sunca, Daniel Diverio, calificó esta nueva negociación como “más general e integral”, debido a que es la ronda de Consejos de Salarios más grande de la historia del país. “Para nosotros, particularmente, es muy importante la defensa de los Consejos de Salarios como una de la herramientas fundamentales que hemos tenido los trabajadores para poder generar mejores condiciones  y por supuesto, también, de recuperación salarial. Es cierto que específicamente, en la construcción, cuando no había convocatoria a Consejos de Salarios en la década del 90 hasta el 2006, nosotros logramos mantener la negociación colectiva porque había una cultura en este sentido de las dos partes, tanto de las cámaras empresariales como de nuestro sindicato. Pero,  independientemente de eso, desde instalada la ley de negociación colectiva, ha sido otro el escenario donde, también, se puede plantear otros temas. Además, es un escenario donde legítimamente las partes van a defender sus intereses, pero a la vez ver en conjunto cómo podemos mejorar y avanzar en las distintas propuestas”, afirmó el sindicalista a Del Constructor.

Diverio también se refirió a la caída de puestos de trabajo en el sector que llegó a tener en 2013 más de 70.000 trabajadores cotizantes. En la actualidad, el sector tiene entre 40.000 y 45.000 trabajadores inscriptos en el Banco de Previsión Social. “Hay expectativa de que se mantenga este nivel de ocupación. Por lo menos es lo que se vislumbra, pero tenemos claro de que no estamos en la misma situación que en el 2013 y también tenemos claro que no estamos en el escenario del 2002 que apenas teníamos 15.000 trabajadores”.

Al respecto, y consultado sobre lo esgrimido por las cámaras empresariales sobre que no podrá ser sustantivo el aumento de la masa salarial, sostuvo que “nosotros haremos nuestro planteo siendo conscientes de que no estamos en aquel registro histórico de trabajadores en el sector, pero también sabemos que no estamos en una situación de crisis para la industria ni caótica. Hay que ver que cuando en el 2008 nosotros hablábamos de una reducción de la jornada, que no es un elemento menor, teníamos unos 40.000 trabajadores en la industria. Significa que con esa ocupación el sector tenía una musculatura importante. Cuando dicen que la industria hoy está en crisis es un planteo que no está acorde con la realidad, ni con la historia del sector. El promedio histórico es de 35.000 trabajadores y hoy estamos por encima de los 40.000 trabajadores”.

No obstante, Diverio dijo que Sunca está preocupado por la pérdida de casi 20.000 puestos de trabajo desde el 2013 a la fecha. “Hasta el 2013 hubo una fuerte inversión extranjera en el Uruguay, mucha de ella destinada a la construcción, fundamentalmente en el mercado inmobiliario, en parques eólicos y en la construcción de cientos de silos para guardar granos que fueron construidos por los trabajadores. A eso hay que sumarle una fuerte inversión pública y la obra de Montes del Plata que llegó a tener 7.000 trabajadores. Eso explica el crecimiento importante del sector. Ahora, nuestro objetivo es ver cómo generamos la posibilidad de que esos miles de compañeros que hoy están desocupados, muchos de ellos  provenían de otras industrias, por ejemplo, fábricas que cerraron, encontraron en la construcción una salida laboral. Nosotros también estamos discutiendo, y nos sumamos a lo que plantea el PIT-CNT, que se debe discutir profundamente  lo que es realmente la diversificación de la matriz productiva para generar puestos de trabajo que sean mucho más calificados. Para esto hay que hacer un esfuerzo más grande en inversión en nuevas tecnologías y capacitación, para encontrar un salida en lo laboral”, señalo el presidente del Sunca.      

Por último, Diverio se refirió a la posibilidad de la instalación de una segunda planta de UPM. “Bienvenida la inversión. Hay que generar puestos de trabajo, pero nosotros pusimos sobre la mesa de negociación tripartita dos o tres elementos que nos parecen claves. La primera es que cualquier inversión que aterrice en el Uruguay tiene que tener los controles ambientales necesarios. En segundo lugar, debe cumplir la normativa de seguridad e higiene y, por último, respetar los derechos conquistados por los trabajadores”.

 

La visión empresarial 

Por su parte, el presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay (CCU), Ignacio Otegui, consultado sobre la ronda de negociación que comenzará en julio, dijo  a Informativo Sarandí que “no están en condiciones de aumentar los salarios que ya son buenos”. Si bien aclaró que no se planteará una rebaja salarial “la industria no puede y el país no debe seguir aumentando los salarios”.

Consultado sobre el pedido de aumento salarial que, seguramente, el sindicato realizará en la próxima ronda de Consejos de Salarios, respondió a los colegas de Informativo Sarandí: “¿Sabe cuánto gana un obrero de la construcción? 60.000 pesos. Los sueldos son los que son. Cuando vienen las cosas favorables, uno los aumenta. Pero cuando las cosas están de punta… Yo no los quiero rebajar, pero no puedo subirlos más”.

Sostuvo además que la industria de la construcción perdió el 20% de la productividad en los últimos 15 años, y recordó: “llegamos a tener 73.000 trabajadores directamente en obra y hoy estamos en 41.200”. “Estamos en niveles de actividad parecidos a la década del 90”, afirmó.

 Otegui agregó que existen “tres motores” en la industria de la construcción. “Uno es la obra privada no vinculada a la vivienda, que en los últimos siete u ocho años, ha sido el principal motor. El segundo es la obra pública que tuvo una caída en sus niveles de actividad en los últimos dos años. El último motor es la obra privada vinculada a la vivienda. Esto es el 100% de la industria que en el 2017 representó el 9.2% del  PBI nacional. Somos el tercer sector de la economía uruguaya en invertir, más allá de que tenemos tres años seguidos de contracción, lo que generó la caída del PBI y del empleo. Esta situación no tiene muy preocupados porque el escenario que vemos para este año, en el mejor de los casos, es similar al del 2017. Estimamos que este año habrá un 45% de obra privada no vinculada a la vivienda, un 35% de obra pública y un 25% de obra privada vinculada a la vivienda, cuando hace seis años se había alcanzado el 31%”, señaló el presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay.

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En entrevista con Del Constructor, el dirigente gremial del Sindicato Único de la Construcción y Afines (SUNCA), Óscar Andrade, se refirió al actual nivel de empleo en el sector y señaló que se espera un repunte moderado para el segundo semestre del próximo año. Otro de los puntos abordados fue el acuerdo alcanzado de la primera fase entre el gobierno y UPM para la instalación de una segunda planta de la empresa. Para el sindicalista se trata de una inversión importante y que, por ende, genera un impacto positivo en el sector, aunque, advirtió “no es la salvación para el Uruguay”.

Se mostró crítico, además, en algunos beneficios otorgados por el gobierno a la empresa finlandesa y fustigó el acuerdo bipartito alcanzado en puntos donde el PIT-CNT había demostrado su disconformidad, especialmente en lo que refiere al porcentaje de mano de obra nacional que debe ser contratada para la mega obra. Esto, afirmó, podría llevar a obstaculizar un futuro acuerdo en la segunda fase del proyecto. Por último, expuso su posición con respecto a la denuncia elevada por las cámaras empresariales del Uruguay a la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

 

¿Qué balance hacen desde el SUNCA de este 2017?

Para la industria de la construcción este es un año meseta. De hecho, podemos hablar de dieciocho meses de meseta en términos del empleo, en un nivel de actividad que no es malo comparado con niveles históricos. O sea, hoy la industria está entre 44.000 y 46.000 trabajadores registrados a la Seguridad Social y esta relación podría ser hasta positiva si la comparamos con el período de la década del 90 donde había entre 30.000 y 35.000 trabajadores y llegando a 40.000 trabajadores entre el 2005 y el 2008. El momento más dramático fue la crisis del 2002 con 15.000 trabajadores registrados.  Pero decimos que estamos en una meseta si comparamos la actualidad de esos 46.000 trabajadores actuales, cuando tuvimos en el período 2011 al 2014 entre 65.000 y 70.000 trabajadores.

 

Pero eso fue un pico histórico. 

De acuerdo, pero la percepción que nos queda es la de ese pico histórico. El trabajador que estaba en la industria, en ese período,  hoy no tiene trabajo.  Hoy tenemos la misma cantidad de trabajadores que había en el 2010, pero no es la misma percepción que en ese año. En el 2010 veníamos avanzando en cantidad de trabajo, de puestos de trabajo, y sufrimos un cimbronazo. Escuché que hay preocupación por el tema del empleo –Uruguay está entre el 7% y 8% de desempleo- y creemos que la industria de la construcción es un tema clave para atender el empleo, porque es el sector que más puestos de trabajo genera en relación a cada peso que se invierte.  Pero además porque tiene otras características como un fuerte encadenamiento productivo, un impacto muy fuerte en el mercado interno y la posibilidad de colocarse fácilmente en cualquier parte del país. Es una industria, además, que tiene la lógica de que lo que se produce se necesita, tanto para vivienda, infraestructura productiva y turística. Entonces, parece sensato que ubiquemos en un lugar de privilegio la industria de la construcción en el próximo presupuesto nacional. Y no porque la inversión pública puede resolver  lo que la inversión privada no aporta. De hecho, la inversión privada son dos tercios del total de la industria en el país, pero la inversión pública puede hacer fuerza. A la vez que Uruguay se prepara para una temporada turística que parece ser una de las más grandes de la historia  y este componente siempre ayuda a que la inversión en la costa tome más impulso.  Ahora, las perspectiva del sector, sabiendo que es muy difícil hacer cualquier pronóstico, porque cualquier situación que se de en Argentina, en Brasil, e incluso en el mundo con el grado de transnacionalización que tiene la economía, puede impactar de manera negativa, es que esta meseta se mantendría y habría la posibilidad de pensar en un crecimiento moderado en la cantidad de puestos de trabajo, para el segundo semestre del 2018.

 

El impacto de UPM

¿Cómo impacta en el sector la posibilidad de instalación de esta segunda planta de UPM?

Si se concreta la inversión, es una inversión importante porque genera un impacto para la construcción indiscutible por, al menos, dos años y medio, y además por todas las obras conexas que tienen que ver con la planta.  No hay duda que para la industria de la construcción es un componente importante. Cualquier obra que se instale, y que ocupe a cien, ciento cincuenta trabajadores, ya es importante. Y una obra que ocuparía algunos miles de trabajadores, en su pico puede rondar los cinco mil trabajadores cuando coincida el montaje electromecánico con la obra civil, tiene evidentemente un impacto fuerte. Tampoco es la salvación del Uruguay. En esto hay que matizar en el sentido de decir `¿es positivo? Sí es positivo. ¿Potencialmente puede dejar cosas para el Uruguay? Sí, pero depende también de cómo se discutan´. Me refiero a qué paso tendrá la mano de obra nacional en esta obra.

 

El porcentaje de mano de obra nacional es uno de los temas que está en discusión ante la eventual instalación de esta segunda planta.

Claro, hay que ver cómo se puede especificar para que la red de proveedores nacionales sea la más intensa, de cómo planificar la formación nacional para que la mano de obra local sea importante en el proyecto, o de como los contratos internos ayudan al desarrollo nacional. Hay empresas que han participado en este tipo de proyectos y han logrado resultados muy importantes, y hay empresas que pueden quedar tecleando en obras de este tipo porque son, en general, contratos muy exigentes. Potencialmente hay un conjunto de posibilidades que habría que desarrollar, y hay que tener en claro que del otro lado de la empresa, no tenés una organización de caridad que tienen como objetivo el desarrollo del Uruguay. Tenés una empresa capitalista que cuanto más ganancias pueda sacar, mejor. Tiene una lógica que todo lo que pueda tensionar desde el punto de vista tributario lo va a hacer. Esto es parte de la lógica. El problema ahí es cómo nos paramos en esa negociación. Creo que si nos paramos en esa negociación es pensando que la salvación mundial es que venga UPM, es una forma que te deja poco margen para luego poner exigencias.

 

Malestar por acuerdo bilateral 

¿Y cómo cree que se paró el gobierno en esta negociación?

No he hecho un análisis fino de todo el convenio. Lo leí, pero no ahondé aún en la parte fiscal y tributaria y en comparación con otros proyectos de otras plantas.  Pareciera que ahí no está el gran problema, más allá de que no me da ninguna gracia que haya que hacer un montón de renuncias fiscales para que puedan venir. Esa es un poco la regla del capitalismo que impone esa lógica en toda América Latina.  La CEPAL explica con mucha claridad que en esta relación entre estas empresas que aportan muy poco  y se llevan mucho desde el punto de vista del producto, está una de las explicaciones de por qué América Latina es uno de los continentes más desigual. Sin entrar es esto, sí nos parece que se han dado señales que son negativas. Somos de la idea que haber avanzado en forma bipartita en aspectos que en el tripartismo, en la negociación en la que participó el PIT-CNT se entendía como inconvenientes, va a dificultar una segunda etapa de la negociación, porque delimita la cancha de manera innecesaria.

 

¿Cuáles serían esos aspectos de la negociación?

Voy a poner algunos ejemplos. En nuestra opinión no hay razones para que la forma en que se mide la presencia de mano de obra  nacional, cambia lo que han sido experiencias en la plantas anteriores, donde cada empresa que se instalaba se les exigía, como mínimo, como contrapartida que está en la ley de Zonas Francas que el 75% de los trabajadores sea mano de obra nacional.  Acá hay un cambio en el acuerdo que hace el gobierno con UPM, donde se dice que se va a medir globalmente ese 75% y no a cada empresa que se instale.

Esto genera una dificultad, porque todos sabemos que las plantas de este tipo tienen un primer momento donde el 100% es mano de obra nacional durante el primer año y medio, cuando se hace toda la obra civil. Cuando empieza el montaje electromecánico, la condición de participación de mano de obra nacional podría ser nula, porque ya se viene con un año y medio o dos de participación al 100% de mano de obra nacional. Pero este no fue el criterio tomado en cuenta para las plantas anteriores y además ese punto estuvo en la negociación y lo rechazamos. ¿Con qué criterio se adopta una forma de medir la mano de obra nacional que el movimiento nacional la rechazó en la negociación? Se puede decir que sobre este tema hay diferencias y que lo seguiremos discutiendo, pero no llegar a un acuerdo con una de las partes, el gobierno, y dejar a la otra parte, el PIT-CNT, afuera, eso claramente va a entorpecer  la negociación. Es evidente que las partes que negociaron esto, gobierno y UPM, sabe cuál es la postura del movimiento sindical.  Y después hay cosas muy confusas. Sigo sin entender cuál es la ley que hay que cambiar para que los factores meteorológicos afecten la productividad. ¿Cuál es la norma que entorpece o favorece que los factores meteorológicos afecten la productividad de la empresa? Hasta ahora nadie nos ha explicado a qué refiere esto. Además, puesto así, da para muchos tipos de especulaciones en un contrato laboral que tiene que dar previsibilidad y cosas muy claras.

Lo mismo con respecto a la prevención de conflictos. Las partes tienen que trabajar en acordar la prevención de conflictos. Nos parece bien. Ahora, si vamos a poner qué cosas hay que regular, mucho más hay que regular los despidos arbitrarios, el aporte a la Seguridad Social, a la violación de los derechos laborales de las empresas y a la represión sindical. No se puede hablar de piquetes y ocupaciones como lo único que cuenta en prevención de conflictos. Si se quiere discutir seriamente  este tema, discutamos porqué se originan los conflictos.  Y los conflictos no se originan porque un día se despertó de mal humor un dirigente sindical y se le ocurrió ocupar una planta. Los conflictos se originan en situaciones donde mayoritariamente  tienen las violaciones laborales como elemento principal.

Esta redacción fue propuesta al movimiento sindical y fue rechazada. Luego aparece, esta misma redacción,  en el acuerdo bilateral. Entonces. Como método, nos parece equivocado.                         

 

El enfrentamiento con la OIT

Hablando de negociaciones bipartitas y tripartitas, sigue el litigio con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) luego de la denuncia de las cámaras empresariales.

Increíblemente la OIT, en el mismo momento que coloca información acerca de que Uruguay es el país de la región donde más se ha mejorado la calidad de puestos de trabajo en los últimos doce años, cede a las presiones de las empresariales globales de AIM  y asume que el caso uruguayo merece ser considerado por el Comité de Libertades Sindicales, con la posibilidad de ubicar a Uruguay en una lista negra de países que violan derechos y libertades. Creo, además, que es la primera vez en la historia que son las empresas que llevan este tema a la OIT. Los que siempre colocan las denuncias son  los sindicatos. En este caso, es una denuncia contra el gobierno, pero claramente es contra los derechos sociales y laborales. Pero, además, con un segundo aspecto en la recomendación que sería una catástrofe para el Uruguay en su ingeniería de relaciones laborales. Y me refiero a la retroactividad de los convenios.

Un sindicato, cualquier sindicato de la industria que, por ejemplo, en el 2005  logró un 1% de presentismo y en el 2007 logró un 2% que se le pague por antigüedad, y después en el 2009 logró 50 pesos de viático,  en el concepto que está colocada la retroactividad, en el momento que termina el convenio, caen todos estos beneficios. Cae todo lo que se haya conquistado en los últimos cincuenta años y hasta que no exista un nuevo convenio que refrende todo esas conquistas, inexorablemente caen. Para los sindicatos fuertes esto capaz que no es demasiado problema, porque tienen cierta capacidad para reafirmar todos los beneficios anteriores, pero para los sindicatos débiles, esto es veneno. Termina la negociación y a los quince días ya dejaste de cobrar cinco o seis cosas que estaban en el recibo y van a negociar en una condición de mucha debilidad. Mantener los beneficios pasará a ser una tortura.

Claramente trastoca la relación entre las partes y deja en una condición de muchísima debilidad a los trabajadores. Hay, diríamos, viento en la camiseta por parte de las cámaras empresariales por las reformas laborales en curso en Brasil y Argentina, que son más duras, aún, en condiciones de trabajo y de derechos  que las que existieron en la propia dictadura y el neoliberalismo, con un intento de volver a las condiciones laborales del siglo XIX. Nadie piensa que en Uruguay  se va a aplicar una norma de este tipo sin un conflicto de mucha intensidad en el país.

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En una extensa entrevista con Del Constructor, el dirigente gremial del Sindicato Único Nacional de la Construcción y Afines (SUNCA), Óscar Andrade, se refirió a la situación de la construcción, la probabilidad de una mayor inversión en obra pública y a los desafíos que plantea la innovación tecnológica y los nuevos sistemas constructivos para el sector.

También reflexionó sobre reducir la dependencia  con la inversión extranjera y a la polémica, y conflicto generado, por el tema de diferendo en el cálculo de la licencia para los trabajadores del sector.

 

¿En qué situación se encuentra hoy la construcción?

Tengo la impresión de que hay auspicios de que este año va a ser, por distintas circunstancias, y de hecho tuvimos reuniones con los distintos jefes comunales de las intendencias más importantes para la construcción como Montevideo y Canelones, para ver la situación de evolución de obras previstas para este año, y hay un incremento con respecto a años anteriores. Pareciera que en el 2017 y 2018 se concentraría una parte importante de la obra pública según los anuncios del Poder Ejecutivo. Por lo tanto, este es un impacto que jugaría a favor. Otro elemento es que tuvimos una temporada turística excepcional. En general, la construcción es un sector que es sensible al turismo. La decisión de invertir o no invertir en la zona costera, donde se explica una parte de la actividad del nivel de industria, en general depende de otras actividades que están vinculadas. Y un tercer componente es que Uruguay viene demostrando una fortaleza inédita con respecto a los países vecinos, Argentina y Brasil.  Nos encontramos por primera vez, en la historia económica del Uruguay por lo menos en los últimos sesenta años,  que no acompañamos los vaivenes de la región. No había forma, hasta ahora, que el desempeño económico de Uruguay no estuviera relacionado a los vaivenes, sobre todo, de Argentina. Eso ha cambiado por varias razones. Sobre todo por la diversificación de mercados que ha hecho Uruguay. Argentina viene de una caída pronunciada, por lo menos durante tres años consecutivos, al igual que Brasil, y Uruguay ha demostrado en esos años un crecimiento económico. Hoy elcomercio con Argentina representa un tercio de lo que representaba.  La situación de Argentina hoy si se hubiera dado con la relación de dependencia económica que teníamos con ellos en el 99 y en el 2000, estaríamos en una situación extremadamente compleja desde el punto de vista económico y seguramente social.  Por eso esto es una clara demostración de fortaleza. La industria de la construcción, en general, no depende de sí misma, depende de terceros. No hay posibilidad de desacople, de que le vaya bien,  sino le va bien a otros sectores.  Otro componente, si se concreta, es la tercera planta de celulosa.  Y no solamente por la construcción en sí de la planta, que ya es un factor importante, sino por todas las obras conexas. Lo que sería el ferrocarril y alojamientos, por ejemplo. Este tipo de obra ha demostrado un fuerte impacto en la construcción y las actividades relacionadas con ella. También tenemos que pensar en lograr que la participación de las empresas y de mano de obra nacional sea del máximo posible. Hay también una necesidad de equilibrio entre los plazos de obra y una necesidad de desarrollo nacional que hay que encontrar. Esto es una de las claves para pensar el impacto de desarrollo de una inversión de estas características. 

 

En algunas localidades, que se han manejado como posibles destinos de esta tercera planta, hay mucha expectativa en la población.

Claro, porque este tipo de inversiones tiene fuertes encadenamientos productivos. Pero cuidado, tampoco que ocurra lo que muestra la película “El baño del Papa”. Es cierto que en algún pico de actividad de la construcción de la planta puede dar trabajo a miles de trabajadores, pero tampoco pensar que es una tabla de salvación. Si tuvimos 70 mil trabajadores y hoy tenemos 50 mil, no va a haber 20 mil trabajadores que van a trabajar en la planta de celulosa.

 

El sector tuvo un registro histórico de unos 73 mil trabajadores cotizantes en el BPS. Ha bajado 20 mil puestos de trabajo. ¿El SUNCA es consciente que va a ser difícil retornar a ese guarismo?

Sí, claramente. Ese pico tuvo que ver con que la inversión de Montes del Plata estaba en el máximo de su nivel de actividad. Simultáneamente teníamos un boom de inversión en Punta del este, un boom de inversión en la franja costera de Montevideo, un boom de inversión en la obra pública, como la fibra óptica, y simultáneamente teníamos un boom de inversión en toda la nueva demanda de la industria de la construcción que tenía con ver con silos, puertos y logística vinculada al desarrollo del sector agropecuario, en materia de rutas. Esos motores de la industria de la construcción estaban a un 150% a mediados del 2014. Ahora es muy complejo pensar, por lo menos en un breve plazo, que esas condiciones se vuelvan a dar. A mediano y largo plazo si Uruguay calza un modelo de desarrollo productivo de transformaciones más profundas y la matriz productiva se desarrolla mucho, y si los grandes problemas demográficos que tenemos comienzan a revertirse con corriente migratorias que tienen una demanda de vivienda fuerte, ahí la industria de la construcción  va a acompañar. Pero eso podrá ser a mediano y largo plazo. Pero una industria que tuvo un nivel de actividad del ´85 a 2000 entre 30 mil y 35 mil puestos de trabajo, en el mejor de los casos 40 mil, es muy difícil pensar que tenga, en breve, más de 60 mil trabajadores cotizantes. Sí creo que, probablemente, estemos en una circunstancia de que nos ubiquemos entre los 50 mil y 60 mil puestos de trabajo en los próximos dos años.  Esto es un pronóstico relativo. Las circunstancias actuales demuestran que Uruguay se ha desacoplado de la recesión regional. Pero este desacople es en  parte, porque veníamos con tasas de crecimiento muy altas, y si bien sigue en alta, es mucho menor. No estamos ni cerca del escenario dantesco de Argentina y Brasil, pero tampoco estamos en las mismas circunstancias del 2014, donde se podían atender demandas sociales con otra agilidad.

 

Reducir la dependencia

¿Para mantener cierto nivel de actividad en la construcción qué falta? ¿Más obra pública, otro incentivo para el desarrollo de las viviendas de interés nacional?

Falta todo. La inversión pública jugó un papel relevante en casi un tercio de la actividad de la industria. En algunos casos, cuando la demanda privada es muy baja ha llegado al 35%, pero es claro que siendo importante no es el único factor. Sin embargo, todo ayuda. Es más, la obra municipal, que no tiene el impacto de la obra pública nacional, es un elemento muy importante en muchos lugares del interior. Pongámosle que una obra municipal da trabajo a quince, veinte personas, son quince o veinte familias que de no existir esa inversión, de repente tendrían que emigrar a un asentamiento en la periferia de Montevideo.  La construcción tiene una fuerte importancia económica y también una fuerte importancia social.  Hay que mantener esa fortaleza de la que hablaba, pero sin renunciar a las conquistas sociales. Este es un dato muy importante para que la inversión extranjera directa se pueda mantener. También pienso que hay que ir a un proceso donde reduzcamos la dependencia de la inversión extranjera directa y tengamos más posibilidades, que la inversión nacional  nos dé más soberanía. De lo contrario, estamos prendiendo velas a lo que pueda pasar. Es bueno pensar en un proceso donde en forma relativa vayamos cortando niveles de dependencia. Y si la inversión extranjera se mantiene, tomarlo como un plus. Sobre todo para una industria de este tamaño. Es obvio que esto tiene que ver con una demanda de trabajo, pero no se agota en eso.  El desarrollo productivo de la industria depende de múltiples variables.  Depende de la formación profesional,  de la incorporación de tecnología, de que pensemos los procesos de calidad a la alta. Y ese tipo de variables es muy difícil de hacerlo si la construcción entra en condiciones de caída y de inestabilidad. Para todos los actores que estamos en la industria de la construcción es muy difícil pensar en capacitar si un empresario comienza una obra y a los tres meses no sabe si la va a continuar. Ahora, si los niveles de demanda se sostienen en el tiempo, los procesos productivos de calidad serán más fáciles de desarrollar.  Tener apuntalada la industria de la construcción tienen que ver con componentes que son sociales. Es la industria que más trabajo genera en relación a cada peso  que se invierte,  que se puede colocar fácilmente en todo el país, que tiene un efecto cascada en los pequeños comercios y que para ingresar al sector no se requiere mayor calificación y, por tanto, absorbe  mano de obra de otras ramas de actividades. O sea, la construcción tiene que ver con componentes económicos y sociales, pero también productivos. Sostenerla tiene que ver con un concepto de desarrollo productivo que es el único que un país, del tamaño de Uruguay, puede tener: a la alta y a la especialización en calidad. Hace poco escuché al ministro de Economía de Paraguay ofreciendo a su país por el lado de la no preocupación por el medio ambiente y bajo costos salariales.  Por escala, si tomamos ese camino de costos bajos, no vamos a competir con nadie.

 

Muchos empresarios de la construcción ven a Paraguay como un mercado seductor para invertir. 

Sí, pero los indicadores sociales de Paraguay son un desastre. El resultado de esas circunstancias para los paraguayos es un desastre. Puede ser un negocio a corto plazo para una inversión, pero termina ahí.

 

Esos empresarios argumentan que en Uruguay el costo salarial, leyes sociales incluidas, es muy alto.

La industria de la construcción, salario más leyes sociales, según datos del Banco Central 2015, representan casi un 18% y un 50% de componentes de insumos y materiales. La construcción tiene tres factores que explican su caída.  La decisión de no sostener los niveles de inversión que existían en las empresas públicas, la caída de Montes del Plata y la caída de la inversión en Punta del Este. Y puedo asegurar que la caída de la inversión en Punta del Este no tiene que ver con los salarios.  Es el lugar donde el salario incide menos en el metro cuadrado. O sea, en un metro cuadrado que vale cinco mil dólares en Punta del Este, el salario incide muy poco. No llega al 17% de los datos del Banco Central.  En general, la caída de la actividad fue por otras razones en Punta del Este. Una fue la gran recesión que tuvo Argentina. Otra, según argumentan algunos, es la decisión de Uruguay de compartir información tributaria de manera de combatir el delito de lavado de dinero vinculado al narcotráfico. Si esto es así, a mí no me preocupa. Yo no quiero trabajo en la construcción que se vincule con apuntalar el narcotráfico en otro país. Increíblemente hay opiniones políticas que defienden que no importa qué origen tengan los capitales, que Uruguay debería mirar para el costado. No comparto para nada esa idea. Es una actitud poco digna y poco ética.  Por eso digo que, si nos ponemos a analizar, no es el salario el componente principal de la dificultad en la industria. Además no quiero una industria que le ofrezca a los trabajadores salarios que no le permitan una vida digna.

 

Avances tecnológicos y desafíos

¿Qué posición tiene el SUNCA ante las nuevas tecnologías de construcción donde se necesita menos mano de obra?

Es cierto que los avances constructivos quitan mano de obra. Esto ocurre porque estamos organizados como sociedad de espalda al sentido común. Tengo en claro que no es un problema del Uruguay, ni de los empresarios del Uruguay.  No puede ser que cada vez que tenemos un cambio tecnológico, en vez de estar alegres porque nos permitiría sacar  al mismo  en menos horas y en mejores condiciones,  el trabajador se entristece porque otros compañeros quedan sin trabajo. Esto no es racional. Uno tendría que darle la bienvenida a los cambios tecnológicos.  Y pensar, a nivel mundial, que en vez de trabajar ocho horas, se trabajen seis horas. Esto es un debate más profundo.  Nosotros lo hicimos en el 2008, 2009, cuando bajamos en Uruguay de 48 horas a 44 horas.  Y la discusión de la reducción de la jornada laboral, que no generó ninguna catástrofe en la construcción,  tiene que ver con eso. Hace 25 años, una torre de diez pisos llevaba determinadas horas de trabajo, ahora se hace en la mitad de tiempo y con la mitad de trabajadores. Esto está relacionado con el tema de la productividad en la construcción.  He visto informes sobre el papel de la competitividad en el sector con los que no estoy de acuerdo. Hay datos de la Encuesta Continua de Hogares que marcaban que la construcción representaba poco más del 4% de la estructura productiva del Uruguay hace 11 años. Hoy representa un poco más del doble. Ahora el PBI uruguayo pasó de 15 mil millones a más de 50 mil millones. Entonces es muy relativo decir que es un sector que representa números dramáticos desde el punto de vista de la competitividad. Creo que no es justo esta afirmación.  

 

Ahora que nombra productividad y competitividad, ¿hay acuerdo sobre estos temas con las cámaras empresariales?

Nosotros tenemos una preocupación que, creo, es compartida.  Lo que hemos intentado hacer son esfuerzos por estudios compartidos, y no solo sobre este tema, sino también sobre el tema de la conflictividad. En un momento dijimos: tenemos dos miradas, interpretaciones de la realidad, que son opuestas. Y por eso trabajamos en ese sentido. Nosotros reclamamos más formación profesional y, de hecho,  empezamos este año un sistema de formación profesional que pondere, a la hora de realizar esos cursos, una cultura del trabajo y el presentismo, que haga esfuerzo por ensanchar las capacidades de formación y aprendizaje en los oficios. Ojalá sigamos teniendo una revalorización de las tareas que le dé una estructura diferente y ordene la industria de la construcción para  profesionalizarla y generar certificación de competencia.  Y que tengamos con las cámaras empresariales una  política en común para incorporación de tecnología e innovación en la industria. Esta es una apuesta que hay que hacer, sino difícilmente peguemos el salto.

 

Conflicto por licencias

Hace poco hubo un conflicto por la diferencia de dos días en el cálculo de la licencia. ¿En qué situación quedó el tema?

Hace poco menos de un año se publicó en un medio de prensa que el BPS nos calculaba mal la licencia y que en función de eso había que recortar la licencia y el vacacional. Y esto lo trataba de explicar por el déficit en el 2014 y el 2015 en el Fondo de Reserva con el que se paga la licencia y el vacacional en la construcción.  Y si bien esos dos años tuvo déficit, solamente se encuentra déficit entre lo que recauda el BPS de los empresarios para pagar licencia y salario vacacional  entre tres de los últimos 24 años. En todos los demás dio superávit el BPS. El balance en términos reales de relación ingresos y egresos es ampliamente favorable al BPS. Nuestra primera discusión es que no tiene sentido tomar una decisión apresurada con un fundamento que es falso. No se puede decir que se tomó una decisión para atender un déficit, cuando ese déficit no existe.  El superávit actual,  permitiría que aun sosteniendo déficit, cosa que no creemos que ocurra en los próximos años en la industria, tendría que darse diez años de déficit de corrido.

 

¿Pero qué generó ese déficit en el 2014 y 2015?

Lo que ocurrió fue que en el momento del aumento de salario  hubo un cambio de categoría, acordado en los Consejos de Salarios, y el BPS recaudó sobre una categoría y cuando tuvo que pagar la licencia en diciembre, tuvo que pagar sobre otra categoría. Eso no va a ocurrir, porque no se va a cambiar de categoría. Otro elemento es que no hay  ningún privilegio inadmisible. Yo trabajé en el medio rural y si un trabajador es efectivo en el medio rural trabajando en una quinta  y trabaja todo el año, aunque muchos días del año no pueda trabajar por lluvia, cuando sale de licencia, sale con veinte días.  Eso que pasa en la construcción lo establece la ley de licencia. Dice que los jornales que pierde el trabajador por causas ajenas, no computables a él, tienen que considerarse como días trabajados. Ese escándalo, esa propuesta absurda, de recortarte un derecho por algo ajeno al trabajador, es un disparate. La ley de licencia es clara al respecto. Nosotros presentamos estos argumentos y algunos medios salieron a decir que el sindicato estaba presionando. Poco más que éramos una horda de inadaptados. Lo que dijimos es que no hay argumentos porque es superavitario y porque la ley de licencia así lo establece. Ahora estamos en una mesa de negociación abierta que se va a extender hasta junio. Pensamos que se tiene que resolver con racionabilidad.

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Finalmente, tras las movilizaciones del sindicato de la construcción, el Directorio del Banco de Previsión Social postergó el tratamiento de una resolución que hubiese modificado la forma de calcular las licencias en la construcción que iba a ser aprobada con los votos de los cuatro directores que representan al Poder Ejecutivo.

El representante de los trabajadores en el directorio del BPS, Ramón Ruiz,  informó a El País que la decisión se adoptó por unanimidad y que se conformará un ámbito de negociación para buscar una solución.

El BPS había detectado inconsistencias en la metodología de cálculos de las licencias y había resuelto adoptar medidas para revertir el déficit que se había generado en este servicio. Su presidente Heber Galli había explicado a El País que se apuntaba a “mejorar lo que recaudamos y racionalizar lo que pagamos”. En los dos últimos años el servicio de pago de estas prestaciones había arrojado pérdidas por unos $ 300 millones anuales y el BPS esperaba que la situación se repitiera en en el 2017.

 

El conflicto

Estaba previsto que se subiera de 28 a 28,6% el aporte de las empresas porque se detectó que no existía una alícuota específica para financiar las licencias por antigüedad, explicó Galli. Y estaba previsto cambiar los criterios para calcular las licencias. La intención del BPS era pasar a considerar 20 días de licencia cada 223 días trabajados. Hoy se consideran 20 días cada 216 trabajados.

Pero el Sunca denunció hace dos semanas que el proyecto de resolución supondría una caída de entre 8,64% y 9,4% en los montos pagados de licencias y de salarios vacacionales.

 

La visión del Sunca

El dirigente del Sunca, Óscar Andrade, señaló entonces que “lo insólito de esta decisión, que además parece que se va a tomar a ritmo de vértigo, es que el fundamento es que lo que se recauda por parte del BPS para pagar licencias es insuficiente y un fundamento muy frágil porque de los últimos 14 años, en 12 años esta recaudación dio superávit y el  superávit global supera los $ 920 millones”.

En la Comisión de Legislación del Trabajo de la Cámara de Representantes, Andrade dijo que “a nosotros nos presentan una propuesta que establece que si esto se hubiese aplicado en 2015, de 967.953 jornales pasaríamos a generar 884.309.

De aplicarse eso en 2015, hubiéramos pasado de que apenas algo más de un 17% de los trabajadores de la construcción que hoy llega a los veinte días de licencia a un 13% de trabajadores de la construcción que llega a los veinte días de licencia. Si se aplica esta propuesta, nosotros tendríamos que crecer en un 9,48% la cantidad de jornales para recuperar la cantidad de jornales perdidos con esta iniciativa”.

 

Recortes

Según datos aportados por el representante sindical, el año de mayor cantidad de jornales promedio de quien trabajó todo el año se llegó a 204.

“Hoy se nos calculan los veinte días de licencia por 216 jornales. Y en ese marco se plantea un recorte en un fondo que es superavitario y sin contemplar que hubo una reducción del aporte patronal considerable de cerca de una cuarta parte a partir de 2004. Tampoco se considera que hubo un convenio colectivo que habla de agotar las instancias de negociación. Las posibilidades de que Rentas Generales deba cubrir la licencia y el salario vacacional de la construcción son cero”, aseguró. 

También dijo que lo que ha recaudado el fondo de reserva creado por ley es superior a lo que pagó el fondo.

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“Cada cien pesos que se invierten en la industria de la construcción, solo 17 pesos equivale al salario de los trabajadores”

 

La situación que atravesó el sector durante este año y lo que se espera para el 2017, fueron algunos de los puntos abordados por Marcelo Díaz, encargado de Prensa y Propaganda del Sindicado Único Nacional de la Construcción  y Afines (SUNCA).  El dirigente gremial se refirió a la pérdida de puestos en la industria, aunque recalcó que se ha frenado la caída y que, actualmente, se está en una “especie de meseta”.

Una de las causas del descenso de puestos de trabajo ha sido la migración de capitales, extranjeros y nacionales, a otros mercados como el paraguayo, así como el avance de la tecnología y los nuevos procesos de construcción.  De todas formas, el sindicato espera una reactivación en el primer cuatrimestre del 2017, teniendo en cuenta el anuncio de la instalación de una nueva planta de celulosa. Por último, Díaz se refirió a la productividad, donde no hay acuerdo entre cámaras empresariales y sindicato, al señalar que el diferendo es un tema “conceptual” y ahí radica la diferencia con la visión que tiene el empresariado al respecto. 

Como balance de este 2016, Marcelo Díaz dijo que “ha sido un año bastante complejo en función de la caída de los puestos de trabajo, dentro de un contexto de recesión económica en América Latina. En ese sentido, no hemos sido la excepción, pero también podemos decir que una de las causas de esta situación en nuestro país ha sido la fuga de capitales de inversión, tanto extranjeros como nacionales. Creo, y esto lo digo a modo personal, que estamos en una etapa de especulación. Varias ramas de la actividad están pasando por una situación compleja. Esto explica la caída de puestos de trabajo en la construcción. Hoy estamos en una suerte de meseta, donde se ha frenado la caída de puestos de empleo registrada meses atrás”..

El integrante del SUNCA agregó que muchos inversores, inclusive empresas nacionales, optaron por otros mercados, como es el caso del Paraguay. “Hay empresas nacionales que no se fueron del país, pero sí se fueron a invertir a otros países. Por ejemplo, Paraguay está pasando por un auge de la construcción”, señaló. Y descartó de plano que el costo de la masa salarial, tal como aducen algunos empresarios, sea uno de los motivos. “Eso no es así. Los números están clarísimos. Por cada cien pesos que se invierten en la industria de la construcción, solo 17 pesos llegan a significar en salarios del trabajador.  El 52% de esos cien pesos corresponde a materia prima que se utiliza. Hoy se mantiene todavía una condición de plusvalía importante, de mantener una rentabilidad en función de la inversión que se hace. Está claro que en Paraguay, y sin desmerecer a los trabajadores de ese país, están hoy en una situación muy compleja. No tienen organización, ni condiciones de pelear por una mejor distribución de la riqueza que se genera a partir del trabajo que generan ellos mismos. Actualmente nosotros estamos discutiendo que hay condiciones para mantener los niveles salariales que estamos teniendo y, puntualmente ubicar la condición de poder discutir en estos Consejos de Salarios una mejora salarial. No se puede hablar de una crisis en el sector, sí de un enlentecimiento de la economía del país porque hay inversores que invierten donde su capital le da más rédito”.   

 

Lo que se espera

En este aspecto, y en coincidencia con otros sectores de la industria, Díaz dijo que actualmente se está cerca de los 48 mil trabajadores aportantes al Banco de Previsión Social (BPS) y que la pérdida ronda los 10.000 puestos de trabajo. Recordó además que en 2013 se registró un record histórico de 73.000 trabajadores, respaldados en algunas obras de gran porte como la construcción de la planta de celulosa de UPM.  “Estamos de acuerdo que es muy difícil llegar a esa cifra de trabajadores en la industria. Al menos, no se ve a mediano plazo ese tipo de inversión para alcanzar esos números. Pero también tenemos que decir que seguimos manteniendo un nivel histórico de compañeros dentro de la rama de la construcción, a sabiendas que la industria ha cambiado mucho en tecnología y en procesos de construcción.  El avance de la tecnología ha llevado a menos puestos de trabajo y esos procesos de construcción son muchos más acelerados”, señaló.

Otro de los temas planteados fue la reactivación del sector de cara al próximo año. Para el dirigente gremial, es probable que para el primer cuatrimestre del 2017 empiecen a verse mejoras en materia de inversión. “Creemos que puede haber alguna inversión que haga crecer el sector. Estamos pensando en la nueva planta de celulosa, por ejemplo. También aspiramos a la inversión pública en obra pública, pero estamos de acuerdo que, si no se puede en este momento por la situación, vengan privados a invertir en el sector público y en infraestructura. De lo contrario, seríamos unos necios”, afirmó Díaz.

En cuanto a la productividad, dijo que el tema es “conceptual”, dejando en claro las diferencias con las cámaras empresariales. “Para nosotros la productividad no significa tener más producción solamente. Significa mucho más: invertir en capacitación, generar infraestructura y, sobre todo, condiciones laborales que permitan generar esa medición que es la productividad. Puntualmente, es un tema donde cada uno tiene su librito en función de sus intereses. Y nosotros tenemos el nuestro, lo vamos a defender y estamos dispuestos a dialogar como siempre y encontrarle una vía que sea favorable para ambas partes. Estamos dispuestos a discutir el tema productividad, pero no producción que genere más explotación.  Por eso digo que la capacitación de la mano de obra es algo central para nosotros. La mano de obra debe ser cada vez más calificada. Estos son los ejes centrales. Después tenemos algunas diferencias en cuanto a cómo tomamos cada una de las partes lo que es la productividad. El sector empresarial tiene como concepto de productividad generar más producción en el mismo horario de trabajo. Nosotros decimos que estamos en condiciones de generar acuerdos, siempre y cuando se contemplen mejoras para los trabajadores.  Lo primero para nosotros es la capacitación y, en segundo lugar, si hay una riqueza generada en función de nuestro trabajo, pretendemos una equidad a la hora degenerarse los niveles de productividad que se pretende en la industria.

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