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El 13 de noviembre del año pasado, Marcelo Danza fue nombrado el nuevo Decano de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo. Veinticuatro horas después, asumió el desafío, luego que su antecesor, el arquitecto Gustavo Scheps, había terminado su decanato y se jubiló. En entrevista con Del Constructor, Danza se refirió al origen de la arquitectura, a Montevideo y su acervo patrimonial, a la relación entre la arquitectura y las  necesidades sociales, y al déficit habitacional.

Para el imaginario colectivo, la Facultad de Arquitectura, los arquitectos, es como algo muy lejano, no integrado podríamos decir, a lo cotidiano.

 

Por un lado está el trabajo, la profesión, lo que sería la función del arquitecto, y después la formación y la Universidad. Aquí entra, de algún modo, el Decano. El trabajo de un arquitecto, como toda actividad que vincula a los hombres en una construcción cultural, es que, con el paso del tiempo y gente con ciertas habilidades, fueron generando especializaciones.

En el caso de la arquitectura específicamente fue la necesidad de transformar el hábitat para sobrevivir, que es algo inherente al ser humano. De hecho, el inicio de la tecnología para muchos es cuando el primer hombre agarra una piedra y la usa para defenderse.  O sea, tira la piedra para alejar a alguien, ante la amenaza de un semejante o un animal. El uso de algo con un destino diferente, sigo con el ejemplo de la piedra como herramienta para generar un área de protección, es considerado el inicio de la tecnología. Es decir, tomar del medio algo y darle un uso que me es funcional a algo que preciso y que, en este caso, es protección, generando un área de resguardo para el hombre. Hasta donde llega la piedra, no se acerca el animal. Hay como una primera delimitación del territorio. Y después, la necesidad, en un día de frío por ejemplo, de generar una segunda piel, o confort ante un clima hostil. Esa actividad funcional para protegerte, que es la transformación del espacio, del lugar donde se vive, de la naturaleza, es en esencia la arquitectura. Ese es el origen que no hay que perder.

El sentido de dar cobijo. Y cuando vas a un grado de acondiciomiento que excede ponerse algo en el cuerpo directamente, se genera la arquitectura.

 

Tiene entonces un componente funcional.

Exacto. Y después, como pasa con los seres humanos, todo tiene un componente simbólico. Una vez que se empieza a hacer una construcción, esa construcción puede tener simbolismo.

En la medida que empieza la transformación del espacio, material, real, por un tema operativo, funcional, empieza también la transformación simbólica del espacio.  Se dice que, históricamente, se ha asociado la arquitectura al sedentarismo, pero hay un arquitecto italiano que dice que en el nomadismo se encuentra el origen de la arquitectura. Porque los nómades cuando comienzan a reconocer un espacio, un río que está cercano, por ejemplo, construían un mapa mental de ese territorio que permite la comunicación y la orientación.  Esa construcción ya es simbólica y eso ya es un primer acto de arquitectura.  Eso fue evolucionando con gente que tenía más capacidad manual para generar construcciones y la trasmisión de códigos y conocimientos de uno al otro. Esto fue generando un oficio. Miles de años después llegamos a la arquitectura dentro de nuestra cultura occidental, donde inclusive hay una búsqueda de una vinculación de la arquitectura con los dioses y con la matemática.

Después llegamos al arquitecto, escultor y orfebre renacentista italiano Filippo Brunelleschi, a través de un concurso que hubo en Florencia, donde se da por primera vez la separación entre quien piensa la arquitectura y quien la ejecuta. O sea, el arquitecto que dibuja y el maestro de obra, el capataz, el artesano, que la ejecuta. Ese momento de separación entre el creador intelectual y el creador material, algo que no sucede en las otras artes. Esa separación intelectual es la que da el surgimiento del arquitecto.

 

¿Cuál sería entonces la función del arquitecto en la actualidad? 

Es la persona que se formó para generar esa transformación en el espacio, que hoy, obviamente, maneja tecnología y una lógica producto del siglo XXI que vivimos, pero sigue siendo eso primigenio de lo que te hablaba.  

 

La arquitectura y lo social 

Hay un separación entre el arquitecto que proyecta una obra y quienes la ejecuta. Ahora, ¿cuándo el arquitecto se une, si es que lo hace, con las necesidades sociales de los habitantes de una ciudad? 

Acabas de tocar un tema clave, en el sentido de que, también, cunado pasan estas cosas se generan las elites, se genera la cultura paralela como pasa en todas las disciplinas. Un grupo de gente que empieza a hablar de cosas que solo les interesa a ellos por su propia formación. Entonces se empiezan a discutir temas que van generando su propio código de palabras, de problemáticas. Pero las ciudades siguen transformándose, la persona que vive con sus hijos y no tiene dinero para contratar a un arquitecto, agarra cuatro chapas, le pregunta al vecino cómo hizo el ranchito, y se lo pone a hacer. Esa necesidad básica, elemental, humana que, insisto, no deberíamos perderla como perspectiva.

Y es verdad que a veces, y sobre todo cuando se genera una profesión nueva, se empieza a generar ese clima de elite. Y ¿cómo logras que exista una vinculación entre ambos mundos? Bueno, ahí está el éxito de la profesión. Hay otra cosa clave que tiene la arquitectura en ese sentido. Es que esa persona que piensa intelectualmente la obra, básicamente vive del excedente del ahorro. Quiero decir, alguien piensa en llamar a un arquitecto para hacer o reformar una casa cuando hay un dinero ahorrado. Por lo tanto, primero hay que tener un trabajo, luego que ese trabajo sea lo suficientemente bueno para tener capacidad de ahorro. Eso ha generado que la gente que accede al arquitecto sea un grupo pequeño de la sociedad.

Lo mismo con las instituciones, primero tienen que generar ahorros para acceder a un arquitecto. Por eso es una profesión que ha estado históricamente vinculada a las élites, pero no a la transformación del espacio. Insisto, la transformación del espacio la hace la persona que cada mañana decide sobre su casa. Así se hacen las ciudades. Y esto es una de las tensiones que creo tenemos que resolver. Esto ha sido histórico pero, sin duda, a medida que pasa el tiempo y que la sociedad no logra resolver las contradicciones, las diferencias sociales que son cada vez más radicales, se hace más fuerte y necesario el cruzar estos dos aspectos de los que hablaba.

 

Esa imposibilidad de acceder a un arquitecto en la mayoría de los habitantes de una ciudad, pongamos como ejemplo Montevideo, hace que esa transformación se haga de forma caótica. 

Absolutamente. Los arquitectos y los urbanistas nos enojamos a veces con lo que se hace en la ciudad. Pero, en el fondo, es enojarse con una realidad, y lo digo como autocrítica y como desafío, donde nosotros, los arquitectos, no estamos  interactuando. Y esto es uno de los problemas que sucede especialmente en Latinoamérica. La cultura arquitectónica y urbanística occidental, la norteamericana y europea, en la que nosotros más nos hemos formado, tiene preparación para interactuar con la ciudad formal, con la administración pública que tenga un plan urbano. Hay sí existen herramientas que te da la formación, pero no tenemos la formación para interactuar con la ciudad que cambia cotidianamente, con la ciudad que se autogenera. Ha habido como cierta impotencia que durante mucho tiempo significó mirar para el costado. Es más, se veía como algo que había que barrerlo, sacarlo. Pero cuando algo se mantiene en el tiempo, ya no es una patología, de repente es una característica de las ciudades latinoamericanas.    

 

Ese, llamémosle “divorcio”, entre la profesión de arquitecto y la realidad social que se genera día a día, ¿cómo se resuelve? 

Hubo intentos de diferentes tipos, pero hay experiencias  en ciudades como Medellín en donde, si bien ese divorcio no se supera, en el sentido de que muchas de las intervenciones que se hicieron en esa ciudad fueron a través de las intendencias  y de concursos de arquitectos, es decir que surgen, y esto lo digo entre comillas de la alta cultura arquitectónica, tuvieron sí como objetivo interactuar, poner edificios, espacios públicos, bibliotecas, en los lugares marginales. La importancia de estas experiencias es aprender de lo que eso va dando como resultado.  Existe un diálogo con los protagonistas, existe un ensayo sobre donde se colocan los espacios públicos, por ejemplo, se recoge información de esa experiencia que se aplica en la próxima. Entonces no miraría a la arquitectura como una profesión de cortesanos para un grupo de elite, ni tampoco la miraría ingenuamente como una profesión que puede cambiar  una ciudad, un espacio, de un día para el otro.    

 

Arquitectura y humanismo

¿La Facultad de Arquitectura es consultada por organismos del Estado, como el MVOTMA, la Agencia Nacional de Vivienda o las intendencias? 

Hay cosas que se han hecho, convenios, acuerdos, y cosas que se están haciendo ahora como lo del proyecto APEX de la Universidad de la República. De hecho, tenemos un asistente académico, Miguel Faccioli, que trabaja mucho en eso. Ahora estamos tratando de lograr un acuerdo con el Congreso de Intendentes. Con los alcaldes, por ejemplo, como tercer nivel de gobierno y con mayor cercanía con la gente, estamos realizando talleres de manera de tener insumos. Lo primero es entender, tener un diagnóstico, de lo que está pasando. También con los ministerios ha habido experiencias puntuales. Yo creo que hay un proceso en construcción. Si bien no estamos en una situación ideal, tampoco estamos en cero.  Además, hay una cosa importante y es darle visibilidad a estos acuerdos, acercamientos y talleres. Que la gente sepa lo que se está haciendo y que lo sienta como propio.

 

¿Cómo ve a Montevideo a nivel arquitectónico?

La veo bien porque es una hermosa ciudad. Tiene una matriz geográfica muy buena, con una exposición directa al río, con arena y playas, y eso significa un espacio público increíblemente democrático. También tiene una matriz urbana buena, con buenas avenidas y edificios icónicos del Art Decó. Lo que creo, también, es que hay que pensarla seriamente para el futuro en dos aspectos. El primero es en cómo mantenemos lo que tenemos y, en segundo lugar, cómo la proyectamos para el futuro. La expansión del parque automotor ya es un hecho. 

En el mundo contemporáneo sino hay una expansión del mercado automotor es porque la gente empezó a tener menos trabajo y menos poder adquisitivo. Todo esto requiere que la ciudad tenga algunas vías de comunicación más fluidas. Hoy, por más que si los montevideanos salimos a una hora pico terminamos desconociendo a Montevideo por su flujo en el tránsito, esto ocurre solo en algunos horarios.  En ciudades de México, o en San Pablo, eso no pasa. Son ciudades que están colapsadas las veinticuatro horas del día. Ahora, para que eso no nos ocurra dentro de cincuenta años, hay que pensar la ciudad del futuro.       

Creo que nosotros tenemos medidas cortoplacistas que no tenían los que, por ejemplo, plantaron los árboles de Montevideo. Pongo un ejemplo cualquiera. Si uno sale a caminar por Parque Rodó, La Comercial o Palermo, hay que ver lo que significa la arbolada. En otoño las hojas en el piso, la sombra en verano. Los tipos que plantaron esos árboles, lo hicieron para el disfrute de otra generación. Había una mirada al futuro. Otro ejemplo de esa concepción de proyectar una ciudad es la Rambla Sur. Cuando se proyectó y se construyó era para cuatro cachilas en aquel momento, pero si hoy no existiera sería imposible descongestionar el tránsito. Eso lo hizo gente que no lo vio y que tuvo una visión increíble de futuro. Eso es lo que nos está faltando. Otro ejemplo, el Prado tiene un parque y unos árboles increíbles y hoy está muy descuidado. Barandas del  puente sobre  Buschental que se rompieron hace cuatro años y siguen rotas, luz que no hay. Se trata de mantener lo que ya hay. Eso lo recibimos como legado y debemos mantenerlo. Y así ocurre con un montón de espacios públicos y edificios simbólicos. Mantener lo que está y tener una visión de futuro. Ahora está toda la polémica sobre la torre en Maldonado (se refiere al proyecto del arquitecto Rafael Viñoly para el ex hotel San Rafael). Este debate nos debe servir para pensar hacía el futuro. ¿Las torres en algún momento van a venir o no? Bueno, van a venir. Y si no vienen es porque a nadie le interesa Uruguay. Tal vez no sea ese el lugar, pero hay que definir donde se pueden construir. Lo hizo París, generó una ciudad paralela que destinó a la instalación de todas las corporaciones y edificios, y el París antiguo, histórico, quedó preservado. Es decir, Francia no le dijo a esos inversores `váyanse para otro país´. En el mundo contemporáneo es así. Si nadie viene a golpear en tu país, es porque tu país no está siendo atractivo para nadie. Hay un equilibrio, o debería haberlo, entre no negar la realidad y preservar lo que ya está construido.  Estas cosas, la arquitectura y el urbanismo deben evaluarlas.  Esa perspectiva de pensamiento a futuro es lo que nos está faltando.

 

Otro de los aspectos, a esta altura, un problema endémico, es la carencia de viviendas cuando hay decenas de edificios abandonados.

Es cierto. La arquitectura y el urbanismo, como todo, tienen mucho de ideas y tienen muchísimo de gestión y de decisión política. 

Entre la idea y que eso se transforme en algo real pueden pasar años de gestión. Hay una demanda de vivienda grande, proporcionalmente para lo que es una población chica como somos, con lo cual siempre da esa sensación que este problema sería abordable un proceso en el tiempo de generación de viviendas o, como bien dijiste vos, usar metros cuadrados vacíos que tenemos, pero vacíos abandonados, no vacíos en el sentido de que alguien que tiene una segunda casa en un balneario muchos veces vacías, pero que la usa como lugar de descanso. 

Me refiero a viviendas vacías porque falleció el propietario hace décadas y no hay sucesores. Esas construcciones después aparecen tapiadas, lo que es un desastre desde el punto de vista de la calidad urbana.  Y a la vez, tenés personas durmiendo en la calle. Ahí hay, sin duda, cosas para hacer. 

 

Y ese déficit habitacional, ¿no puede ser contrarrestado con el avance de la tecnología en materia de construcción? Esos nuevos sistemas constructivos han logrado bajar el costo de la vivienda y el tiempo de finalización de obra. 

Totalmente. Tuvimos una reunión con un integrante de “Un techo para mi país”,  que se había recibido del arquitecto y, consciente de que lo que se hace es muy precario, las llamadas mediaguas, nos decía que le gustaría hacer un concurso donde surjan ideas para cómo generar un prototipo que solucione más integralmente el problema con otra calidad arquitectónica para el uso de las personas.

Hay una experiencia en Chile muy positiva e interesante al respecto llevada a cabo por el arquitecto Alejandro Aravena. Él hizo una experiencia muy interesante. Pregunta al Ministerio de Vivienda chileno cuánto se gastaba en una vivienda tipo Mevir, por poner un ejemplo. Tomó ese monto e hizo un concurso internacional con ese dato convocando a realizar otras viviendas, con otras características de calidad y de confort, sin pasarse de ese monto. Y se concretó en una experiencia bien interesante, porque además prevenía el crecimiento, prevenía ciertas condiciones de urbanidad  como construir una manzana entera y no casas aisladas. Esto te permite saber cómo funciona, qué pasa a los cinco o diez años, cómo esos pobladores e fueron apropiando, en el buen sentido, del espacio destinado para el crecimiento. Sin duda hay mucho para hacer.

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Un estudio llevado a cabo por la arquitecta Sharon Recalde propone generar conocimiento sobre la precariedad habitacional dispersa de Montevideo y estudiar medidas que permitan revertir la situación.  El estudio es la tesis de doctorado presentada ante la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de San Pablo y recibió una mención en la última edición del Premio Nacional de Urbanismo.

Según el trabajo, “en este nuevo siglo se produce una polarización entre las condiciones de vida de los distintos estratos sociales, que tiene su reflejo en el territorio” y que se materializan en la “segmentación social, segregación residencial y exclusión urbana”.

De manera paralela “se manifiestan nuevas formas de habitar en el tejido formal de la ciudad, asociadas a nuevas formas de pobreza y vulnerabilidad”. Se trata de la precariedad habitacional dispersa y es “la menos visible, subdiagnosticada y atendida por las políticas públicas”, afirmó Recalde.

 

Precariedad habitacional

Se considera precariedad habitacional, entonces, a la manifestación física de pobreza o vulnerabilidad en el hábitat residencial. La precariedad dispersa es la precariedad física y social que caracteriza localizaciones puntuales dentro del tejido formal. En tanto, la precariedad habitacional concentrada hace referencia a la precariedad física y social que caracteriza porciones homogéneas de la ciudad, como parte de procesos de fragmentación urbana.

Existen ambos tipos de precariedad habitacional, pero en la tesis doctoral se recuerda un trabajo estadístico previo que daba cuenta que existen tres familias pobres en el tejido formal por cada una que vive en asentamientos irregulares en Montevideo. Ello, sostuvo Recalde, “evidencia la existencia de situaciones de vida críticas diseminadas por ese tejido formal que no necesariamente son conocidas y mitigadas por la acción estatal”.

Los barrios de las zonas centrales de Montevideo fueron identificados como poseedores de algunas situaciones de precariedad habitacional. Es más, en el trabajo se indica que existen “niveles críticos (altos) en las zonas centrales e intermedias o que presentan particularidades que implican la necesidad de profundizar el análisis en las zonas de interés”.

 

Cambio de paradigmas

Según Recalde, en los últimos años se observa un “real interés en innovar en la búsqueda de soluciones para las problemáticas habitacionales existentes, tanto a nivel legal como institucional, como en el diseño e implementación de los programas”. Cree que “existe un evidente viraje del paradigma del acceso a la vivienda al de permanencia en ella” y que la diversificación de los programas “ha permitido comenzar a atender el stock habitacional existente” en el que se evidencia la precariedad.

De todos modos, pese a la existencia de diagnósticos y la aplicación de planes desde el Estado, la especialista entiende que “aún existe desconocimiento de situaciones de precariedad, mayormente de la precariedad dispersa, tanto de su localización como de su caracterización”.

 

Formales y precarios

La tesis doctoral afirma que se desarrollaron programas estatales “de aplicación concentrada y dispersa” y que las medidas aplicadas sobre la precariedad dispersa “tienen menor inversión ya que se limitan a mejoras en la vivienda, han tenido menor evaluación, van en aumento (diversificación), aunque no están aún consolidadas”.

Asimismo, señaló que “su gestión no es simple, debe atenderse caso a caso“, y que los beneficiarios son los protagonistas ya que son los que deben procurar el programa habitacional más adecuado a sus necesidades y posibilidades”.

Recalde sostuvo en el trabajo que “los programas que atienden las situaciones de precariedad concentrada tendrán un mayor impacto a nivel urbano, por un lado por la propia concentración de los resultados y porque incluyen acceso a servicios de infraestructura y equipamientos sociales y culturales. También será mayor la cantidad de beneficiarios”.

Sobre los programas de aplicación dispersa, señaló  que “se limitan a intervenciones en las viviendas y su alcance es aún limitado”. Y explica: “Pueden atender situaciones que promuevan la conservación del stock construido, salpicando de mejoras el tejido formal en proceso de deterioro. Esos programas a pesar de no proponer el mejoramiento del espacio público, en algunos casos contribuyen a la imagen urbana a partir de las mejoras de los inmuebles”.

 

Conclusiones

Entre las conclusiones del trabajo se encuentra la necesidad de generar más información acerca de la precariedad habitacional dispersa. “La falta de información es el primer obstáculo a superar para revertir esa problemática. La investigación realizada propone una metodología para su reconocimiento, define zonas donde comenzar un análisis más profundo y genera un sistema de información geográfica que queda disponible para continuar con la manipulación de los datos e indicadores utilizados”, indicó Recalde.

Además, sostuvo que la visibilidad de los distintos tipos de precariedad habitacional es diferente, “siendo mayor el reconocimiento en el caso de los edificios ocupados, luego el caso de los terrenos formales con ocupación precaria y finalmente el de las pensiones”.

“Los edificios ocupados se encuentran en toda el área estudiada, los terrenos formales con ocupación precaria se localizan en la parte más periférica de esa zona y las pensiones en la zona más central”, explicó la profesional.

Desde su perspectiva, “es necesario coordinar y articular, hacer sinergia entre programas de distintos sectores (urbano, habitacional y social) y entre distintos organismos, potenciar la autogestión, autoproducción, autoconstrucción e intensificar el apoyo técnico; facilitar las acciones y aproximar los programas a los usuarios”. En línea con lo que trabaja el gobierno, Recalde  manifestó que en el caso de terrenos formales con ocupación precaria los principales aspectos a resolver son las condiciones de habitabilidad y las condiciones legales de las viviendas.

“Las intervenciones físicas a realizar incluyen el mejoramiento de las condiciones materiales y apoyo a la autoconstrucción. Las estrategias a desarrollar deben tender a potenciar las acciones a través, por ejemplo, de la cooperación entre familias y coordinación entre beneficiarios para hacer más eficiente la acción de las instituciones, valorando las intervenciones grupales sobre las individuales”, enfatizó la arquitecta.

Por otro lado, se plantea en la tesis doctoral que “hace falta facilitar la formalización de las viviendas lo que implica posibilitar la subdivisión de los terrenos originales, la regularización de las construcciones -impedida por el incumplimiento de las condiciones físicas-, permitiendo en ambos casos la incorporación a propiedad horizontal”.

En el caso de los edificios ocupados, plantea que antes de cualquier otra acción se deben resolver los problemas de tenencia, y sostiene que el caso de las pensiones y casas de inquilinato “debe ser reconocido como un problema a atender” ya que “apenas se conocen las condiciones de vida de los locales habilitados”, señala el estudio de la arquitecta Sharon Recalde.

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Varios operadores del sector inmobiliario pidieron incentivar la construcción de apartamentos monoambientes y de un dormitorio al amparo de la ley de vivienda promovida, que establece exigencias a los desarrollistas al momento de edificar este tipo de unidades, según un informe elaborado por la revista Propiedades.

“El gobierno buscó que la ley de vivienda promovida no se desvirtuara con la construcción de oficinas y limitó los monoambientes a un 20% del edificio y las unidades de un dormitorio hasta un 50% del edificio”, explicó Alfredo Kaplan, de Estudio Kaplan, que insistió en varias oportunidades, a lo largo del año, en la necesidad de reformular algunos aspectos de la ley de vivienda promovida.

Desde su perspectiva, la actual normativa, con sus topes, perjudica el desarrollo de emprendimientos inmobiliarios en zonas centrales y medias de la capital. Pero además, desde su perspectiva debe haber un cambio que flexibilice los requisitos que el gobierno pide a los desarrollistas a la hora de edificar apartamentos monoambientes o de un dormitorio.

“Al tipo de composición familiar de hoy sería positivo que hubiese más unidades de un dormitorio que de dos o de tres, porque se venden menos”, indicó Kaplan.

En el mismo sentido se expresó Ignacio González Conde, socio de la empresa constructora González Conde, quien afirmó que en varias oportunidades se pidió flexibilizar la normativa al amparo de la realidad sociodemográfica nacional.

“Las familias ahora no se casan. Las personas se juntan. La gente mayor se divorcia y se va sola”, reflexionó González, quien entiende que habría un dinamismo mayor en las ventas de apartamentos si se permite la edificación de más unidades monoambientes y de un dormitorio en las construcciones hechas al amparo de ley de vivienda promovida.

 

Números

Según los resultados del Censo 2011, llevado a cabo por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la población de Uruguay es de casi de 3,3 millones de habitantes, el número casi que no crece y hay cada vez más adultos mayores.

En ese contexto, el 12% de los uruguayos viven solos; 12% forman hogares nucleares sin hijos; 44% forman hogares nucleares con hijos; y 11% forman hogares nucleares monoparentales. El 32% de las personas están casadas y el 19% vive en régimen de unión libre.

El 37% de las personas con pareja en el hogar viven en unión libre con pareja de otro sexo, mientras que el 0,2% viven en unión libre con pareja del mismo sexo.

La población de 65 o más años pasó de ser el 7,6% del total en el Censo de 1963, al 14,1% en el Censo 2011. A la inversa, en el período 1963-2011 se verifica un importante descenso del porcentaje de población menor de 15 años, que pasó de representar el 28,2% de la población en 1963 a constituir el 21,8% en 2011.

El 78% de las viviendas de todo el país son casas. Las casas representan 56% de las viviendas de Montevideo y el 94% del resto del país. En Montevideo, las viviendas totalizan 520.538. De ellas, 472.013 están ocupadas y 48.525 desocupadas.

Unas 9.200 son de uso temporal y 13.600 están desocupadas con el cartelito de “se alquila” o “se vende”. Otras 6.149 están deshabitadas por encontrarse en refacción o reparación. Hay 2.341 viviendas en estado ruinoso o inhabitable, mientras que en el resto del país se llega a las 8.765.

 

Hogares unipersonales

En el llamado Atlas Sociodemográfico de la Desigualdad en Uruguay, elaborado por el INE, se profundiza en la explicación: “El incremento registrado en la proporción de hogares unipersonales entre 1996 y 2011 se inscribe dentro de una tendencia de larga duración al envejecimiento que ocupa la segunda mitad del siglo XX. En 1963 algo más de uno de cada 10 hogares estaba conformado por una sola persona; en 2011 los hogares unipersonales se aproximan a un cuarto del total. En el último período intercensal el aumento de los hogares unipersonales respondió también al incremento de jóvenes y adultos que viven solos, principalmente en razón del aumento de las rupturas conyugales”.

Este mismo trabajo añade: “Los hogares conformados por parejas sin hijos aumentaron entre 1963 y 2011 hasta representar el 16,8% del total de los hogares. Ello puede explicarse por efecto de dos factores: como producto del envejecimiento poblacional, por el aumento de los hogares conocidos como “nido vacío”; y por efecto del retraso de la edad de inicio de la reproducción”.

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La arquitectura de la participación cívica, es decir, la idea de que los edificios deben abordar la desigualdad y mejorar la vida de todos los habitantes, sin perder los niveles de confort y seguridad actuales, ha comenzado a ganar protagonismo en los últimos años.  Un informe de la cadena de televisión estadounidense en español Univisón, elaboró un informe donde enumera tres de estos proyectos.

La participación cívica en la arquitectura va contracorriente con la imaginación popular que, con frecuencia, relaciona a las ciudades con sus edificios más grandes y sus monumentos más colosales. Pero  las ciudades tienen un “núcleo duro” que consiste en sus edificios cívicos y espacios públicos de pequeña escala, tales como bibliotecas, escuelas, centros comunitarios, parques y parques infantiles. Estos lugares son espacios de reunión para los residentes y crean enclaves urbanos que son robustos y duraderos.

 

Tres proyectos

En este contexto, se anunciaron en Estados Unidos  tres proyectos, que serán concretados en el correr de este año, que demuestran el poder  de la arquitectura de construir, sostener y forjar comunidades. El primer proyecto es una  biblioteca en el vecindario Greenpoint de Brooklyn —la cual será bautizada como la Biblioteca y Centro de Educación Ambiental Greenpoint— que ejemplifica la capacidad de la arquitectura pública de reflejar las preocupaciones de las comunidades locales. Diseñado por la firma arquitectónica Mable Fairbanks, el edificio de dos plantas tiene todas las características de una biblioteca tradicional, desde libros apilados a salones de lectura. Pero también habrá espacios para reuniones que se están construyendo para el uso expreso de los activistas comunitarios y los ambientalistas, así como un centro educativo para la conciencia ambiental, los cuales son reconocimientos de la historia de activismo ambiental del vecindario.

El edificio será construido según las normas más exigentes del diseño ecológico, con planes para reducir la contaminación de aire por parte del edificio y disminuir su uso energético y del agua. En los dos techos verdes del edificio, al igual que en su plaza pública, se cultivarán especies oriundas de la región.

 

Planificación urbanística

Lo mismo se podría decir de una planificación urbanística de viviendas asequibles que se está construyendo en Humboldt Park, en el West Side de Chicago. Tan importante como los espacios públicos, la vivienda asequible ayuda a crear ciudades equitativas y accesibles. Bautizado “‘Tierra Linda”, la planificación es el resultado de la colaboración continua entre la empresa Landon Bone Baker Architects y la Latin United Community Housing Association (Asociación Latina Unida de Vivienda Comunitaria), una organización comunitaria local.

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La construcción de casas para veraneo con contenedores adaptados tuvo una fuerte expansión en la costa uruguaya en los últimos años. Abonaron a esta tendencia su bajo costo, la agilidad con que se erigen y la conveniencia de no tener que viajar a supervisar obras, ya que se realizan en un taller y luego se instalan fácilmente en el terreno.

Un informe de la periodista Marcela Dobal, publicado por el suplemento El Empresario del diario El País, señala que mientras las empresas del rubro perciben un aumento en la demanda, en paralelo en algunos balnearios crece la instalación de contenedores sin un proyecto de diseño. Esto despertó alertas en las comisiones vecinales e incluso en la Intendencia de Maldonado, que ya trabaja en una reglamentación para “inhibir” estas construcciones.

Al margen de esas irregularidades, el mercado formal ofrece opciones estándar y otras de alta gama, según el material con que se reviste el interior. En los modelos básicos suele utilizarse melamínica en paredes y fenólico en techos, mientras que los más costosos incorporan yeso o lambriz. La construcción es “modular”, uniendo contenedores. Así, se pueden sumar metros cuadrados de a 15 m2 y 30 m2.

“El precio del metro cuadrado va de US$ 500 a US$ 800, depende de las terminaciones y tipos de aislamiento”, explicó Santiago Pérez, director de Total Containers, una de las principales empresas del mercado. “Apuntamos a un público que busca buena calidad, buenas terminaciones y no al costo más bajo”, remarcó. Otros jugadores de trayectoria en el negocio son Multicontainer y Living Containers.

Lo más demandado son las viviendas de dos contenedores (de 60 m2, con dos dormitorios, cocina, living y baño), que por tanto pueden obtenerse a un precio base de US$ 30.000.

A ese monto hay que sumarle el valor del terreno. Por lo general, los que son utilizados para este fin son de 300 m2 o 400 m2, indicó el presidente de la Cámara Inmobiliaria de Maldonado, Jorge Díaz.

Punta Negra es uno de los balnearios donde más se desarrollaron viviendas con contenedores. Allí, el precio promedio del metro cuadrado de terrenos es de US$ 78,5, según los predios actualmente publicados a la venta en Gallito.com. Por tanto, se podría comprar terrenos a unos US$ 23.500. Pasando raya, con el desembolso de US$ 53.500 se obtiene una casa de veraneo estándar.

Ese precio es muy inferior al de las viviendas que más abundan a la venta en esa zona (las de tres dormitorios), que asciende a US$ 133.000 en promedio, según datos del portal Gallito.com procesados por El País. De dos dormitorios hay muy pocas casas publicadas, cuyo precio medio (unos US$ 100.000) casi duplica los US$ 53.500 de las viviendas con contenedores.

No obstante, Total Containers ha construido viviendas de hasta cinco o seis módulos. “Son para personas que empiezan a buscar casas grandes, cómodas, lindas. Con barbacoa, parrillero, deck, pérgola, de buen nivel”, dijo Pérez.

 

Préstamos bancarios

A diferencia de las de construcción tradicional, estas no se pueden hipotecar, pero hay disponible financiamiento bancario con préstamos al consumo. “Hace unos cuatro años comenzamos a financiar y la demanda siempre fue en aumento”, dijo Emilio Díaz, responsable de Desarrollo de productos de BBVA. Estos créditos “anualmente se incrementan en un 30% promedio”, aseguró al suplemento El Empresario.

El banco presta hasta US$ 40.000, aunque “se analizan excepciones por mayores capitales”. Y se puede financiar hasta el 100% de la vivienda, dependiendo de su valor, el patrimonio del cliente y la capacidad de pago.

Los requisitos que se exigen a los solicitantes son: ser mayor de 18 años, tener un año de antigüedad laboral (en caso de ser empleados dependientes) o tres en actividad (si son trabajadores) independientes. La exigencia de ingresos mensuales es que superen los $ 30.000 líquidos.

Al ser un préstamo al consumo, la tasa de interés es superior al de un crédito hipotecario. “Está en el entorno al 9% en Unidades Indexadas”, informó Díaz. También existen empresas del mercado que ofrecen planes a tasa cero en plazos hasta 36 meses. El plazo máximo que ofrece BBVA es de cinco años, pero el habitual es entre dos y tres.

El director de Total Containers señaló a la periodista Marcela Dobal del referido suplemento que el perfil de los clientes es muy variado. “Vendimos una casa divina de cuatro contenedores en Bella Vista a unos clientes mayores de 60 años. Hay gente joven, hay de todo. Antes el público era medio reacio, pero ahora se comprobó que esta construcción funciona y puede hacerse bien”, remató Pérez.

 

Reglamentación

“Estamos redactando una reglamentación para inhibirlos en zonas donde se entienda que la construcción con contenedores puede degradar el entorno, o sea, áreas balnearias que entendemos que tienen una cierta homogeneidad o calidad en el tipo de construcción, donde una edificación con contenedores pueda significar una depreciación de las residencias en esa área”, dijo a El Empresario la directora de Urbanismo de la Intendencia de Maldonado, Soledad Laguarda. Agregó que es probable que la inhibición alcance a “la mayor parte de las áreas balnearias y que si se autoriza, sea con alguna condición muy especial, porque reconocemos que existen construcciones que se realizan bajo diseño con proyectos interesantes que podrían ser viables. No alcanza con hacer una perforación para una ventana y una puerta, tiene que tener un proyecto, un diseño”, dijo. Se exigirán también ciertas condiciones de aislación acústica y térmica.

Según Laguarda, en Punta Negra, Sauce de Portezuelo y Ocean Park esta construcción “se convirtió en un problema y las propias comisiones vecinales nos están pidiendo que lo regulemos y limitemos”. Las viviendas ya deben tramitar permiso de construcción, conexión a la red pública de agua potable, al saneamiento, al alumbrado público y pago de contribución inmobiliaria.

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