Considerado como uno de los barrios más densos del país, Koreatown, ubicado al sur del centro de Los Ángeles, en Estados Unidos, está a la vanguardia de los modos cambiantes de la vida urbana contemporánea. El diseño del estudio Lorcan O’Herlihy Architects (LOHA) para Mariposa1038 juega con la densidad de esta creciente área con un cubo puro construido para ajustarse bien a su terreno, y luego se forma para devolver el gesto a la calle pública y al contexto circundante. Para difuminar la distinción entre las esferas pública y privada, LOHA empujó el cubo hacia adentro en cada uno de sus lados, creando curvas que otorgan alivio a la acera y devuelven partes del plano de tierra al ámbito público. La forma ligeramente curva de este complejo de departamentos fue la clave para bautizarlo con el nombre Mariposa.

Este proyecto de LOHA surgió ante de la necesidad de crear viviendas accesibles en esta zona. LOHA trabajó con la idea de crear un complejo que permitiera maximizar el espacio residencial sin necesidad de desplazar el espacio público.  El resultado es este complejo sencillo pero elegante. El edificio de 32 unidades de 21 metros cuadrados cada una. El arquitecto dobló las cuatro fachadas hacia el interior para crear un espacio de protección entre el exterior y el bloque de departamentos.

En la planta baja, en tanto, en el espacio frente a la elevación que da a la calle se colocaron maceteros de concreto. Arriba, capuchas de metal plegado sobresalen de las fachadas, enmarcando ventanas y balcones.

Como detalle especial, las fachadas están cubiertas de estuco blanco, y las campanas de metal se alternan entre blanco y negro, lo que le brinda una profundidad y un carácter que cambia a medida que el sol y las sombras se mueven durante el día.

En el interior, las sutiles curvas del exterior se reflejan en un patio central, que cuenta con una gran sembradora que actúa como una zona de captación de agua de lluvia y está delimitada por bancos de madera incorporados. En las terrazas se colocaron macetas y asientos para aprovechar las atractivas vistas a la ciudad de Los Ángeles.

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En entrevista con Del Constructor, el arquitecto Fernando Pereira Figuerón, quien asumió como presidente de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay (SAU) el pasado 10 de octubre, se refirió al rol del arquitecto en la actualidad y analizó la situación de Uruguay a nivel arquitectónico y urbanístico. En este contexto, el profesional afirmó que “Montevideo es extraña en el sentido de que tiene una tasa de crecimiento muy baja o constante, y se sigue liberando suelo, urbanizando, y no densificando fuertemente con una estrategia”. Además se refirió al tema de viviendas abandonadas y abogó por la necesidad de definir qué es el estado de abandono de una construcción, para, de esa manera, articular medidas legales que permitan intervenirlas en beneficio del barrio o de toda la ciudad.

 

La Sociedad de Arquitectos del Uruguay fue creada hace 104 años y, de hecho, es más antigua que la Facultad de Arquitectura, hoy Facultad de Arquitectura Diseño y Urbanismo (FADU). ¿Cómo definiría el rol de la SAU?

La SAU tiene una rica historia. Siempre se caracterizó por haber sido muy inquieta en cuanto a la comunicación sobre la arquitectura, la generación de proyectos y la difusión entre arquitectos de cuestiones relacionadas con la práctica de la profesión. Actualmente la SAU participa de una serie de instituciones, como el Comité UNIT, el Congreso de Intendentes y las comisiones de Patrimonio que asesoran a la Intendencia de Montevideo en distintos barrios de la capital. Contamos además con delegados en todo el país. Por lo tanto, territorialmente también es una institución que tiene representación. Eso la hace muy rica en cuanto a la posibilidad de firmar convenios como, por ejemplo, los que tenemos con la Corporación  Nacional para el Desarrollo o con el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. Ahí es donde la SAU aporta la posibilidad de que colegas que están en el interior puedan hacerse cargo de tareas de diversos tipos en el marco de estos convenios. 

 

¿Y el rol del arquitecto?  Para el imaginario colectivo, a veces, se la asocia con una profesión que está divorciada de la realidad, sobre todo en ciudades que se expanden rápidamente.

Creo que, en particular, en el momento que hoy atravesamos siento, y esto es a título personal, que estamos un poco divorciados en cuanto a la generación de contenido crítico que aporte a un enriquecimiento de las opiniones y de la información que existe sobre las distintas ciudades, sobre los temas de ordenamiento territorial, sobre los temas de calidades a nivel edilicio.

La arquitectura podría estar mucho más en el tapete y en discusión como, por ejemplo, pasa en Europa, donde las alcaldías y los municipios generan estrategias para poner en discusión temas relacionados a la arquitectura y al urbanismo. Hay en Uruguay un divorcio de qué se puede hacer en términos arquitectónicos y urbanísticos a nivel profesional en esas áreas y la discusión pública de estos temas, donde se profundice y enriquezca con aportes de la sociedad toda y de los técnicos. A veces me parece que los arquitectos estamos un poco ausentes de esa discusión o de poder liderar los temas para ponerlos en el tapete.

 

Ciudad en expansión

Montevideo es una ciudad que se ha expandido hacia la periferia digamos una forma no muy amigable, bastante desordenada. 

Montevideo es extraña en el sentido de que tiene una tasa de crecimiento muy baja o constante, y se sigue liberando suelo, urbanizando, y no densificando fuertemente con una estrategia. A los montevideanos, y no sé por qué, nos cuesta el tema de la altura, el tema de la densificación. Y además ha habido, en los últimos veinte años, fenómenos de ocupación de terrenos, de marginación de determinada población que, al final, esa población accede, por algún mecanismo, a la adquisición del terreno. Entonces, una situación que era informal pasa a ser formal dentro del ámbito metropolitano. 

 

Lo que hace mucho más difícil planificar la ciudad.

Todos sabemos que eso no es un buen negocio a largo plazo. Después, hay que llevar infraestructura de todo tipo, sea la cultural, la de ocio, la infraestructura educativa, la gubernamental y la económica financiera. Todo este tipo de infraestructura ya está localizada en el ámbito de los barrios que llamamos consolidados. Se pueden hacer muchas cosas consolidándolos aún más a esos barrios y densificándolos, y frenar un poco ese inagotable derrame de la ciudad a nivel metropolitano. Y, sobre todo, eso es lo que ha contribuido también a un fenómeno de segregación social.

O sea, la población de menos recursos está en las periferias y la que puede pagar un alquiler o comprar una vivienda, está ubicada en la zona central de la ciudad, con barrios absolutamente vacíos prácticamente, como la Aguada, Cordón y Ciudad Vieja.

Algunas estrategias se han implementado en los últimos diez o quince años, como ser las viviendas de promoción social, las cooperativas de ayuda mutua, pero hay muchos padrones con fincas abandonadas y con deudas. Como sociedad habría que tener una respuesta bastante más ágil y rápida para decir `señor, si usted no usa esta vivienda, alguien puede hacer uso de esto´. De esta manera, se frenaría esa expansión.

 

Viviendas accesibles

Usted hacía referencia a algunos convenios de la SAU con organismos del Estado. El arquitecto chileno Alejandro Aravena, Premio Pritzker 2016, recibió una propuesta del Ministerio de Vivienda de su país para proyectar viviendas con un buen nivel de confort y a precios muy accesibles. ¿Eso se podría hacer en Uruguay?

 

Yo creo que se podría llegar a hacer. Y creo, además, que sería sano -aún teniendo restricciones de costos- que los arquitectos pudiésemos desarrollar  la investigación y diseño proyectual para encajar esa ecuación de costos dentro de determinadas calidades arquitectónicas. Y creo, además, que en una contienda de llamado a concursos y de elaboración de ideas de forma abierta, se podría tener un enriquecimiento de ese tema. En este tema de los concursos de proyecto la SAU tiene una experiencia y aportes históricos fundamentales para gestionarlos. Nuestra historia arquitectónica y urbana da cuenta que edificios importantísimos, dentro de Montevideo y otras ciudades del interior, han sido fruto de una compulsa de proyectos con todas las garantías y, que, han resultado determinantes en la construccion de nuestro patrimonio tangible.       

 

¿Cómo se logra un balance justo entre la expansión urbanística, los grandes capitales con proyectos de mega obras y preservar, a la vez, el patrimonio arquitectónico?

En el tema de patrimonio se ha avanzado muchísimo en los últimos años. Incluso, hoy la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo tiene un posgrado respecto a Patrimonio. Históricamente nuestra formación se ha caracterizado por mirar lo nuevo y proponer edificios novedosos y de gran calidad. En ese marco se desarrolla un Art Decó en Montevideo y en alguna ciudad del interior de un nivel muy rico. Pero el tema del patrimonio, también, es una discusión que estaba pendiente. Quizá  ahora estamos adoleciendo de pasarnos para el otro lado. Hay mucha gente que piensa que lo viejo, por el mero hecho de ser viejo, tiene un valor en sí mismo.

Creo que, culturalmente, hay que llegar a un punto en el cual la cosas tengan una valorización fundamentada y entendida en cuanto a sus parámetros y no que, necesariamente, lo viejo representa un valor a preservar frente a lo nuevo. Hay cosas nuevas que son muy buenas y la sustitución en arquitectura requiere ese debate. Se han dado cosas raras como dejar edificios preexistentes con otros nuevos, como en la ex Confitería Cante Grill (calle 21 de setiembre), que no refleja muy bien lo que debería ser el resultado de decidir si algo debe sustituirse por un mejor proyecto o no. Ahí quedó un híbrido, un edificio de dudoso valor con una torre encima que denota que no estamos muy maduros en esta discusión del valor histórico y proyectual de nuestra arquitectura.

 

¿Y la SAU es consultada institucionalmente en materia de obra pública?

Nosotros tenemos representación, por ejemplo, en el Congreso Nacional de Intendentes.

También la SAU establece determinados contactos institucionales sobre temas puntuales y también las intendencias,  particularmente la de Montevideo, que ha tenido una relación con nosotros, fluida a lo largo de la historia. Eso a nivel orgánico. Además de los colegas que trabajan en esos ámbitos, están los que participan de la Comisión Directiva y de las Comisiones Asesoras de nuestra institución, sean colegas que trabajan de forma independiente, relacionados a la formación y que dan clase en las facultades, o aquellos que están más relacionados al ámbito público. En el contexto de todas esas comisiones se dan cuestiones muy fermentales que después terminan en propuestas de SAU a las intendencias, por ejemplo, u otros organismos o a comunicar públicamente posturas de nuestro gremio frente a determinados temas. 

 

Usted se refería al tema de las viviendas abandonadas. Incluso existe un proyecto de ley a discusión en el Parlamento. ¿Cuál es la posición de la SAU al respecto?

Como sociedad nos debemos poner en orden ese tema. De alguna forma es una cuestión pública que eso funcione y en sus justos términos haya alguien haciendo uso de esas viviendas, porque hay toda una infraestructura colectiva que va desde la seguridad hasta el saneamiento, que está siendo subutilizada. Después, está el tema del abandono, que trae como consecuencia  cuestiones sociales que todos conocemos y que no están buenas. Habría que fortalecer las políticas respecto a ese tema. Hay que definir qué es el estado de abandono de una vivienda, parte de un edificio o un padrón, para articular medidas legales rápidas y poder intervenir en beneficio del barrio o de toda la ciudad.  Esto es algo sumamente importante y en otros países no pasa, o no pasa tanto.

 

Arquitectura y urbanismo

¿Cómo definiría a Uruguay en materia arquitectónica y de ordenamiento urbanístico? 

Uruguay supo ser vanguardia del tema urbanismo y arquitectura. Coincidió con que fuimos vanguardia en un montón de aspectos económicos, culturales y políticos. Luego hubo un período de degradación de todo eso, pero igual creo que, frente a otros países de la región, siempre estuvimos posicionados en un nivel alto.

Ahora hay otros países emergentes dentro de la región que nos vienen alcanzando y haciendo las cosas bien a nivel de planificación y de transporte. Es el caso de Chile, Perú y algunas ciudades de Colombia y de Brasil, por ejemplo.

Tenemos una lentitud en la capacidad de respuesta a fenómenos urbanos que se dan explosivamente, como fue la ida masiva de gente a habitar la Costa de Oro en la década del 90. No estaban los elementos de ordenamiento territorial afinados como para ordenar esa eclosión. Lo mismo está pasando con el automóvil en las ciudades. Uno camina y se da cuenta que algo no está funcionando del todo bien.

 

¿La falta de planificación es, entonces, el principal obstáculo?

Tenemos una estructura normativa pesada, con procedimientos administrativos muy pesados.  Son lentos, garantistas y cuando se ponen en vigencia ya prácticamente están vetustos. Hubo tanta  discusión en el medio que la realidad nos sobrepasó. Esto hay que revisarlo de forma urgente. El plan de ordenamiento territorial de Montevideo tiene mas de veinte años. Me parece que es hora de darle una revisada, han pasado muchas cosas. Esta es una de las cosas que con mayor celeridad habría que actuar. Y después, nos cuesta mucho, hoy, tener esa cabeza que tuvimos en los 30 a los años 50, de plantearnos desafíos trascendentes y actuar en consecuencia.

Hay una resistencia social inexplicable a muchos proyectos interesantes y que están en esa mirada a largo plazo como el Antel Arena, por ejemplo. El tema se ha politizado y creo que sobre todo hoy tenemos un edificio magnífico para hacer cosas que hasta ahora no había donde hacerlas.

 

Se habla mucho de las “ciudades amigables”  y hay un discurso a nivel político sobre el tema, especialmente en Montevideo.

Por un lado está la intencionalidad política, donde hay sintonía con determinadas cosas que pasan en el exterior, sobre todo en Europa, pero hay un tema de ciertas rigideces. Por ejemplo, hablemos del transporte público que es un tema que Montevideo tiene en el debe desde hace más de treinta años. No pasa nada. Es una misma línea de ómnibus, que más o menos hace lo mismo y todos recibimos la misma calidad de servicio desde hace tres décadas. Eso en el mundo y Latinoamérica ha avanzado brutalmente.

La ciudad peatonal está totalmente consolidada y la bicicleta como vehículo está totalmente aceptada e integrada con los demás sistemas, pero en ese caso toda la ciudad empieza a tener una planificación vial y territorial seria que integre y potencie estos medios.

Entonces aparece un tren eléctrico de corta distancia que une un punto con el otro, los autos no entran a determinadas zonas de la ciudad, hay estacionamientos previstos en determinados lugares para hacer los intercambios.

O sea, nos queremos parecer a algo que está buenísimo, pero no tenemos ni del todo los recursos, ni del todo la capacidad de gestionar algunos cambios estructurales que hay que hacer y, lo peor, la voluntad política de todos los implicados. Estaría bueno empezar a hablar de estas cosas, donde las propias empresas de transporte participen de nuevos mecanismos de movilidad que, de pronto, desarrolla la Intendencia por su lado.

En esos términos creo que Montevideo es poco amigable. En otros términos, tanto Montevideo como ciudades del interior, tienen una vida amigable en lo que respecta a calidades de los espacios públicos que, más allá que en algunos casos se hayan degradado, siguen siendo muy buenos por la contundencia con que fueron planificadas hace cuarenta, cincuenta o más años.

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A nivel mundial, se estima que los proyectos de construcción a menudo se extienden hasta un 20% más de lo previsto y exceden sus presupuestos iniciales en más de un 80%, lo que ha llevado a que los actores del sector buscaran un método efectivo para cumplir en tiempo y forma, sin pasarse de los costos iniciales, con los proyectos de obra.

De esta manera surgió el BIM (Building Information Modeling, por sus siglas en inglés), un conjunto de metodologías, tecnologías y estándares que permiten diseñar, construir y operar una edificación o infraestructura de forma colaborativa en un espacio virtual.

 

Modelos tridimensionales

Por un lado, las tecnologías permiten generar y gestionar información mediante modelos tridimensionales en todo el ciclo de vida de un proyecto. Por otro lado, las metodologías, basadas en estándares, permiten compartir esta información de manera estructurada entre todos los actores involucrados (arquitectos, ingenieros, constructores y otros actores técnicos), fomentando el trabajo colaborativo e interdisciplinario, agregando así valor a los procesos de la industria.

En general, el Building Information Modeling (BIM) o Edificio de Inteligencia de modelado, como se pide por algunos expertos, es una metodología de trabajo colaborativo que centraliza toda la información relacionada con la construcción y gestión de infraestructuras.

Donde antes la información de los proyectos estaba dispersa en planos 2D, folletos, informes y repartida entre diferentes actores del proceso de construcción sin vinculación entre las etapas de diseño, construcción y operación, ahora está centralizada en una única base de datos digital accesible a todos y, actualizada en tiempo real.

La falta de coordinación entre los actores y entre las etapas de los proyectos, el escaso uso de tecnologías que optimizan el flujo de información, la informalidad y el déficit de empleados cualificados son algunos de los factores que hacen que la productividad del sector de la construcción ha sido la más baja de todas las industrias en las últimas décadas.

 

Baja productividad

Además falta comprensión acerca de la importancia de los costos de operación de una infraestructura en la fase de diseño. Es decir, no se dibuja teniendo en cuenta el mantenimiento de la obra, cuando los costos de operación y mantenimiento representan cerca del 80% de los costos totales de la vida útil de una infraestructura, y solo el 20% corresponde al diseño y construcción.

 

Apuesta fuerte

En esa perspectiva, la asociación de las palabras “construcción y disrupción digital” suena más como uno de los próximos desafíos que deberá enfrentar la industria, sobre todo en América del Sur, ya que en países como Reino Unido, Francia y Estados Unidos se ha comenzado a trabajar con esta metodología.

En los últimos años, los gobiernos del Reino Unido, Hong Kong y Corea del Sur apostaron fuertemente en iniciativas de adopción del BIM con excelentes resultados, así como países escandinavos como Noruega, Dinamarca y Finlandia, que ya vienen usando la metodología desde hace más de una década.

El caso del BIM es solo un ejemplo en el que incorporar tecnologías digitales tiene el poder de modernizar sectores enteros de nuestra economía, a través de la eficiencia, y ofrecer al mismo una mayor transparencia en todo el proceso constructivo.

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Antiguamente se creía que el confort y la ecología eran términos antagónicos. Es decir, para disfrutar del confort el ser humano debía agredir al medioambiente o, al menos, no cuidarlo. La nueva arquitectura, liderada por una generación  de profesionales jóvenes, ha demostrado que ambos términos ya no están enfrentados y que, de hecho, puede ir de la mano. Y es que la nueva arquitectura propone confort, sustentabilidad y ecología. Estos son algunos de los edificios más reconocidos, y admirados, en este aspecto. 

En este sentido, Miguel Díaz, responsable del laboratorio de ideas de Ruiz Larrea & Asociados, estudio con base en Madrid y pionero en el desarrollo de la arquitectura bioclimática en Europa, explicó a la publicación Arquitectura & Diseño que “en una casa sostenible vives mejor. Si además la vivienda exhibe el certificado BREEAM el propietario se asegura que la sostenibilidad y el aspecto ecológico de la construcción está asegurado. Será más luminosa, habrá menos ruido y disfrutarás de mayor confort térmico y de mejor calidad del aire”.

El BREEAM al que hace referencia Diaz es el”Método de Evaluación Medioambiental del Organismo de Investigación de la Construcción”, mundialmente conocido por sus siglas en inglés. Fue creado en 1990 en el Reino Unido y hoy ya registra más de 270 mil edificios certificados en 63 países. Su éxito y calidad demostrada lo han convertido en un referente del rendimiento medioambiental, entregando reconocimiento y garantías a quienes lo aplican. En el continente europeo, el certificado BREEAM se está imponiendo en la arquitectura residencial y otro tipo de edificios “por ser el más riguroso y el más global”, agregó Díaz

A continuación algunos de los edificios modelos en este aspecto, que cuentan con el certificado BREEAM.

 

Lagasca99. Además de ostentar el precio del metro cuadrado de media más caro de España para una obra nueva, el proyecto residencial Lagasca99 –44 apartamentos de entre 330 y 700 metros cuadrados–, del arquitecto Rafael de la Hoz, exhibirá también el certificado BREEAM, lo que ha llevado hasta controlar al detalle la demolición previa para maximizar el reciclaje de residuos.

 

Fairyland Guorui. Ejemplo de la mejor arquitectura bioclimática, el complejo residencial Fairyland Guorui a las afueras de Pekín, diseñado por UNStudio, disfruta de un bulevar junto al río y de otro arbolado, así como de un gran jardín central para fomentar el tránsito peatonal, ya que los automóviles están confinados a una esquina.

 

Sede de Bloomberg. Siempre a la vanguardia de la arquitectura, Norman Foster diseñó en Londres para su amigo Michael Bloomberg la sede europea de su corporación homónima con los últimos avances en arquitectura sostenible.

 

Madrid 0,0. El complejo residencial de 98 viviendas Madrid 0,0, proyectado por Ruiz Larrea & Asociados a las afueras de Madrid, tendrá la mínima necesidad de sistemas activos de calefacción y refrigeración, además de estar adaptado a distintos tipos de usuarios y usos en el tiempo, compatibles con espacios de trabajo individuales y colectivos.

 

119 Ebury Street. El proyecto de reconversión de un antiguo hotel en tres apartamentos dúplex 119 Ebury Street, obra de David Morley Architects, fue el primero del Reino Unido en alcanzar la calificación de excelente en la fase de diseño, ganando los premios BREEAM 2015 en la categoría residencial. Entre las soluciones sostenibles destaca la ventilación mecánica con recuperación  de calor y el reaprovechamiento de las aguas grises.

 

Timmerhuis. La modularidad del edificio Timmerhuis proyectado por el estudio OMA para el ayuntamiento de Róterdam (Holanda), con apartamentos en sus plantas superiores, genera la máxima eficiencia, actuando sus dos atrios como grandes pulmones.

 

Pathé Films. La exquisita transformación de los antiguos estudios de cine Pathé Films, en el Soho londinense, en apartamentos de lujo, llevada a cabo por Sheppard Robson, obtuvo la máxima calificación BREEAM para las partes remodeladas.

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En el trabajo, presentado en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, Lucía Dean señala la necesidad de construir “vínculos de cooperación entre lo nuevo y lo existente” para “establecer relaciones más complejas en las edificaciones finales”.

Según el documento, del que se hizo eco la revista Propiedades, “en la actualidad, el debate sobre la estrategia que la ciudad debe asumir para construir relaciones más justas y sustentables posiciona al suelo urbano en un lugar de privilegio”.

En ese contexto, “la posibilidad de acceso a servicios y el contar con infraestructuras adecuadas se vuelve un diferencial a la hora de pensar la ciudad” y “la función social del suelo y el acceso equitativo a las zonas mejores servidas se vuelve la principal dificultad a la hora de pensar en la construcción de nuevas viviendas”.

Hoy en día, indica Dean, “los diferentes organismos se plantean la elaboración de políticas que ataquen la subutilización de los espacios urbanos” y, a raíz de esto, existe la “oportunidad de repensar ese sustrato existente para poder desarticular los imaginarios que muchas veces acotan las posibilidades de intervención”.

Desde su perspectiva, la necesidad de construir más viviendas motiva que se traslade el “enfoque cuantitativo a uno cualitativo”, mirando la ciudad “ya no desde la densidad sino desde la intensidad de uso”.

“Esto contrasta con la necesidad de un uso más intensivo de las zonas centrales y podría ser el resultado de la incapacidad de la propia trama urbana de responder a la necesidad de espacio semipúblico con modelos de mayores densidades”, señala el estudio.

En este contexto, agrega que  “habiendo cambiado el funcionamiento de la ciudad, las viviendas continúan respondiendo a lógicas anteriores y, en los casos de densidad elevada, en lugar de reelaborar el esquema previo, renuncian tanto a espacios abiertos como a áreas semipúblicas sin que en la mayoría de los casos los habitantes puedan volcar dichas actividades a los espacios públicos”.

 

Soluciones habitacionales

La autora propone, además, revisar el concepto de obsolescencia de los espacios edificados. Cree que lo mejor es realizar un reordenamiento de la ciudad, especialmente de los espacios ocupados para intervenir en ellos y crear soluciones habitacionales en la trama urbana.

“Allí donde las relaciones que establece la vivienda han quedado desfasadas de las transformaciones del habitar actual, se abre un abanico de oportunidades de modificación de las condiciones de uso que sólo es posible a través de la transformación”, sostiene. Dean.

“Reconceptualizar el patrimonio existente como un espacio de oportunidad para operar fuera de las constreñidas reglas de juego de la construcción en la actualidad nos interpela sobre nuestra propia realidad construida. ¿Son nuestros espacios centrales lugares obsoletos en términos de infraestructura edilicia? ¿Es necesario la aplicación de estrategias de sustitución para redensificar las áreas altamente servidas o existe una operativa alternativa? ¿Qué posibilidades se encuentran en la sinergia entre la vivienda existente y la vivienda nueva? ¿Es posible construir edificaciones que a su vez aporten a una recodificación de lo existente?”, añade. Por este motivo es que propone “explorar” vínculos de “cooperación entre lo nuevo y lo existente”.

“Ello nos permitiría primeramente, establecer relaciones más complejas en las edificaciones finales ya que son el resultado de la particularidad del caso concreto de un sustrato existente y no la aplicación de reglas genéricas de obra nueva. Por otra parte, se disminuyen costos tanto de demolición como de cimentación que permiten pensar en mayores inversiones. Asimismo, refuerza las estrategias de densificación en zonas altamente servidas despegándose de operaciones puntuales de alto aprovechamiento del padrón para realizarlas de forma extensiva en densidades medias”, sostiene la profesional.

Dean subraya que “gran parte del tejido existente en zonas centrales está compuesto de viviendas unifamiliares de uno o dos niveles” que “muchas veces responden a condicionantes de una realidad ya no existente, tanto en su interior como en su relación con el entorno”.

Dean concluye que “ningún soporte es neutro y ser conscientes de las condicionantes que tiene cada uno es fundamental a la hora de diseñar. Pensar el entorno en clave estática nos priva de la capacidad creadora de la realidad y de la riqueza que contienen los procesos híbridos por fuera de los límites abstractos de ordenación”.

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