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Durante 23 años, distribuidos en dos períodos, Ignacio Otegui fue el presidente, y la cara visible, de la Cámara de la Construcción del Uruguay (CCU). Hoy, a los 67 años, decidió retirarse y esa fue la excusa perfecta para una extensa charla con Del Constructor donde, fiel a su estilo, no esquivó ninguna pregunta. Balance sobre su gestión, los logros, lo que quedó en el debe, la situación actual de la industria, el proyecto de la segunda planta de UPM y el futuro del sector. Sobre ésto y mucho más respondió Otegui a Del Constructor.

 

Hace 23 años que está al frente como presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay. ¿Qué reflexión hace sobre todo estos años? 

Fue en dos períodos, con reelecciones. De 1992 al 2001 y del 2005 hasta ahora. Es una etapa que la estoy culminando con satisfacción y alegría. La Cámara tiene una razonable estructura interna, mejor de la que yo encontré cuando ingresé. Tiene buenos asesores internos y tiene excelentes asesores externos. Tiene una situación interior sin conflictos, que ponga de manifiesto alguna incomodidad entre sus socios, y una situación económica sólida. En consecuencia, yo me retiro y creo que la Cámara queda ordenada y bien. Yo puse la fecha en la que me quería retirar. Lo dije el año pasado y se va a procesar así. Quien tiene la responsabilidad de hacer la nueva elección es el ingeniero Diego O´Neill, que es el actual vicepresidente, y que ya es aceptado por la industria para que sea el nuevo presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay. Él tiene que armar su consejo y organizar el futuro de la Cámara. En definitiva, me siento tranquilo. Hice lo que pude. Muchas de las cosas que quise hacer en el 92,  cuando asumí la presidencia, se hicieron y otras no, como suele ocurrir. Creo que O´Neill será un buen presidente y va a tener todo mi respaldo y en la medida que él entienda que le puedo dar una mano, se la voy a dar, pero yo tengo 67 años y ya me doy por cumplido con la industria y con el país.

 

¿Y cuál es su balance? 

Mirá, más allá de lo que te dije con respecto al interior de nuestra Cámara, cuando tomé la presidencia en el 92, al año siguiente, en el 93, sufrimos una huelga muy severa. Duró, si mal no recuerdo, ochenta y tres días con la industria parada, en consecuencia con daños muy importantes para el trabajador y su familia, para las empresas constructoras y con daños muy importantes para nuestros clientes.  Todo el mundo salió dañado. Y de ahí, en más, hemos tratado de tener un diálogo frontal y equilibrado con el sindicato. A veces, en situaciones mejores y, a veces, en situaciones peores. Cuando dejé la presidencia la primera vez en el 2001, estaba cansado después de diez años de presidencia y en el 2004 me fueron a buscar de vuelta y al principio no quería. Luego acepté por dos años y finalmente me quedé hasta el 2018. Dentro de las cosas que yo valoro como positivas es que la industria hoy tiene una importancia mayor de la que tenía a nivel de la economía, por algo en el 2017 fuimos el tercer sector de generación de Producto Bruto Interno, más allá de que la industria no está en su mejor momento. En una lógica de que la industria se ha desarrollado de forma diversa. Si se mira hacia su interior, cosa que nosotros hacemos, vas a tener, por ejemplo, al cierre del 2018, toda la inversión de vivienda nueva en todo el país, con las reformas van a representar aproximadamente el 20% de la demanda. En el caso de la obra pública va a representar un 32%,  33% de nuestra demanda y las obras privadas no vinculadas a la vivienda va a representar una cifra del 47%, 48%, lo que cierra el 100%.  Esa lógica, que nosotros la empezamos a estudiar hace ya 8 años de la mano de Julio Villamide, que fue el primero que nos pudo definir cuál era la inversión  que se hacía en vivienda. Villamide es asesor de la Cámara, más allá de que también es asesor de APPCU, y una de las cosas que me preocupaba era cómo yo podía evaluar cada uno de los motores que demandan a la industria de forma independiente. Y la suma de esos tres motores es la industria. Él nos hizo el primer trabajo y para nosotros, en  ese momento, fue una sorpresa descubrir que el sector inmobiliario representaba el 32%, 33% de la industria y era más que la obra pública que era del 25%, y el resto eran obras privadas no vinculadas a la vivienda. Eso va cambiando año a año, en función de cómo venga el flujo de inversiones. Hace dos años fue el peor momento en el sector inmobiliario. El 2016 y el 2017 fueron años de menor actividad y probablemente este año sea un poco mejor que el año pasado. Y también es factible que tengamos en 2018 una inversión privada no vinculada a la vivienda más chica que en el 2017.

 

¿Y en cuanto a la obra pública?

La obra pública viene dentro de los guarismos que fueron aprobados en la ley de presupuesto. ¿Qué quiero decir con esto? Que no esperamos ninguna cosa que haga cambiar el escenario actual de la industria, que es un escenario de mediano nivel de actividad. Estamos con unos 45 mil trabajadores en obra y ya  estamos a fin de año. El promedio de este año va hacer un poco menor al de 2017 y probablemente terminemos entre 3 mil y 4 mil puestos de trabajo menos.

 

Perspectivas 

 

¿Y cómo ve el 2019?

El año que viene no va a ser muy diferente a este, más allá de que tenés la obra de UPM y las obras accesorias. Claro que, esto dependerá si el ferrocarril se empieza antes del 30 de marzo del año que viene. Si es así, es probable que UPM termine confirmando la construcción de la planta. Si el ferrocarril no se empieza, UPM no va a hacer la planta. Este es un dato que tenemos que tener en cuenta. Si la planta se construye va influir en la industria de la construcción a partir del 2020 en adelante.

 

¿Y si no se llega a tiempo con la construcción de la infraestructura férrea, cuánto puede incidir negativamente en el sector?

La que mueve la aguja es la planta de celulosa. Las obras complementarias del ferrocarril equivalen a ochocientos trabajadores; el puerto doscientos cincuenta trabajadores; la interconexión entre el puerto y las vías del ferrocarril serán unos ciento cincuenta trabajadores, más las obras para llegar a donde se va a instalar la planta, si es que se instala en Pueblo Centenario. Estas cuatro obras, que tienen que empezarse antes que UPM diga voy a hacer la planta, y si todas comienzan cuando estén al máximo de actividad, son dos mil puestos de trabajo. Equivale a un 4% de incremento laboral en la industria pero no me cambia el sentido del sector. Otra cosa distinta es la planta. En este caso van a ser entre 5 mil y 7 mil puestos de trabajo directos, más todos los indirectos. Para tener una idea clara: vas a tener administrativos, técnicos, técnicos de UPM, o sea van a entrar a ese predio entre 7 mil y 9 mil personas por día. Esto no es un dato menor y de alguna forma moviliza de forma diferente a la industria, porque además le tengo que agregar los otros dos mil que decía antes. Ahí la industria va a tener un cambio importante. Ahora, esto es una hipótesis. Si el ferrocarril no se hace, el resto no se va a hacer.

 

¿Y usted que percepción tiene de que se concrete la planta? 

No sé; por el momento lo que he resuelto es esperar. Cuando nos han pedido negociar temas con UPM, el SUNCA y el gobierno nacional, lo hemos hecho, prestándole atención y tiempo, salvo por tres semanas en las que estuvimos abocados al Consejo de Salarios, y yo le avisé a UPM que durante el período de negociación de las pautas salariales, suspendíamos las negociaciones. Una vez que tuvimos el nuevo convenio, volvimos a la negociación con UPM. Por el momento hay acuerdo en muchos puntos y no hay acuerdo en otros. Obviamente, vamos a seguir negociando.

 

¿Cuáles son los puntos donde no hay acuerdo?

Todavía no lo saben las empresas. Te voy a poner un ejemplo que es una cosa notoria. Hay un decreto, que es el 215 y que rige los temas de seguridad e higiene en la industria de la construcción. Fue promulgado de forma unilateral por  la administración Mujica y no contó con el respaldo de la Cámara ni de ninguna gremial empresarial. Este decreto le faculta a los delegados sindicales de seguridad e higiene a parar cualquier trabajo, lo cual para nosotros es un error importante. Y UPM lo que quiere es que esa decisión  no la tomen los delegados de seguridad, sino que la tomen la gente de UPM. Y el SUNCA dice `señores, yo tengo un decreto que me ampara, si el Poder Ejecutivo quiere sacar otro decreto que lo haga, pero no me pidan a mi como sindicato mi consentimiento´. Y desde ese punto de vista tienen razón. Es algo obvio y la discusión parece innecesaria. Nosotros tenemos una posición, el SUNCA tiene otra y UPM otra. ¿Qué va a pasar? No lo sé. Este es un ejemplo, hay cinco o seis más, pero en definitiva estamos en tiempos donde UPM empieza a recabar precios indicativos en el Uruguay y comienzan las consultas con las empresas. Sé que ya les han fijado fecha, día y hora a varias, porque estas obras de gran porte se arman así, son muy complejas. Para tener una idea clara: la obra de UPM es como si vos me dijeras que alguien hace 12 mil apartamentos nuevos en Punta del Este y los entrega todos el mismo día. Es esa la influencia que tiene. Es una dimensión impresionante. Y también es cierto que la industria ya ha pasado por ese tipo de etapas y que tiene la capacidad y las condiciones como para manejarse con criterios en este tipo de obras. También tenemos cosas malas hechas.

 

¿Cuáles por ejemplo? 

Lo que no volvería a repetir yo es la experiencia de Montes del Plata, porque creo que dejó más sinsabores que sabores a la industria. En ese momento, además, el país tenía un estado en su requerimiento de economía y de puestos de trabajo diferente al que tiene hoy. Teníamos entonces un Estado más exigido de crecimiento y de actividad, con menos del 5%  de desempleo y en la actualidad estamos arriba del 8%. Hay una realidad diferente.  Pero no tengo dudas que la industria va a dar respuesta en caso de que la planta se haga. Además, es interesante el punto elegido para su construcción. Si vos mirás el Uruguay, vas a ver que en toda la franja del río Uruguay, la franja del Río de la Plata y en menor medida la franja del Océano Atlántico, tenés toda la infraestructura del país ahí. En el centro del país y en el noreste no tenés infraestructura. Como es el caso de Cerro Largo, en Rivera muy poca. Y si mirás América Latina es igual. Es, si se quiere, hasta lógico. Y la pregunta que me he hecho varias veces es ¿cómo puedo pensar que a va a estar toda esa zona circundante a Pueblo Centenario diez años después que la planta esté funcionando? Va a tener una infraestructura distinta, guste o no guste. Va a tener una posibilidad de interacción mucho mayor de la que tiene ahora. ¿Qué hay gente que está en contra? Por supuesto. Hay gente del gobierno que está en contra, gente de los medios de producción que están en contra, de la Cátedra y ciudadanos que están en contra. A la larga, las cosas van a ocurrir como tengan que ocurrir.

 

Más allá de UPM

 

Exceptuando la segunda planta de UPM, ¿qué otra obra de gran porte se avizora para movilizar a la industria?

Creo que la industria va a seguir dentro de estos niveles de actividad durante este año, el 2019 y, probablemente, el primer semestre del 2020. Si UPM viene es factible que el sector tenga un crecimiento, pero no creo que haya ninguna otra obra que le cambie el signo a la industria  en forma dramática. Lo digo sin anestesia. No la hay. No lo vas a tener en la vivienda, tampoco en la obra pública, porque una nueva administración tiene dificultades los primeros dos años para tratar de ordenar su economía y la del país, y las obras vinculadas a las viviendas promovidas van a seguir como hasta ahora.

 

¿No habrá un incremento en las obras de viviendas promovidas?   

Hoy existen ocho mil ochocientas viviendas en Montevideo sin vender, de las cuales más de la mitad son viviendas promovidas, antes llamadas de interés social. Esto es un dato importante. Otro elemento: ¿la situación de Argentina va a influir acá? Si uno pregunta cómo fue la venta de unidades nuevas el año pasado y cómo en el 2018, este año están peor que en el 2017. Entre otras cosas por la crisis de Argentina y porque el dólar comenzó a trepar en el Uruguay. Y no hay forma de evitar esa suba. Uruguay tiene que seguir una estrategia de no pegarse a la situación de la Argentina, pero no separarse mucho. Lo mismo ocurre con Brasil. Con vecinos complejos como tenemos, con las situaciones complicadas que tienen a nivel económico y político, y probablemente a nivel social en algún momento, Uruguay algún coletazo va a recibir.

 

Pero el ministro Astori dijo que estamos desacoplados.      

No, no. Te lo voy a decir de otra forma: Uruguay nunca estuvo desacoplado de sus vecinos. En todo caso tienen más incidencia o menos incidencia. Yo creo que hoy tenemos menos incidencia que hace dieciocho años, entre otras cosas porque los bancos uruguayos no les han dado créditos a los argentinos. Antes el 20% de los créditos estaban otorgados a empresarios argentinos y hoy tenés el 0.5%, lo que no es un número menor. Además tenemos una situación económica diferente, internamente en el Uruguay e internamente en Argentina. En consecuencia, las cosas que puedan ocurrir en el Uruguay son más tenues de lo que ocurrieron en aquella época. Ahora, ¿alguien cree que el turismo va a ser el mismo? Que alguien me responda esa pregunta. Si el turismo va a ser igual o mejor que el año pasado, entonces yo estoy equivocado y Astori tiene razón. Si el turismo va a tener una disminución, que es lo que todos esperamos, va a haber una incidencia inferior por lo que dije anteriormente, pero igual va a existir, por más esfuerzos que se hagan por atraer al turismo. Los turistas van a venir si el Uruguay está competitivo y sino vendrán algunos. Es cierto que hay una masa de argentinos que vienen igual, la gente de plata en Argentina va a venir igual, pero está medido en la plata que tenga. Hay un turismo que viene de la Argentina que es gente de dinero que ha venido siempre y seguirá viniendo y luego existe una masa flotante, que es la clase media argentina, que viene siempre y cuando las cosas le funcionen. Y creo que ahí es donde se va a pagar un precio y vamos a tener una menor afluencia de turismo. Y en definitiva, las inversiones que, tradicionalmente, hacen los argentinos en el terreno de la vivienda en Uruguay, la siguen haciendo  pero están más tranquilos porque tienen sus problemas en su propio país.

 

Obra pública y privada

 

A esto habría que agregarle que entramos en año preelectoral y el inversor no arriesga en este período llamémosle “ventana”.   

Tenés a Brasil que no es un tema menor con una situación compleja y después que el 2019 es año electoral. Y el año electoral tiene sus propios parámetros. En este momento, la expectativa está en si empiezo o no una inversión.  Los que están invirtiendo van a seguir invirtiendo. No creo que haya detención de las inversiones que ya están en marcha. Lo que creo que va a haber es una detención de la decisión de comenzar una obra. El que no empezó, no lo hará hasta tener un poco más claro el panorama de su país y del nuestro. Además del año electoral, luego viene el primer año de un nuevo gobierno, sea del partido que sea, que también es un año complejo. ¿O alguien cree que el primer año de un gobierno es fácil? No existe eso. No ha existido nunca.     

 

¿Se espera más de este gobierno en materia de inversión de obra pública y viviendas? 

Creo que el gobierno, en lo que es obra pública, ha invertido lo que aprobó en el presupuesto. Están invirtiendo todo. No es que el Ministerio de Transporte esté invirtiendo el 80%, están invirtiendo todo.  Las que vienen más lentas son las PPP, que son un sistema, por una lógica de lo razonable, que tienen un proceso más lento de lo que yo esperaba. Pero en definitiva, creo que están preadjudicadas cinco obras donde están tratando de articular la parte financiera. Las obras vinculadas a las obras públicas, todos los incisos que maneja en Estado, incluyendo las intendencias, más las obras de las PPP, yo te diría que si aparto estas últimas, el Estado está invirtiendo todo lo que puede. Por algo tenemos el 35% para el 2018 previsto para obra pública.Lo que ocurrió con las viviendas promovidas es que teníamos un escenario que el Estado resolvió cambiarlo, modificó las normas, y lo que hay ahora es una reducción en el volumen de inversión. Mi opinión es que el error fue modificar las normas. Ahora, el mercado uruguayo es un mercado chico. Acá hay un problema: la gente sin recursos, de muy escasos recursos, hoy tiene solamente una línea de acción que es ir a una cooperativa a anotarse. Ahí va a tener, eventualmente, una vivienda. No hay una política de acceso a la vivienda para la gente que gana treinta o cuarenta Unidades Reajustables. Y el Estado no está haciendo políticas para esos segmentos y el privado, si el estado no interviene, no se va a meter. Le guste al que le guste, le pese al que le pese. Nadie va a invertir dinero si no lo va a cobrar.

 

Las viviendas de interés social, hoy viviendas promovidas, no fueron accesibles para esos segmentos que usted nombra.

A ver: ¿A quién se le ocurrió que se iba a poner foco en esos segmentos? La ley en su origen no decía nada de eso. A lo que vos te referís, lo tiene que atacar el Estado. Dicho de otra forma, nosotros estamos pensando y trabajando las cosas que le vamos a plantear a todos los candidatos presidenciables y después al que resulte electo presidente y luego a sus ministros. Nosotros le hemos encargado a (Julio) Villamide un estudio vinculado a este segmento, al segmento que tiene los menores ingresos, porque creemos que ahí es donde está el déficit y ahí es donde está el problema. El país tiene ahí un problema severo. Hay que poner cabeza, inteligencia y tratar de sumar recursos públicos y privados. Pero los recursos públicos y privados se suman siempre y cuando no se le haga asumir al privado un riesgo que no está dispuesto a asumir. Nadie va a invertir cinco, diez, cincuenta millones de dólares contra nada. No existe en el mundo eso. ¿Por qué debería de existir en Uruguay?

 

El déficit habitacional

 

El déficit de vivienda es un problema estructural en Uruguay. 

En 1986, Julio Villamide hizo, por encargo de la Cámara, un estudio de qué pasaba con la liberación de la ley de alquileres y él dijo lo que iba a pasar. Entre otras cosas, los asentamientos. Y era una visión que lamentablemente se confirmó. ¿Qué cosa hizo la Cámara en el año 87, 88, durante la primera administración del doctor Sanguinetti? Planteamos, frente a ese problema, hacer licitaciones y darles los terrenos, la infraestructura básica y la cimentación a las familias que estaban empezando a formar los asentamientos. Se hizo la primera licitación y se armó un gran lío. La Facultad de Arquitectura, la Sociedad de Arquitectos del Uruguay, entre otros, salieron a decir que eso no era digno. Y estamos hablando de gente que ya vive en cuarta generación en esa situación. Estos no son temas menores y que no tienen una solución fácil. Por ejemplo, yo veo hoy, con razonable expectativa, las acciones que están tomando algunas personas del Ministerio del Interior para desafectar la usurpación de viviendas. Es brutal eso y alguien tiene que ponerle el límite. Creo que Uruguay tiene en este aspecto un desafío muy grande.

 

Culminó un nuevo acuerdo salarial para el sector. ¿Está conforme con el resultado teniendo en cuenta la situación de la industria?

Nosotros fuimos al rango intermedio. No estamos en una situación de crisis, pero tampoco estamos en una situación de auge. En definitiva dimos el 6.86% de aumento en el primer tramo que son once meses, el 5.80% por el segundo tramo que es por diez meses, y un correctivo si la inflación sobrepasa los aumentos otorgados. Fue eso y no hay misterios. Que puede gustar o no gustar es otra cosa. Pero creo que fue un acuerdo razonable, en un momento difícil que tiene la industria y que tiene el país. Y tiramos el tema para fines de abril de 2020.

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En una extensa entrevista realizada por la periodista Virginia Recagno, publicada en La Diaria, el presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay, Ignacio Otegui, que dejará su cargo en octubre, se refirió a varios temas que hacen el sector.

En la nota se refirió, entre otros temas, a las relaciones laborales dentro del sector, a veces “duras” y “rígidas”. “Con los empleados, con los técnicos y entre los empresarios también. Alguien te contrata para que le produzcas un bien determinado y cuando eso está pronto, ya no te necesita más y no te quiere tener cerca porque en general en los procesos de construcción se dan discusiones, a veces fuertes”.

A modo de balance de su trayectoria al frente de la CCU recordó que una de las experiencias duras que le tocó vivir fue durante el boom de la construcción de 2012.

“El país tenía 5% de desempleo y nosotros 73.000 trabajadores, pero el sector era tierra de nadie. En todo sentido. Un momento difícil para el país, para la industria y para mí porque había 20.000 hombres de otros sectores trabajando sin código alguno. A ningún sector le fue bien, porque todos estábamos atrás de los trabajadores. Sólo los trabajadores se beneficiaron porque acordaron salarios por encima de lo que hubieran hecho en otro momento. La industria hoy, con 30.000 hombres menos trabajando, está mejor de lo que estaba en ese momento”.

 

Inversión 

También se refirió a la inversión y un posible escenario a corto plazo. “Este año va a terminar igual. La industria va a seguir planchada y yo con eso igual me quedo conforme, porque, por más que quiera, si no hay inversión, no funciona. Nadie construye para comer o para sí mismo, construye para un tercero”, y agregó que, a su juicio, “se está descuidando la inversión”.

Si bien reconoció que de no primar  la modificación de las exoneraciones a la inversión de los últimos años la industria tendría 15.000 puestos de trabajo menos, consideró que  existe una división del pueblo uruguayo en ese tema.

“Nadie va a decir que está en contra de la inversión, sino de las exoneraciones, y eso es lo mismo que decir que se está en contra de la inversión, a fin de cuentas”, señaló y agregó que “el gobierno no tiene plata” y que “sólo le resta poner más impuestos”, pero afirma que “ahí la economía se asfixia en un año”.

En cuanto a la inversión externa, dijo: “¿Acaso se creen que alguien va a venir a poner plata para pagar impuestos acá? Eso no existe en ningún lugar del mundo, ni siquiera en Argentina, Brasil, Paraguay, Chile, que son los países con los que podemos compararnos. La pelea por la inversión es por el trabajo que genera y por el bien que queda. No es por el impuesto. Eso es de otra época”.

Para Otegui, al sector le aguardan tres años complicados. “El año que viene es electoral y el gobierno quiere hacer cosas; la oposición trata de que no se hagan, el otro –no importa de qué partido– es el primero del nuevo gobierno y está el armado de la Ley de Presupuesto. Además, si UPM comienza la planta, se vienen tres años complejos”.

 

UPM y el ferrocarril

Consultado por la periodista Virginia Recagno sobre la posible construcción de la segunda planta de UPM, señaló que implicará “un gran desafío”, especialmente por los requisitos exigidos por la empresa finlandesa antes de iniciar las obras.

“La construcción del ferrocarril, la ampliación del puerto de Montevideo, las vías de accesibilidad donde se va a instalar la planta y de 80 a 120 puentes que se van a tener que hacer de vuelta porque vienen los trenes. Todo eso está en el contrato firmado entre el gobierno y UPM”. Para Otegui, estos proyectos generarían entre 2.000 y 2.500 puestos de trabajo, una cifra que “mueve la aguja pero no es determinante”, si se toman en cuenta los 43.000 actuales.

No obstante, cree que el primer desafío es la puesta en marcha del ferrocarril tal como lo concibe la empresa finlandesa. “Si no se hace, UPM no va a hacer la planta. Es así”, enfatizó.

 

Una interrogante llamada PPP

Para el presidente de la CCU, los proyectos de Participación Público Privada, conocidas como PPP, son “una suerte de signo de interrogación”. “Son muy difíciles de llevar a cabo, no sólo en Uruguay, sino en el mundo entero. Acá, a dos o tres años de licitadas, las obras no empiezan porque tienen un problema financiero atrás. Cuando vos le decís a un privado ‘yo te voy a pagar por la disponibilidad y el uso, pero no te doy garantía’, el privado te mira y te hace pito catalán, salvo que encuentre mecanismos por los cuales quien invierte tenga alguna certeza de que va a cobrar. Nadie va a hacer nada si no hay una razonable responsabilidad en el pago de las cuentas. Uruguay en eso tiene una vieja tradición que ha sido difícil de armar: cumplir con los compromisos. Ahora, en todos los partidos –en algunos más y en otros menos– hay quien dice que no hay que pagar la deuda externa, y esas son de las cosas que complican a quien pone la plata”.

Las obras viales son otro de los problemas en materia de infraestructura, ya que se pasó de una red vial que “estaba subutilizada” a una que se agotó.

“La carga se multiplicó por cinco y la inversión a lo sumo por dos”, estimó. De las siete obras viales licitadas por PPP, a lo sumo se empezará una el año que viene, mientras que de las cuatro vinculadas a la educación es probable que se empiece una”.

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La séptima ronda de consejos de salarios comenzó el 2 de abril con 15 grupos que vencieron los primeros meses del año. El Ministerio de Trabajo ya coordinó con empresarios y sindicatos para que el grueso de los consejos que vencen en junio, unos 176 grupos, inicien su negociación entre abril y mayo, dado que es un año de mucha actividad. Del Constructor conversó con el director Nacional de Trabajo, Jorge Mesa, y el presidente del SUNCA, Daniel Diverio, sobre el posible escenario en el sector.

El lunes 2 de abril, Uruguay ingresó en la ronda de negociación colectiva pública y privada más grande de su historia.  En esa primera instancia se convocaron a los 15 consejos de salarios del sector privado que ya vencieron: industria láctea, tejido de punto, remise, bancos, procesadoras, tarjetas de crédito y fideicomisos, sectores rurales (el grupo madre, citricultura, arándanos, aves, suinos y apicultura), transporte urbano y suburbano de pasajeros y zonas francas.

En esta séptima ronda de negociación se convocó al sector público para escuchar las aspiraciones de los distintos sindicatos para comenzar a planificar la negociación de la Rendición de Cuentas que es la última de este período. De los 227 consejos de salarios que funcionarán en 2018, la mayor cantidad tienen vencimiento en el mes de junio. “Encontramos buena voluntad por parte de las cámaras empresariales y del PIT-CNT para iniciar la negociación antes del vencimiento de los respectivos convenios”, sostuvo el ministro Murro.

En diálogo con la Secretaría de Comunicación Institucional de Presidencia de la República, el ministro aseguró que la negociación se centrará en dos preocupaciones y ocupaciones del gobierno: el empleo y la mejora de los salarios. Esto incluirá además: formación profesional de trabajadores y empresarios, Sistema de Cuidados, prevención de conflictos, productividad, acceso a nuevos derechos (cultura, transporte, turismo social) y cláusulas de género.

Murro recordó que la evaluación de las seis rondas anteriores de negociación (2005 al 2017) fue muy positiva, con resultados generales buenos para el país, con 15 años de crecimiento de la economía. “En esos 15 años, hay 13 de nuestro gobierno y 13 de negociación colectiva. Creo que no es una casualidad sino una coincidencia fruto de las políticas llevadas adelante, donde se decidió que el desarrollo debía ser con negociación colectiva y en ese camino queremos seguir”, indicó Murro.

 

Cautela 

El jerarca dijo que escuchó “reacciones razonables y cautas” tanto de empresarios como de trabajadores por lo que espera tener una buena instancia. “Tendremos mucho trabajo. Nos estamos preparando, fortaleciendo y capacitando al personal y ampliando salas de funcionamiento de los consejos de salarios para tener todo pronto de parte del ministerio, además de proporcionar indicadores para facilitar la negociación”, argumentó. 

Por otro lado, el titular del Ministerio de Trabajo reconoció que “los indicadores de empleo son una preocupación y ocupación del gobierno, compartida con las cámaras empresariales y el PIT-CNT”. Para el jerarca, esta definición implica compatibilizar el crecimiento del salario real con la necesidad de crear puestos de trabajo, tratar de que la masa salarial acompañe el crecimiento de la economía, con salarios diferenciales para trabajadores de menores ingresos y atención a las situaciones de las empresas.

Por otro lado, añadió Murro, las metas incluyen la protección de las mejoras salariales de los últimos 13 años y la promoción de otros aspectos laborales en los ámbitos de negociación colectiva en áreas como relaciones laborales, derechos y obligaciones y sostenibilidad de las empresas. El ministro subrayó que por primera vez fue efectuada una consulta previa a la ronda de negociación colectiva, por la cual seis cámaras empresariales y el PIT-CNT enviaron sus propuestas. En marzo se reunieron dos veces para profundizar el diálogo respecto a los documentos.

 

La propuesta del gobierno

La propuesta del Poder Ejecutivo presentada el pasado 13 de marzo se incluye aumentos semestrales del salario mínimo nacional que en enero de 2019 se ubicará en 15.000 pesos. Hasta la última ronda de negociación colectiva, los aumentos eran anuales.

Los lineamientos generales proponen acuerdos a 24 o 30 meses como mínimo, con ajustes semestrales o anuales en caso de que las partes así lo acuerden. Los aumentos propuestos para el primer año, según la calificación establecida para cada sector, son de 6,5% (sector en problemas), 7, 5% (sector medio) y 8,5% (sector dinámico). El segundo año serán de 6, 7 y 8 %, respectivamente, y para el último semestre o tercer año 5, 6 y 7 %.

Las pautas incluyen un correctivo a 18 meses de vigencia de los convenios y al término. Además, si en el primer año de la vigencia del convenio la inflación supera el 8,5%, podrá convocarse al Consejo de Salarios correspondiente, que podrá adelantar el correctivo. En caso de que la inflación medida en años móviles supere el 12%, al mes siguiente se aplicará un ajuste salarial por la diferencia entre la inflación acumulada y los ajustes salariales otorgados.

La propuesta del gobierno incorpora formación profesional y capacitación de trabajadores y empresarios, cláusulas de género en la totalidad de las negociaciones, protocolos de prevención de conflictos, seguridad y salud laboral, entre otros.

 

Las expectivas de la DINATRA

Por su parte, el, director Nacional de Trabajo, Jorge Mesa, dijo a Del Constructor que esta ronda de negociaciones es “la más grande privada y pública en conjunto, el fenómeno comenzó en el 2005 cuando se reinstalaron los Consejos de Salarios y se inició la negociación a nivel de los públicos, con el conjunto de sectores, pero con estas característica de tantas mesas de negociaciones y de tanto volumen nunca habíamos tenido”.

Consultado sobre los lineamientos presentados por el gobierno para este Consejo de Salarios, el jerarca sostuvo que “(los lineamientos) expresan con bastante claridad la visión que el Poder Ejecutivo tiene sobre la actual circunstancia. Los lineamientos tienen tres objetivos básicos. Uno es que no se pierda el salario real, que los niveles de salario real logrados no se pierdan. Este es un elemento importante porque, obviamente,  que hace a la calidad de vida de los trabajadores, pero también a los elementos de consumo interno que en buena parte han movido la calidad económica del país en diferentes rubros. El segundo objetivo es que se parte por diferencias en sectores económicos y por nivel salarial, por lo que se atiende especialmente a los salarios más bajos con algún porcentaje un poco mayor que en el conjunto. Y, por último, que los sectores económicos, vuelvan a tener la oportunidad de que los actores clasifiquen. Esta vez con un agregado de que vamos a poner una información pública al servicio de que los actores ubiquen al sector en el contexto que está viviendo con algunos datos objetivos, que contribuyan a la discusión”, dijo Mesa.    

En lo que respecta al sector de la construcción, y consultado sobre lo esgrimido por el SUNCA en cuanto a la cláusula de prevención de conflictos, específicamente ante la posibilidad de la construcción de una segunda planta de UPM, el director Nacional de Trabajo, dijo a Del Constructor que esa cláusula ya existe. “El sector ya tiene en el convenio que está vigente un protocolo de prevención de conflicto que, por lo menos para el sector, es innovador, bastante completo, y tiene un escalonamiento importante de convocatoria a ámbitos, incluido el Consejo de Salario, para resolver situaciones de conflicto. De hecho, un porcentaje importante de los conflictos en la industria de la construcción  se tratan con anterioridad a que se desarrollen medidas sindicales”, afirmó Mesa a Del Constructor.

Otro de los puntos consultados es cómo podrá ser esta negociación teniendo en cuenta que en el sector se han perdido más de 20 mil puestos de trabajo en los últimos años. “Tengo la impresión que ya los actores dieron cuenta de esa situación de la industria. En la negociación anterior se habló de eso y ellos tuvieron en cuenta el contexto en el que se movían. El contenido de ese acuerdo demuestra que se era consciente de la situación de la industria. Creo en la madurez del sector por una larga historia de negociación colectiva para recoger estos elementos actuales, por lo que esperamos que los contenidos de esta nueva negociación van a dar cuenta de esta situación”.

 

La posición del Sunca

Por su parte, el presidente del Sunca, Daniel Diverio, calificó esta nueva negociación como “más general e integral”, debido a que es la ronda de Consejos de Salarios más grande de la historia del país. “Para nosotros, particularmente, es muy importante la defensa de los Consejos de Salarios como una de la herramientas fundamentales que hemos tenido los trabajadores para poder generar mejores condiciones  y por supuesto, también, de recuperación salarial. Es cierto que específicamente, en la construcción, cuando no había convocatoria a Consejos de Salarios en la década del 90 hasta el 2006, nosotros logramos mantener la negociación colectiva porque había una cultura en este sentido de las dos partes, tanto de las cámaras empresariales como de nuestro sindicato. Pero,  independientemente de eso, desde instalada la ley de negociación colectiva, ha sido otro el escenario donde, también, se puede plantear otros temas. Además, es un escenario donde legítimamente las partes van a defender sus intereses, pero a la vez ver en conjunto cómo podemos mejorar y avanzar en las distintas propuestas”, afirmó el sindicalista a Del Constructor.

Diverio también se refirió a la caída de puestos de trabajo en el sector que llegó a tener en 2013 más de 70.000 trabajadores cotizantes. En la actualidad, el sector tiene entre 40.000 y 45.000 trabajadores inscriptos en el Banco de Previsión Social. “Hay expectativa de que se mantenga este nivel de ocupación. Por lo menos es lo que se vislumbra, pero tenemos claro de que no estamos en la misma situación que en el 2013 y también tenemos claro que no estamos en el escenario del 2002 que apenas teníamos 15.000 trabajadores”.

Al respecto, y consultado sobre lo esgrimido por las cámaras empresariales sobre que no podrá ser sustantivo el aumento de la masa salarial, sostuvo que “nosotros haremos nuestro planteo siendo conscientes de que no estamos en aquel registro histórico de trabajadores en el sector, pero también sabemos que no estamos en una situación de crisis para la industria ni caótica. Hay que ver que cuando en el 2008 nosotros hablábamos de una reducción de la jornada, que no es un elemento menor, teníamos unos 40.000 trabajadores en la industria. Significa que con esa ocupación el sector tenía una musculatura importante. Cuando dicen que la industria hoy está en crisis es un planteo que no está acorde con la realidad, ni con la historia del sector. El promedio histórico es de 35.000 trabajadores y hoy estamos por encima de los 40.000 trabajadores”.

No obstante, Diverio dijo que Sunca está preocupado por la pérdida de casi 20.000 puestos de trabajo desde el 2013 a la fecha. “Hasta el 2013 hubo una fuerte inversión extranjera en el Uruguay, mucha de ella destinada a la construcción, fundamentalmente en el mercado inmobiliario, en parques eólicos y en la construcción de cientos de silos para guardar granos que fueron construidos por los trabajadores. A eso hay que sumarle una fuerte inversión pública y la obra de Montes del Plata que llegó a tener 7.000 trabajadores. Eso explica el crecimiento importante del sector. Ahora, nuestro objetivo es ver cómo generamos la posibilidad de que esos miles de compañeros que hoy están desocupados, muchos de ellos  provenían de otras industrias, por ejemplo, fábricas que cerraron, encontraron en la construcción una salida laboral. Nosotros también estamos discutiendo, y nos sumamos a lo que plantea el PIT-CNT, que se debe discutir profundamente  lo que es realmente la diversificación de la matriz productiva para generar puestos de trabajo que sean mucho más calificados. Para esto hay que hacer un esfuerzo más grande en inversión en nuevas tecnologías y capacitación, para encontrar un salida en lo laboral”, señalo el presidente del Sunca.      

Por último, Diverio se refirió a la posibilidad de la instalación de una segunda planta de UPM. “Bienvenida la inversión. Hay que generar puestos de trabajo, pero nosotros pusimos sobre la mesa de negociación tripartita dos o tres elementos que nos parecen claves. La primera es que cualquier inversión que aterrice en el Uruguay tiene que tener los controles ambientales necesarios. En segundo lugar, debe cumplir la normativa de seguridad e higiene y, por último, respetar los derechos conquistados por los trabajadores”.

 

La visión empresarial 

Por su parte, el presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay (CCU), Ignacio Otegui, consultado sobre la ronda de negociación que comenzará en julio, dijo  a Informativo Sarandí que “no están en condiciones de aumentar los salarios que ya son buenos”. Si bien aclaró que no se planteará una rebaja salarial “la industria no puede y el país no debe seguir aumentando los salarios”.

Consultado sobre el pedido de aumento salarial que, seguramente, el sindicato realizará en la próxima ronda de Consejos de Salarios, respondió a los colegas de Informativo Sarandí: “¿Sabe cuánto gana un obrero de la construcción? 60.000 pesos. Los sueldos son los que son. Cuando vienen las cosas favorables, uno los aumenta. Pero cuando las cosas están de punta… Yo no los quiero rebajar, pero no puedo subirlos más”.

Sostuvo además que la industria de la construcción perdió el 20% de la productividad en los últimos 15 años, y recordó: “llegamos a tener 73.000 trabajadores directamente en obra y hoy estamos en 41.200”. “Estamos en niveles de actividad parecidos a la década del 90”, afirmó.

 Otegui agregó que existen “tres motores” en la industria de la construcción. “Uno es la obra privada no vinculada a la vivienda, que en los últimos siete u ocho años, ha sido el principal motor. El segundo es la obra pública que tuvo una caída en sus niveles de actividad en los últimos dos años. El último motor es la obra privada vinculada a la vivienda. Esto es el 100% de la industria que en el 2017 representó el 9.2% del  PBI nacional. Somos el tercer sector de la economía uruguaya en invertir, más allá de que tenemos tres años seguidos de contracción, lo que generó la caída del PBI y del empleo. Esta situación no tiene muy preocupados porque el escenario que vemos para este año, en el mejor de los casos, es similar al del 2017. Estimamos que este año habrá un 45% de obra privada no vinculada a la vivienda, un 35% de obra pública y un 25% de obra privada vinculada a la vivienda, cuando hace seis años se había alcanzado el 31%”, señaló el presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay.

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El documento, denominado “Informe de Expectativas del Sector de la Construcción” fue elaborado en diciembre pasado con el objetivo de monitorear las expectativas de las empresas del sector  de  la  construcción  respecto  a  las  principales  variables  económicas,  su  capacidad instalada y expectativas de crecimiento. Esto  permite  obtener información  relevante  sobre la coyuntura actual y la evolución futura del sector y la economía en su conjunto. Para ello, se consultó a 71 empresas asociadas a  la Cámara de la Construcción del Uruguay (CCU) y a 10 empresas que integran la Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay (APPCU).  Del total de empresas contactadas se obtuvo una tasa de respuesta de 38,3%.

La percepción actual fue relevada mediante la variable de interés, para los que las empresas que respondieron debieron elegir entre “buena”,  “ni  buena  ni  mala” o “mala”,  mientras que las expectativas fueron recogidas mediante  la  percepción  de  la  evolución  futura  respecto  al  estado  actual, dividiéndose en “al  alza”, “igual” o “a la baja”.

 

Percepción

En  cuanto  a  la  percepción  actual,  tanto  de  la  economía  como  del  sector,  predominan  las respuestas  neutras  81%  y  71%  respectivamente,  seguido  de  las  respuestas  asociadas  a  una percepción negativa (16% y 26%). En  cuanto  a  las  expectativas  futuras,  si  bien  predominan  las  visiones  neutras  tanto  para  la economía (71%) como  para el sector (52%), la segunda categoría en cuanto a expectativas son respuestas  positivas.  Para  la  economía  el  19%  esperan  que  la  economía  evolucione  al  alza, mientras  que  para  el  sector  este  valor  se  ubica  en  el  entorno  del  32%.  “Esto  supone  una innovación  respecto  a  las  ediciones  anteriores  ya  que  es  la  primera  vez  que  se  releva  una proporción  de  esta  magnitud  de  respuestas  positivas  sobre  el  futuro  de  la  economía  y  el sector”, señala el informe.

 

Expectativas

Las empresas también fueron consultadas respecto a su capacidad instalada  actual y su expectativa a futuro.  Los resultados de esta consulta muestran que cerca del 48% se encuentran operando debajo del 70% de su  capacidad instalada,  observándose  un  valor  similar  para    la  expectativa  de  la  capacidad  instalada. “Adicionalmente” expresa el documento, “se  consultó  a  las  empresas  respecto  de  la  probabilidad  de  expansión  de  la capacidad en cuanto a maquinaria y persona. 

El 64,5% de las empresas ven como muy  poco  probable o  poco  probable  la  expansión  de  maquinaria;  este  indicador  se  sitúa  en torno al 61% para el caso de personal”.

Por último, se relevaron las expectativas sobre la evolución de los costos y sobre cuáles son sus principales factores que inciden sobre éstos.

“En  cuanto  a  la  evolución  de  los  costos,  el  52%  espera  que  evolucionen  a  la  par  que  el  IPC mientras que el 48% espera que evolucione por encima. El 90% identifica como principal factor de incidencia, el costo a la mano de obra, seguido de los insumos locales y costos financieros”, concluye el documento del Informe del Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción (CEEIC).

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