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“La construcción tiene una fuerte importancia económica y también social”

En una extensa entrevista con Del Constructor, el dirigente gremial del Sindicato Único Nacional de la Construcción y Afines (SUNCA), Óscar Andrade, se refirió a la situación de la construcción, la probabilidad de una mayor inversión en obra pública y a los desafíos que plantea la innovación tecnológica y los nuevos sistemas constructivos para el sector.

También reflexionó sobre reducir la dependencia  con la inversión extranjera y a la polémica, y conflicto generado, por el tema de diferendo en el cálculo de la licencia para los trabajadores del sector.

 

¿En qué situación se encuentra hoy la construcción?

Tengo la impresión de que hay auspicios de que este año va a ser, por distintas circunstancias, y de hecho tuvimos reuniones con los distintos jefes comunales de las intendencias más importantes para la construcción como Montevideo y Canelones, para ver la situación de evolución de obras previstas para este año, y hay un incremento con respecto a años anteriores. Pareciera que en el 2017 y 2018 se concentraría una parte importante de la obra pública según los anuncios del Poder Ejecutivo. Por lo tanto, este es un impacto que jugaría a favor. Otro elemento es que tuvimos una temporada turística excepcional. En general, la construcción es un sector que es sensible al turismo. La decisión de invertir o no invertir en la zona costera, donde se explica una parte de la actividad del nivel de industria, en general depende de otras actividades que están vinculadas. Y un tercer componente es que Uruguay viene demostrando una fortaleza inédita con respecto a los países vecinos, Argentina y Brasil.  Nos encontramos por primera vez, en la historia económica del Uruguay por lo menos en los últimos sesenta años,  que no acompañamos los vaivenes de la región. No había forma, hasta ahora, que el desempeño económico de Uruguay no estuviera relacionado a los vaivenes, sobre todo, de Argentina. Eso ha cambiado por varias razones. Sobre todo por la diversificación de mercados que ha hecho Uruguay. Argentina viene de una caída pronunciada, por lo menos durante tres años consecutivos, al igual que Brasil, y Uruguay ha demostrado en esos años un crecimiento económico. Hoy elcomercio con Argentina representa un tercio de lo que representaba.  La situación de Argentina hoy si se hubiera dado con la relación de dependencia económica que teníamos con ellos en el 99 y en el 2000, estaríamos en una situación extremadamente compleja desde el punto de vista económico y seguramente social.  Por eso esto es una clara demostración de fortaleza. La industria de la construcción, en general, no depende de sí misma, depende de terceros. No hay posibilidad de desacople, de que le vaya bien,  sino le va bien a otros sectores.  Otro componente, si se concreta, es la tercera planta de celulosa.  Y no solamente por la construcción en sí de la planta, que ya es un factor importante, sino por todas las obras conexas. Lo que sería el ferrocarril y alojamientos, por ejemplo. Este tipo de obra ha demostrado un fuerte impacto en la construcción y las actividades relacionadas con ella. También tenemos que pensar en lograr que la participación de las empresas y de mano de obra nacional sea del máximo posible. Hay también una necesidad de equilibrio entre los plazos de obra y una necesidad de desarrollo nacional que hay que encontrar. Esto es una de las claves para pensar el impacto de desarrollo de una inversión de estas características. 

 

En algunas localidades, que se han manejado como posibles destinos de esta tercera planta, hay mucha expectativa en la población.

Claro, porque este tipo de inversiones tiene fuertes encadenamientos productivos. Pero cuidado, tampoco que ocurra lo que muestra la película “El baño del Papa”. Es cierto que en algún pico de actividad de la construcción de la planta puede dar trabajo a miles de trabajadores, pero tampoco pensar que es una tabla de salvación. Si tuvimos 70 mil trabajadores y hoy tenemos 50 mil, no va a haber 20 mil trabajadores que van a trabajar en la planta de celulosa.

 

El sector tuvo un registro histórico de unos 73 mil trabajadores cotizantes en el BPS. Ha bajado 20 mil puestos de trabajo. ¿El SUNCA es consciente que va a ser difícil retornar a ese guarismo?

Sí, claramente. Ese pico tuvo que ver con que la inversión de Montes del Plata estaba en el máximo de su nivel de actividad. Simultáneamente teníamos un boom de inversión en Punta del este, un boom de inversión en la franja costera de Montevideo, un boom de inversión en la obra pública, como la fibra óptica, y simultáneamente teníamos un boom de inversión en toda la nueva demanda de la industria de la construcción que tenía con ver con silos, puertos y logística vinculada al desarrollo del sector agropecuario, en materia de rutas. Esos motores de la industria de la construcción estaban a un 150% a mediados del 2014. Ahora es muy complejo pensar, por lo menos en un breve plazo, que esas condiciones se vuelvan a dar. A mediano y largo plazo si Uruguay calza un modelo de desarrollo productivo de transformaciones más profundas y la matriz productiva se desarrolla mucho, y si los grandes problemas demográficos que tenemos comienzan a revertirse con corriente migratorias que tienen una demanda de vivienda fuerte, ahí la industria de la construcción  va a acompañar. Pero eso podrá ser a mediano y largo plazo. Pero una industria que tuvo un nivel de actividad del ´85 a 2000 entre 30 mil y 35 mil puestos de trabajo, en el mejor de los casos 40 mil, es muy difícil pensar que tenga, en breve, más de 60 mil trabajadores cotizantes. Sí creo que, probablemente, estemos en una circunstancia de que nos ubiquemos entre los 50 mil y 60 mil puestos de trabajo en los próximos dos años.  Esto es un pronóstico relativo. Las circunstancias actuales demuestran que Uruguay se ha desacoplado de la recesión regional. Pero este desacople es en  parte, porque veníamos con tasas de crecimiento muy altas, y si bien sigue en alta, es mucho menor. No estamos ni cerca del escenario dantesco de Argentina y Brasil, pero tampoco estamos en las mismas circunstancias del 2014, donde se podían atender demandas sociales con otra agilidad.

 

Reducir la dependencia

¿Para mantener cierto nivel de actividad en la construcción qué falta? ¿Más obra pública, otro incentivo para el desarrollo de las viviendas de interés nacional?

Falta todo. La inversión pública jugó un papel relevante en casi un tercio de la actividad de la industria. En algunos casos, cuando la demanda privada es muy baja ha llegado al 35%, pero es claro que siendo importante no es el único factor. Sin embargo, todo ayuda. Es más, la obra municipal, que no tiene el impacto de la obra pública nacional, es un elemento muy importante en muchos lugares del interior. Pongámosle que una obra municipal da trabajo a quince, veinte personas, son quince o veinte familias que de no existir esa inversión, de repente tendrían que emigrar a un asentamiento en la periferia de Montevideo.  La construcción tiene una fuerte importancia económica y también una fuerte importancia social.  Hay que mantener esa fortaleza de la que hablaba, pero sin renunciar a las conquistas sociales. Este es un dato muy importante para que la inversión extranjera directa se pueda mantener. También pienso que hay que ir a un proceso donde reduzcamos la dependencia de la inversión extranjera directa y tengamos más posibilidades, que la inversión nacional  nos dé más soberanía. De lo contrario, estamos prendiendo velas a lo que pueda pasar. Es bueno pensar en un proceso donde en forma relativa vayamos cortando niveles de dependencia. Y si la inversión extranjera se mantiene, tomarlo como un plus. Sobre todo para una industria de este tamaño. Es obvio que esto tiene que ver con una demanda de trabajo, pero no se agota en eso.  El desarrollo productivo de la industria depende de múltiples variables.  Depende de la formación profesional,  de la incorporación de tecnología, de que pensemos los procesos de calidad a la alta. Y ese tipo de variables es muy difícil de hacerlo si la construcción entra en condiciones de caída y de inestabilidad. Para todos los actores que estamos en la industria de la construcción es muy difícil pensar en capacitar si un empresario comienza una obra y a los tres meses no sabe si la va a continuar. Ahora, si los niveles de demanda se sostienen en el tiempo, los procesos productivos de calidad serán más fáciles de desarrollar.  Tener apuntalada la industria de la construcción tienen que ver con componentes que son sociales. Es la industria que más trabajo genera en relación a cada peso  que se invierte,  que se puede colocar fácilmente en todo el país, que tiene un efecto cascada en los pequeños comercios y que para ingresar al sector no se requiere mayor calificación y, por tanto, absorbe  mano de obra de otras ramas de actividades. O sea, la construcción tiene que ver con componentes económicos y sociales, pero también productivos. Sostenerla tiene que ver con un concepto de desarrollo productivo que es el único que un país, del tamaño de Uruguay, puede tener: a la alta y a la especialización en calidad. Hace poco escuché al ministro de Economía de Paraguay ofreciendo a su país por el lado de la no preocupación por el medio ambiente y bajo costos salariales.  Por escala, si tomamos ese camino de costos bajos, no vamos a competir con nadie.

 

Muchos empresarios de la construcción ven a Paraguay como un mercado seductor para invertir. 

Sí, pero los indicadores sociales de Paraguay son un desastre. El resultado de esas circunstancias para los paraguayos es un desastre. Puede ser un negocio a corto plazo para una inversión, pero termina ahí.

 

Esos empresarios argumentan que en Uruguay el costo salarial, leyes sociales incluidas, es muy alto.

La industria de la construcción, salario más leyes sociales, según datos del Banco Central 2015, representan casi un 18% y un 50% de componentes de insumos y materiales. La construcción tiene tres factores que explican su caída.  La decisión de no sostener los niveles de inversión que existían en las empresas públicas, la caída de Montes del Plata y la caída de la inversión en Punta del Este. Y puedo asegurar que la caída de la inversión en Punta del Este no tiene que ver con los salarios.  Es el lugar donde el salario incide menos en el metro cuadrado. O sea, en un metro cuadrado que vale cinco mil dólares en Punta del Este, el salario incide muy poco. No llega al 17% de los datos del Banco Central.  En general, la caída de la actividad fue por otras razones en Punta del Este. Una fue la gran recesión que tuvo Argentina. Otra, según argumentan algunos, es la decisión de Uruguay de compartir información tributaria de manera de combatir el delito de lavado de dinero vinculado al narcotráfico. Si esto es así, a mí no me preocupa. Yo no quiero trabajo en la construcción que se vincule con apuntalar el narcotráfico en otro país. Increíblemente hay opiniones políticas que defienden que no importa qué origen tengan los capitales, que Uruguay debería mirar para el costado. No comparto para nada esa idea. Es una actitud poco digna y poco ética.  Por eso digo que, si nos ponemos a analizar, no es el salario el componente principal de la dificultad en la industria. Además no quiero una industria que le ofrezca a los trabajadores salarios que no le permitan una vida digna.

 

Avances tecnológicos y desafíos

¿Qué posición tiene el SUNCA ante las nuevas tecnologías de construcción donde se necesita menos mano de obra?

Es cierto que los avances constructivos quitan mano de obra. Esto ocurre porque estamos organizados como sociedad de espalda al sentido común. Tengo en claro que no es un problema del Uruguay, ni de los empresarios del Uruguay.  No puede ser que cada vez que tenemos un cambio tecnológico, en vez de estar alegres porque nos permitiría sacar  al mismo  en menos horas y en mejores condiciones,  el trabajador se entristece porque otros compañeros quedan sin trabajo. Esto no es racional. Uno tendría que darle la bienvenida a los cambios tecnológicos.  Y pensar, a nivel mundial, que en vez de trabajar ocho horas, se trabajen seis horas. Esto es un debate más profundo.  Nosotros lo hicimos en el 2008, 2009, cuando bajamos en Uruguay de 48 horas a 44 horas.  Y la discusión de la reducción de la jornada laboral, que no generó ninguna catástrofe en la construcción,  tiene que ver con eso. Hace 25 años, una torre de diez pisos llevaba determinadas horas de trabajo, ahora se hace en la mitad de tiempo y con la mitad de trabajadores. Esto está relacionado con el tema de la productividad en la construcción.  He visto informes sobre el papel de la competitividad en el sector con los que no estoy de acuerdo. Hay datos de la Encuesta Continua de Hogares que marcaban que la construcción representaba poco más del 4% de la estructura productiva del Uruguay hace 11 años. Hoy representa un poco más del doble. Ahora el PBI uruguayo pasó de 15 mil millones a más de 50 mil millones. Entonces es muy relativo decir que es un sector que representa números dramáticos desde el punto de vista de la competitividad. Creo que no es justo esta afirmación.  

 

Ahora que nombra productividad y competitividad, ¿hay acuerdo sobre estos temas con las cámaras empresariales?

Nosotros tenemos una preocupación que, creo, es compartida.  Lo que hemos intentado hacer son esfuerzos por estudios compartidos, y no solo sobre este tema, sino también sobre el tema de la conflictividad. En un momento dijimos: tenemos dos miradas, interpretaciones de la realidad, que son opuestas. Y por eso trabajamos en ese sentido. Nosotros reclamamos más formación profesional y, de hecho,  empezamos este año un sistema de formación profesional que pondere, a la hora de realizar esos cursos, una cultura del trabajo y el presentismo, que haga esfuerzo por ensanchar las capacidades de formación y aprendizaje en los oficios. Ojalá sigamos teniendo una revalorización de las tareas que le dé una estructura diferente y ordene la industria de la construcción para  profesionalizarla y generar certificación de competencia.  Y que tengamos con las cámaras empresariales una  política en común para incorporación de tecnología e innovación en la industria. Esta es una apuesta que hay que hacer, sino difícilmente peguemos el salto.

 

Conflicto por licencias

Hace poco hubo un conflicto por la diferencia de dos días en el cálculo de la licencia. ¿En qué situación quedó el tema?

Hace poco menos de un año se publicó en un medio de prensa que el BPS nos calculaba mal la licencia y que en función de eso había que recortar la licencia y el vacacional. Y esto lo trataba de explicar por el déficit en el 2014 y el 2015 en el Fondo de Reserva con el que se paga la licencia y el vacacional en la construcción.  Y si bien esos dos años tuvo déficit, solamente se encuentra déficit entre lo que recauda el BPS de los empresarios para pagar licencia y salario vacacional  entre tres de los últimos 24 años. En todos los demás dio superávit el BPS. El balance en términos reales de relación ingresos y egresos es ampliamente favorable al BPS. Nuestra primera discusión es que no tiene sentido tomar una decisión apresurada con un fundamento que es falso. No se puede decir que se tomó una decisión para atender un déficit, cuando ese déficit no existe.  El superávit actual,  permitiría que aun sosteniendo déficit, cosa que no creemos que ocurra en los próximos años en la industria, tendría que darse diez años de déficit de corrido.

 

¿Pero qué generó ese déficit en el 2014 y 2015?

Lo que ocurrió fue que en el momento del aumento de salario  hubo un cambio de categoría, acordado en los Consejos de Salarios, y el BPS recaudó sobre una categoría y cuando tuvo que pagar la licencia en diciembre, tuvo que pagar sobre otra categoría. Eso no va a ocurrir, porque no se va a cambiar de categoría. Otro elemento es que no hay  ningún privilegio inadmisible. Yo trabajé en el medio rural y si un trabajador es efectivo en el medio rural trabajando en una quinta  y trabaja todo el año, aunque muchos días del año no pueda trabajar por lluvia, cuando sale de licencia, sale con veinte días.  Eso que pasa en la construcción lo establece la ley de licencia. Dice que los jornales que pierde el trabajador por causas ajenas, no computables a él, tienen que considerarse como días trabajados. Ese escándalo, esa propuesta absurda, de recortarte un derecho por algo ajeno al trabajador, es un disparate. La ley de licencia es clara al respecto. Nosotros presentamos estos argumentos y algunos medios salieron a decir que el sindicato estaba presionando. Poco más que éramos una horda de inadaptados. Lo que dijimos es que no hay argumentos porque es superavitario y porque la ley de licencia así lo establece. Ahora estamos en una mesa de negociación abierta que se va a extender hasta junio. Pensamos que se tiene que resolver con racionabilidad.

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