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Según la lista confeccionada por la revista especializada Arquitectura y Diseño, éstos son los quince edificios que, si tuviéramos la oportunidad, deberíamos visitar para ver cómo la arquitectura y el arte se conjugan, dejando en claro el talento de algunos de los arquitectos seleccionados.

 

Ópera de Sidney. El símbolo de una ciudad y la obra cumbre de un arquitecto pueden también convertirse en su ruina. Sucedió con la ópera de Jørn Utzon (1973) frente a la Bahía de Sidney. Convertida hoy en la Torre Eiffel australiana, tras una lucha titánica de las cambiantes administraciones locales y el arquitecto danés, este murió sin volver a visitarla.

 

Biblioteca pública de Seattle. Rem Koolhaas trata de reinventar cada tipología que trabaja. Esta biblioteca (2004) funciona como un parking: uno desciende o asciende una rampa escalonada buscando libros. Pero, luminoso y abierto, su salón de lectura es plural y complejo como una ciudad.

 

Biblioteca España, Medellín (Colombia). Las tres rocas de la biblioteca de Giancarlo Mazzanti (2007) renovaron este barrio de autoconstrucción. Le dieron espacio público para sus habitantes, un modelo de ciudad y un mirador con fama mundial. La vida callejera y el metro-cable han transformado la colonia.

 

Taliesin West, Scottsdale (Arizona). Habiendo seducido a la gran metrópolis, Frank Lloyd Wright se enamoró del desierto. Su casa-escuela Taliesin West (1937) es una lección de superación, ingenio y trabajo en equipo que demuestra que la obsesión puede vencer a los pocos medios para que la arquitectura supere cualquier dificultad. Mejor que ningún otro edificio, retrata al propio Wright.

 

Millenium Park, Chicago. Un gran aparcamiento transformado en un festival de las artes. El auditorio abierto de Frank Gehry convive con los labios que derraman agua de Jaume Plensa para refrescar a los niños. La mágica Cloud de Anish Kapoor refleja la ciudad y engulle al visitante. Al nuevo Art Institute de Renzo Piano se llega por una rampa.

 

Pabellón Mies van der Rohe, Barcelona. Que la abstracción puede ser concreta, la frialdad seductora, lo sencillo complejo y lo pequeño grande lo demuestra la disposición de los grandes planos de vidrio, agua y minerales de esta pequeña joya levantada en Barcelona para representar a Alemania en la Exposición de 1929.

 

Unité d’Habitation, Marsella. Este edificio de apartamentos (1952), con una planta de tiendas y levantado del suelo para dejar espacio a un jardín demuestra que el Le Corbusier más expresivo ya se escondía en esta azotea ideada para la convivencia de los vecinos.

 

Museo Guggenheim, Bilbao. Fue la gran oportunidad de Frank Gehry para lograr lo que siempre quiso hacer. Tras 1997, todos sus edificios parecen hijos de este museo. Las formas y los materiales pertenecen a una construcción que alteró su tipología, la trayectoria del arquitecto y el destino de la ciudad.

 

Centro Pompidou, París. Cómo una broma en un concurso puede convertirse en una visión del futuro. En 1968 Richard Rogers y Renzo Piano eran dos hippies que querían ser modernos. Recurrieron a la estética tubular del arte pop y aterrizaron un extraterrestre en el corazón de París, una máquina cultural que todavía sorprende.

 

SESC Pompeia, San Pablo.  La densidad en el lugar del juego, la osadía para pensar diferente y el respeto por la cultura autóctona se dan cita en la gran obra de Lina Bo Bardi (1986). Como la mejor arquitectura, este edificio de ventanas como agujeros imperfectos y rampas entre pistas deportivas escapa a su retrato.

 

Joyerias Schullin, Viena.  Que Dios está en los detalles lo anunció Flaubert y lo recordó Mies van der Rohe, pero hasta los postmodernos como Hans Hollein lo aprendieron. Dos décadas de joyerías en el centro de Viena –haciendo de cada una de ellas una propia joya– y el hecho de que pervivan hablan de cultura con ambición mayúscula.

 

Tate Modern, Londres. Un gran vacío como espacio para el arte contemporáneo, pero también para el visitante del siglo XXI. Herzog & De Meuron cambiaron con este edificio (2000) la idea de la restauración de los edificios industriales, la orilla sur de Londres, el futuro de los museos y el de su propia ambición como arquitectos.

 

Torre Chrysler, Nueva York. Este edificio déco de William Van Alen (1928) es el rascacielos en su mejor versión. Nadie ha cambiado su nombre, aunque hace años que dejó de pertenecer a quien lo encargó. Nueva York no sería lo mismo sin su silueta coronada por llantas de coche. Representó a una empresa, pero contribuyó a crear una ciudad.

 

Cementerio de Estocolmo. El cementerio que Erik Gunnar Asplund y Sigurd Lewerentz sembraron a las afueras de Estocolmo en 1915 no escapa hacia la vida eterna, mantiene vivo el lugar de los muertos.

 

Madrid Río. Burgos & Garrido Arquitectos, Porras & La Casta y Rubio & Alvarez Sala permitieron que los madrileños paseen a la sombra de los pinos donde antes había una autovía.

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El estudio de arquitectura iraní NextOffice se ha propuesto crear una vivienda de líneas armoniosas que trasmita paz y serenidad a sus habitantes. El lugar elegido fue Guyim -una aldea en el distrito rural de Derak, en el distrito central del condado de Shiraz, provincia de Fars, en Irán- y el principal desafío en este proyecto ha sido encontrar la fórmula para implantar el sistema estructural de arco cuádruple iraní, con el fin de crear un prisma homogéneo y a la vez distribuir los interiores en diferentes espacios al mismo tiempo.

Las primeras interrogantes surgieron de los propios responsables del proyecto. ¿Podrían estas cúpulas como estructuras en sí mismas dar lugar a una variedad de espacios comunes y privados dentro de una casa? ¿Qué cualidades tendrían estas estancias?

Sin embargo, estudios médicos sostienen que las formas sinuosas, biomorfas, nos acercan más a la naturaleza curvilínea de nuestros cuerpos y, por ende, nos hacen sentir más felices, protegidos y relajados.

En el caso de este proyecto, en el que las paredes se levantan en arcos para crear volúmenes en forma de cúpula y crean varias concavidades donde relajarse y aislarse del resto de inquilinos de la casa, estos refugios interiores son, sin duda, espacios de recogimiento y relajación profunda.

Los límites flexibles entre el interior y el exterior en los dos niveles tienen una forma diferente y trabajan estructuralmente juntos para formar un todo con varios niveles de privacidad.

En la planta baja, las medias cúpulas crean espacios cerrados y semi-cerrados con sus arcos hacia atrás. Un cubo de vidrio envuelve la sala de estar, el vestidor, la cocina y las áreas intermedias, fluyendo hacia el jardín. En el primer piso, las tres medias cúpulas se enfrentan unas a otras creando un patio central hundido entre ellas, generando habitaciones que dan a dicho patio. Por su parte, las losas que forman la construcción en diferentes arcadas se manipulan de tal modo que se convierten en una cúpula.

 

Técnicas ancestrales

Este proyecto se basa en el uso (y disfrute) de técnicas ancestrales utilizadas en la arquitectura iraní.

Estas referencias, ya sean técnicas de construcción antiguas, materiales originales o la relación entre arquitectura y naturaleza, hacen que el pasado esté bien presente.

El principal desafío de los autores del proyecto fue encontrar una manera de implantar el sistema estructural tradicional iraní Chartaqi para crear un cubo que integre diferentes ambientes en un mismo espacio. El Chartaqi, o Chahartaq, fue un elemento distinguido en la arquitectura iraní hace miles de años. Se usó para muchos propósitos tanto en estructuras seculares como religiosas y consistía en cuatro bóvedas rematadas por una cúpula.

Sobre la base de esta relación entre las diferentes estructuras, se colocan tres semi-bloques dentro de la casa en un ensamblaje adosado, dentro de una cubierta de vidrio cúbico, creando un espacio para una cocina, un baño cerca de la entrada y una habitación de invitados.

El espacio fluye entre los distintos elementos de media cúpula, transformando sinuosamente los interiores. Todos los ambientes mantienen un diálogo de tú a tú con los exteriores que también modifican las estancias, según el paisaje.

En el primer piso, las tres semi-cúpulas se enfrentan una a la otra, formando un patio “hundido” cerca de las habitaciones, lo que proporciona la privacidad y la intimidad que este piso reclama.

Las estructuras semi-abovedadas se ensamblan una encima de la otra, transmitiendo la carga estructural de un piso a otro, basándose en el sistema estructural Chartaqi. Este sistema forma un volumen espacial híbrido, que se encuentra a medio camino entre la forma cúbica y los elementos en forma de cúpula.

De esta manera, rectas y curvas se suceden para dar forma y solidez a una casa donde la luz, el aire, las vistas y las diferentes habitaciones fluyen naturalmente. Todo ello con solo dos materiales, ladrillos de barro cocido y vidrio.

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Los arquitectos Chris y Fei Tang Precht, del Studio Precht, radicado en Austria, diseñaron un prototipo como un sistema de construcción modular con todas sus piezas prefabricadas y ensambladas. El prototipo de "casa en el árbol" de madera tiene forma de periscopio. Las casas forman parte del proyecto ecológico que lleva a cabo la empresa Baumbau, especializada en proyectos pequeños y casas en los árboles, según informó la revista ARQ.

El concepto fue llamado por sus creadores como un conjunto de casas modulares que llamaron Bert. Se trata de un proyecto conceptual ligado a la idea de una "casa del árbol" enmarcada por el propio bosque. Bert se concibe como un sistema de construcción modular con todas sus piezas prefabricadas y ensambladas.

A lo largo de su vida útil, el proyecto se puede extender a lo alto y a lo ancho, agregando nuevos módulos. La casa posee paneles solares en el techo, un inodoro de composta y una instalación de tratamiento de agua en la planta baja. El diseño de los Precht recuerda la experiencia de trepar árboles y construir refugios, proponiendo una experiencia tridimensional de la naturaleza.

"¿Cómo se imaginarían los niños una casa del árbol?", pregunta Fei Tang y se responde: "Como arquitectos, no importa si somos jóvenes o viejos, tenemos un niño interior que mira el mundo con alegría y curiosidad. Esa curiosidad nos hace querer explorar, experimentar y crear. Esa misma curiosidad dio a luz a Bert. En lugar de un edificio convencional, queríamos crear una casa original y única, que se convirtiera en parte de la vida silvestre de un bosque", comentó y agregó: "esto permite crear sentimientos y emociones".

Bert se basa en la idea de una arquitectura inmersa en el clima y definida culturalmente.

"Sabemos que las propuestas como Bert no son una respuesta a gran escala, pero creo que, como industria, debemos atrevernos a probar y a experimentar mirando hacia un futuro más diverso para nuestras ciudades", dijo Chris Precht.

El sistema modular de Bert se diseñó para facilitar la demanda de un cliente en tiempo real. El cliente puede informarle a los arquitectos el esquema deseado, como dormitorios, cocina, sala de estar, biblioteca y baño, partiendo de esto, los profesionales proponen diferentes variantes con toda la información de costos. Los interiores  están intencionalmente hechos para ser más oscuros, creando una atmósfera acogedora. Las tejuelas que revisten el exterior se asemejan a hojas de árboles intencionalmente. Se mantienen en varios tonos de marrón para mezclar las estructuras con el fondo natural. Se espera que las primeras casas se desarrollen en la primavera de 2020.

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Un informe de la periodista Sofía Soláns, para la revista Arquitectura y Diseño, da cuenta que el mundo de la arquitectura no es exclusividad de hombres. Y reseña a once mujeres arquitectas que se merecen el mencionado galardón. 

 

Tatiana Bilbao. Es en la actualidad la arquitecta mexicana con mayor proyección internacional, pues tiene obras repartidas por todo el mundo. Empezó su trayectoria en el campo urbanístico, lo que le sirvió para tomar conciencia de algunos de los graves problemas de las ciudades mexicanas y su impacto en el tejido social y económico. Además, Tatiana Bilbao reivindica una arquitectura con un estrecho compromiso con la sostenibilidad. Su trabajo es polifacético e innovador, centrado siempre en una construcción que resulte útil al usuario y que aprenda del entorno que la rodea. Sus obras huyen del ornamento y prefieren materiales puros que creen sensaciones por sí mismos; muestra de ello es su intervención en el Museo Rufino Tamayo. Ha firmado obras de referencia en la arquitectura de nuestro tiempo como la Casa Aijic o el Jardín Botánico de Culiacán. Es profesora en la Universidad de Columbia y ha recibido numerosos premios y condecoraciones.

 

Alison Brooks. Fundó su propio estudio en Londres en 1996 y desde entonces ha trabajado en proyectos que van desde la regeneración urbana hasta la vivienda. La obra de Alison Brooks tiene un lenguaje escultórico y potente, pero con un minucioso cuidado del detalle. En 2007 su estudio fue elegido para desarrollar el plan urbanístico de Newhall, en Reino Unido, toda una lección de buena arquitectura para un complicado proyecto a gran escala, que incluía 84 unidades con 5 tipologías de edificios diferentes. Ganó asimismo el concurso para realizar el cuadrilátero de la Universidad de Oxford, el primer edificio en esta universidad realizado por una mujer. Como teórica, en 2015 publicó el libro Synthesis: Culture and Context in early 2001, donde desarrolla algunos de los conceptos expuestos en sus conferencias. Su análisis se centra en la relación entre campo-ciudad y revisa los conceptos y transformaciones de la sociedad contemporánea.

 

Amanda Levete. Trabajó para Richard Rogers y llegó a ser socia del estudio Future System, cuyo trabajo radicalmente innovador se caracterizaba por la arquitectura orgánica y llegó a tener un gran impacto social. En 2009 fundó su propia firma, AL_A. En paralelo a su carrera como arquitecta escribe en diferentes publicaciones y da conferencias alrededor del mundo. Su arquitectura se caracteriza por la innovación y la tecnología que desarrolla junto a un equipo multidisciplinario de arquitectos, diseñadores gráficos e ingenieros. Entre sus obras destacan una impactante instalación que realizó para el Museo Victoria&Albert en Londres; mediante un programa de diseño paramétrico proyectó un gran arco de madera que vinculaba la entrada de la institución a la calle (más adelante se encargaría de la ampliación del mismo museo). Fuera del Reino Unido ha construido grandes proyectos como el Puente Spencer Dock en Dublín y el sinuoso y deslumbrante Museu de Arte, Arquitetura e Tecnologia en Lisboa.

 

Anna Heringer. Desde el proyecto BASE Habitat en la Universidad de Linz, donde imparte clases, participa en toda clase de proyectos de cooperación internacional. A pesar de ser alemana, el trabajo de Anna Heringer se centra principalmente en países como Bangladesh o Marruecos. Su arquitectura se interesa por la sostenibilidad, el desarrollo social y la artesanía local. Su proyecto de fin de carrera fue la Escuela METI en Rudrapur, que ha sido reconocida internacionalmente por ser capaz de lograr una obra contemporánea con materiales y técnicas sencillas y tradicionales. Le bastaron muros de tierra, paja, bambú y telas de saris para levantar el edificio que cuenta con un sistema de aprovechamiento bioclimático. Tras este éxito construyó la escuela para electricistas DESI, también en Rudrapur y el Centro de Capacitación para la Sostenibilidad en Marrakech. En los últimos años ha diseñado algunos de los edificios para la Bienal Internacional de Arquitectura en Bambú, en China, un evento en el que se invita a arquitectos para construir edificios habitables en un espacio cultural e históricamente estratégico.

 

 Carme Pinós. Pertenece a una generación en que las arquitectas eran minoría en España. Carme Pinós ha reconocido en numerosas ocasiones que su profesión es su vida y que para conseguir sus objetivos ha tenido que sacrificar y elegir. Se formó con Moneo y aprendió junto a Enric Miralles, junto al que construyó grandes proyectos. Cuando se separó de este último y creó su propio estudio, muchos olvidaron el papel decisivo de la arquitecta en el trabajo de ambos. Pinos pasó casi una década en el olvido hasta que reapareció dando conferencias alrededor del mundo, lo que le abrió las puertas de la construcción en países como México. Allí participó en el desarrollo de la ciudad de Guadalajara, levantando grandes rascacielos.

 

Denise Scott Brown. Resulta complicado resumir en unas líneas la dilatada experiencia profesional de esta arquitecta, urbanista, profesora y escritora. Sus ideas y proyectos han sido decisivos en la formación de millones de estudiantes de todo el mundo. Fue la socia de Robert Venturi y el cincuenta por ciento de sus logros arquitectónicos, aunque no siempre le fueron reconocidos. Es coautora de Aprendiendo de Las Vegas, una obra imprescindible en la estantería de cualquier arquitecto que analiza la dispersión urbana y el simbolismo de esta llamativa ciudad. De forma individual es una relevante figura del urbanismo. Ha escrito y asesorado para el emplazamiento del World Trade Center, el Valle del Bouregreg en Marruecos y la ciudad de Nueva Orleans. Dirigió el plan maestro de la Universidad de Pennsylvania y la de Michigan, entre otras. Ha ocupado cátedras de arquitectura y planeamiento en las universidades de Pennsylvania, Harvard, UCLA, UC Berkeley y Yale. Sin embargo, esta impresionante carrera profesional no fue suficiente para que en 1991 se le concediera junto a su socio, Robert Venturi, el premio Pritzker, que recayó individualmente en él. Brown no asistió a la ceremonia en señal de protesta, pero a nadie pareció importarle demasiado hasta que en 2013, Women in Design, una organización estudiantil de Harvard, inició un movimiento para que se le reconociera este galardón, sin éxito.

 

Yvone Farrel y Shelley McNamara. La firma irlandesa Grafton Architects es una de los pocos estudios de arquitectura de relevancia internacional en que sus socias son únicamente mujeres, Yvone Farrel y Shelley McNamara. Desde 1978 llevan trabajando en todas las escalas y programas de diseño, si bien su proyectos destacan sobre todo en edificios públicos y educativos tanto locales como internacionales. Ambas han desarrollado independientemente una carrera académica como profesoras en escuelas de arquitectura europeas y americanas. Su exitoso trabajo les ha llevado a recibir numerosos galardones como el premio World Building of the Year en 2008 por su edificio de la Universidad Bocconi en Milán, el Jane Drew en reconocimiento a su destacada contribución a la condición de la mujer en la arquitectura y el Premio RIBA en 2016 por su edificio de la Universidad de Ingeniería y Tecnología, en Lima. En 2017 fueron nombradas curadoras del 16 Bienal de Arquitectura de Venecia que se celebrará este año bajo el tema Freespace.

 

Jeane Gang. Desde 1997 dirige su propia oficina en Chicago, Gang Architects. Antes trabajó para OMA como arquitecto proyectista y jefe de diseño. Destacan sus proyectos de gran escala tanto residenciales como institucionales repartidos a lo largo de Estados Unidos. Sus trabajos son, según sus palabras, “un medio de activar respuestas a las situaciones contemporáneas en las experiencias humanas”. Una de sus obras más impactantes es el edificio Aqua Tower de Chicago. Un rascacielos de uso mixto con viviendas, estacionamientos, oficinas, hotel, áreas recreativas, deportivas, y jardines. La inteligencia intrínseca de esta obra permite crear una torre de 250 metros de altura que minimiza su impacto en el suelo y establece parámetros sostenibles y bioclimáticos. Su forma escultórica se inspira en los afloramientos de piedra caliza de la zona de los Grandes Lagos y establece una estrategia formal para maximizar las vistas y asegurar la sombra. El edificio  recibió el premio Emporis Skyscraper 2009 al rascacielos del año y fue finalista en 2010, para el premio Internacional Bianual Highrise.

 

Nathalie de Vries. Es directora y cofundadora de la firma internacional de arquitectura y planificación urbana MVRDV y presidenta de la Real Sociedad de Arquitectos Holandeses. Al terminar sus estudios de arquitectura trabajó en el estudio Mecanoo y en paralelo participó con sus actuales socios en el concurso para jóvenes arquitectos Europan donde ya destacaron ganando el primer premio con el proyecto Berlin Void. Hoy su estudio es uno de los más influyentes de la arquitectura contemporánea, logrando un lenguaje propio apoyado por un basto proceso de investigación que se va plasmando en diferentes publicaciones. MVRDV no deja indiferente a nadie. Su obra ha sido tan admirada como criticada en círculos especializados. Entre sus proyectos más destacados: las viviendas Wozoco para ancianos en Amsterdam, el Pabellón neerlandés para la Expo 2000, el Edificio Mirador en Madrid o la reciente Biblioteca Pública de Tianjin. Como docente imparte clases en diversas universidades alrededor del mundo y lo compagina con cargos institucionales e incluso públicos en su país de origen.

 

Odile Decq. Arquitecta y académica francesa, su trabajo aborda todas las escalas del diseño, desde objetos domésticos hasta proyectos de gran escala. Los diseños de Decq son todo un soplo de aire fresco. Lleno de vida y color, su estilo ha conseguido el reconocimiento internacional. Entre sus obras más relevantes se encuentran la Banca Popular de Rennes, el Museo de Arte Contemporáneo de Roma-MACRO, el Fondo Regional de Arte Contemporáneo en Rennes-FRAC y el restaurante de la Opera de Garnier en París. La enseñanza forma una parte esencial en la carrera de Decq. Desde 1992 es docente en la Ecole Spéciale d’Architecture de París, donde fue directora del departamento de arquitectura. En 2014 creó en Lyon el instituto de innovación y estrategias creativas en la arquitectura Confluencia. Es Caballero de la Legión de Honor, la más alta condecoración francesa. Entró a ser miembro internacional del Royal Institute of British Architects (RIBA) y después de una trayectoria de 35 años fue elegida la Mujer Arquitecta del Año.

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La percepción del espacio y la forma en que se percibe un edificio dentro de su entorno siempre son preocupaciones primordiales al diseñar un proyecto arquitectónico.

Para satisfacer estos intereses, un proyecto de intervención gráfica puede convertirse en un gran aliado para los arquitectos, convirtiendo el edificio en un punto de referencia que permite a los transeúntes interpretarlo con mayor claridad.

En esta ocasión, se seleccionaron tres ejemplos de proyectos que recibieron intervenciones gráficas realizadas por el estudio brasileño Nitsche Arquitectos, con el fin de explorar cómo el uso de colores y diferentes gráficas pueden potenciar aún más el lenguaje arquitectónico.

 

Edificio João Moura. La propiedad está ubicada en la calle João Moura, en lo profundo del valle que pasa a través de la avenida Sumaré. La calle João Moura es un enlace importante entre los barrios Vila Madalena y Pinheiros.

El edificio cuenta con una presencia destacada. Por esta razón, tratamos de prestar especial atención a la fachada norte y percibirla como un panel grande, compuesto por aberturas y pantallas coloridas'.

 

Empena Viva. Particularmente en Minhocão -la famosa carretera elevada de São Paulo-, las fachadas en blanco forman un conjunto impresionante de "lienzos vacíos", como si la carretera fuera una gran galería suspendida a escala metropolitana.

El proyecto, encomendado especialmente para el evento Virada Cultural 2015, impulsó esta posibilidad a través de la pintura de la fachada en blanco de 10 pisos y 10 metros de ancho del Edificio Paulo Theodoro.

 

Deconstrucción civil. Se trata de un edificio de viviendas para estudiantes, en el que las fachadas se distinguen por un ritmo organizado y repetitivo de balcones, una característica cada vez más común en los nuevos desarrollos del mercado inmobiliario. La intervención aprovecha este ritmo, dando al edificio una simple pintura en blanco y negro. Al principio, el diseño refuerza esta disposición construida, resaltando las líneas horizontales.

Sin embargo, a medida que la pintura se extiende sobre las fachadas, la estabilidad de esta disposición se transforma radicalmente.

Los trazos en varias orientaciones dan la impresión de una superficie arrugada, rota y deconstruida. Irónicamente, la pintura niega sus propios antecedentes y subvierte la arquitectura del edificio.

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