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Arq. Fernando Pereira, presidente de la SAU: “A los montevideanos nos cuesta el tema de la densificación y la altura”

En entrevista con Del Constructor, el arquitecto Fernando Pereira Figuerón, quien asumió como presidente de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay (SAU) el pasado 10 de octubre, se refirió al rol del arquitecto en la actualidad y analizó la situación de Uruguay a nivel arquitectónico y urbanístico. En este contexto, el profesional afirmó que “Montevideo es extraña en el sentido de que tiene una tasa de crecimiento muy baja o constante, y se sigue liberando suelo, urbanizando, y no densificando fuertemente con una estrategia”. Además se refirió al tema de viviendas abandonadas y abogó por la necesidad de definir qué es el estado de abandono de una construcción, para, de esa manera, articular medidas legales que permitan intervenirlas en beneficio del barrio o de toda la ciudad.

 

La Sociedad de Arquitectos del Uruguay fue creada hace 104 años y, de hecho, es más antigua que la Facultad de Arquitectura, hoy Facultad de Arquitectura Diseño y Urbanismo (FADU). ¿Cómo definiría el rol de la SAU?

La SAU tiene una rica historia. Siempre se caracterizó por haber sido muy inquieta en cuanto a la comunicación sobre la arquitectura, la generación de proyectos y la difusión entre arquitectos de cuestiones relacionadas con la práctica de la profesión. Actualmente la SAU participa de una serie de instituciones, como el Comité UNIT, el Congreso de Intendentes y las comisiones de Patrimonio que asesoran a la Intendencia de Montevideo en distintos barrios de la capital. Contamos además con delegados en todo el país. Por lo tanto, territorialmente también es una institución que tiene representación. Eso la hace muy rica en cuanto a la posibilidad de firmar convenios como, por ejemplo, los que tenemos con la Corporación  Nacional para el Desarrollo o con el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. Ahí es donde la SAU aporta la posibilidad de que colegas que están en el interior puedan hacerse cargo de tareas de diversos tipos en el marco de estos convenios. 

 

¿Y el rol del arquitecto?  Para el imaginario colectivo, a veces, se la asocia con una profesión que está divorciada de la realidad, sobre todo en ciudades que se expanden rápidamente. 

Creo que, en particular, en el momento que hoy atravesamos siento, y esto es a título personal, que estamos un poco divorciados en cuanto a la generación de contenido crítico que aporte a un enriquecimiento de las opiniones y de la información que existe sobre las distintas ciudades, sobre los temas de ordenamiento territorial, sobre los temas de calidades a nivel edilicio.

La arquitectura podría estar mucho más en el tapete y en discusión como, por ejemplo, pasa en Europa, donde las alcaldías y los municipios generan estrategias para poner en discusión temas relacionados a la arquitectura y al urbanismo. Hay en Uruguay un divorcio de qué se puede hacer en términos arquitectónicos y urbanísticos a nivel profesional en esas áreas y la discusión pública de estos temas, donde se profundice y enriquezca con aportes de la sociedad toda y de los técnicos. A veces me parece que los arquitectos estamos un poco ausentes de esa discusión o de poder liderar los temas para ponerlos en el tapete.

 

Ciudad en expansión 

Montevideo es una ciudad que se ha expandido hacia la periferia digamos una forma no muy amigable, bastante desordenada.  

Montevideo es extraña en el sentido de que tiene una tasa de crecimiento muy baja o constante, y se sigue liberando suelo, urbanizando, y no densificando fuertemente con una estrategia. A los montevideanos, y no sé por qué, nos cuesta el tema de la altura, el tema de la densificación. Y además ha habido, en los últimos veinte años, fenómenos de ocupación de terrenos, de marginación de determinada población que, al final, esa población accede, por algún mecanismo, a la adquisición del terreno. Entonces, una situación que era informal pasa a ser formal dentro del ámbito metropolitano. 

 

Lo que hace mucho más difícil planificar la ciudad.

Todos sabemos que eso no es un buen negocio a largo plazo. Después, hay que llevar infraestructura de todo tipo, sea la cultural, la de ocio, la infraestructura educativa, la gubernamental y la económica financiera. Todo este tipo de infraestructura ya está localizada en el ámbito de los barrios que llamamos consolidados. Se pueden hacer muchas cosas consolidándolos aún más a esos barrios y densificándolos, y frenar un poco ese inagotable derrame de la ciudad a nivel metropolitano. Y, sobre todo, eso es lo que ha contribuido también a un fenómeno de segregación social.

O sea, la población de menos recursos está en las periferias y la que puede pagar un alquiler o comprar una vivienda, está ubicada en la zona central de la ciudad, con barrios absolutamente vacíos prácticamente, como la Aguada, Cordón y Ciudad Vieja.

Algunas estrategias se han implementado en los últimos diez o quince años, como ser las viviendas de promoción social, las cooperativas de ayuda mutua, pero hay muchos padrones con fincas abandonadas y con deudas. Como sociedad habría que tener una respuesta bastante más ágil y rápida para decir `señor, si usted no usa esta vivienda, alguien puede hacer uso de esto´. De esta manera, se frenaría esa expansión.

 

Viviendas accesibles 

Usted hacía referencia a algunos convenios de la SAU con organismos del Estado. El arquitecto chileno Alejandro Aravena, Premio Pritzker 2016, recibió una propuesta del Ministerio de Vivienda de su país para proyectar viviendas con un buen nivel de confort y a precios muy accesibles. ¿Eso se podría hacer en Uruguay?

Yo creo que se podría llegar a hacer. Y creo, además, que sería sano -aún teniendo restricciones de costos- que los arquitectos pudiésemos desarrollar  la investigación y diseño proyectual para encajar esa ecuación de costos dentro de determinadas calidades arquitectónicas. Y creo, además, que en una contienda de llamado a concursos y de elaboración de ideas de forma abierta, se podría tener un enriquecimiento de ese tema. En este tema de los concursos de proyecto la SAU tiene una experiencia y aportes históricos fundamentales para gestionarlos. Nuestra historia arquitectónica y urbana da cuenta que edificios importantísimos, dentro de Montevideo y otras ciudades del interior, han sido fruto de una compulsa de proyectos con todas las garantías y, que, han resultado determinantes en la construccion de nuestro patrimonio tangible.       

 

¿Cómo se logra un balance justo entre la expansión urbanística, los grandes capitales con proyectos de mega obras y preservar, a la vez, el patrimonio arquitectónico?

En el tema de patrimonio se ha avanzado muchísimo en los últimos años. Incluso, hoy la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo tiene un posgrado respecto a Patrimonio. Históricamente nuestra formación se ha caracterizado por mirar lo nuevo y proponer edificios novedosos y de gran calidad. En ese marco se desarrolla un Art Decó en Montevideo y en alguna ciudad del interior de un nivel muy rico. Pero el tema del patrimonio, también, es una discusión que estaba pendiente. Quizá  ahora estamos adoleciendo de pasarnos para el otro lado. Hay mucha gente que piensa que lo viejo, por el mero hecho de ser viejo, tiene un valor en sí mismo.

Creo que, culturalmente, hay que llegar a un punto en el cual la cosas tengan una valorización fundamentada y entendida en cuanto a sus parámetros y no que, necesariamente, lo viejo representa un valor a preservar frente a lo nuevo. Hay cosas nuevas que son muy buenas y la sustitución en arquitectura requiere ese debate. Se han dado cosas raras como dejar edificios preexistentes con otros nuevos, como en la ex Confitería Cante Grill (calle 21 de setiembre), que no refleja muy bien lo que debería ser el resultado de decidir si algo debe sustituirse por un mejor proyecto o no. Ahí quedó un híbrido, un edificio de dudoso valor con una torre encima que denota que no estamos muy maduros en esta discusión del valor histórico y proyectual de nuestra arquitectura.

 

¿Y la SAU es consultada institucionalmente en materia de obra pública?

Nosotros tenemos representación, por ejemplo, en el Congreso Nacional de Intendentes.

También la SAU establece determinados contactos institucionales sobre temas puntuales y también las intendencias,  particularmente la de Montevideo, que ha tenido una relación con nosotros, fluida a lo largo de la historia. Eso a nivel orgánico. Además de los colegas que trabajan en esos ámbitos, están los que participan de la Comisión Directiva y de las Comisiones Asesoras de nuestra institución, sean colegas que trabajan de forma independiente, relacionados a la formación y que dan clase en las facultades, o aquellos que están más relacionados al ámbito público. En el contexto de todas esas comisiones se dan cuestiones muy fermentales que después terminan en propuestas de SAU a las intendencias, por ejemplo, u otros organismos o a comunicar públicamente posturas de nuestro gremio frente a determinados temas. 

 

Usted se refería al tema de las viviendas abandonadas. Incluso existe un proyecto de ley a discusión en el Parlamento. ¿Cuál es la posición de la SAU al respecto?

Como sociedad nos debemos poner en orden ese tema. De alguna forma es una cuestión pública que eso funcione y en sus justos términos haya alguien haciendo uso de esas viviendas, porque hay toda una infraestructura colectiva que va desde la seguridad hasta el saneamiento, que está siendo subutilizada. Después, está el tema del abandono, que trae como consecuencia  cuestiones sociales que todos conocemos y que no están buenas. Habría que fortalecer las políticas respecto a ese tema. Hay que definir qué es el estado de abandono de una vivienda, parte de un edificio o un padrón, para articular medidas legales rápidas y poder intervenir en beneficio del barrio o de toda la ciudad.  Esto es algo sumamente importante y en otros países no pasa, o no pasa tanto.

 

Arquitectura y urbanismo 

¿Cómo definiría a Uruguay en materia arquitectónica y de ordenamiento urbanístico?

Uruguay supo ser vanguardia del tema urbanismo y arquitectura. Coincidió con que fuimos vanguardia en un montón de aspectos económicos, culturales y políticos. Luego hubo un período de degradación de todo eso, pero igual creo que, frente a otros países de la región, siempre estuvimos posicionados en un nivel alto.

Ahora hay otros países emergentes dentro de la región que nos vienen alcanzando y haciendo las cosas bien a nivel de planificación y de transporte. Es el caso de Chile, Perú y algunas ciudades de Colombia y de Brasil, por ejemplo.

Tenemos una lentitud en la capacidad de respuesta a fenómenos urbanos que se dan explosivamente, como fue la ida masiva de gente a habitar la Costa de Oro en la década del 90. No estaban los elementos de ordenamiento territorial afinados como para ordenar esa eclosión. Lo mismo está pasando con el automóvil en las ciudades. Uno camina y se da cuenta que algo no está funcionando del todo bien.

 

¿La falta de planificación es, entonces, el principal obstáculo?

Tenemos una estructura normativa pesada, con procedimientos administrativos muy pesados.  Son lentos, garantistas y cuando se ponen en vigencia ya prácticamente están vetustos. Hubo tanta  discusión en el medio que la realidad nos sobrepasó. Esto hay que revisarlo de forma urgente. El plan de ordenamiento territorial de Montevideo tiene mas de veinte años. Me parece que es hora de darle una revisada, han pasado muchas cosas. Esta es una de las cosas que con mayor celeridad habría que actuar. Y después, nos cuesta mucho, hoy, tener esa cabeza que tuvimos en los 30 a los años 50, de plantearnos desafíos trascendentes y actuar en consecuencia.

Hay una resistencia social inexplicable a muchos proyectos interesantes y que están en esa mirada a largo plazo como el Antel Arena, por ejemplo. El tema se ha politizado y creo que sobre todo hoy tenemos un edificio magnífico para hacer cosas que hasta ahora no había donde hacerlas.

 

Se habla mucho de las “ciudades amigables”  y hay un discurso a nivel político sobre el tema, especialmente en Montevideo. 

Por un lado está la intencionalidad política, donde hay sintonía con determinadas cosas que pasan en el exterior, sobre todo en Europa, pero hay un tema de ciertas rigideces. Por ejemplo, hablemos del transporte público que es un tema que Montevideo tiene en el debe desde hace más de treinta años. No pasa nada. Es una misma línea de ómnibus, que más o menos hace lo mismo y todos recibimos la misma calidad de servicio desde hace tres décadas. Eso en el mundo y Latinoamérica ha avanzado brutalmente.

La ciudad peatonal está totalmente consolidada y la bicicleta como vehículo está totalmente aceptada e integrada con los demás sistemas, pero en ese caso toda la ciudad empieza a tener una planificación vial y territorial seria que integre y potencie estos medios.

Entonces aparece un tren eléctrico de corta distancia que une un punto con el otro, los autos no entran a determinadas zonas de la ciudad, hay estacionamientos previstos en determinados lugares para hacer los intercambios.

O sea, nos queremos parecer a algo que está buenísimo, pero no tenemos ni del todo los recursos, ni del todo la capacidad de gestionar algunos cambios estructurales que hay que hacer y, lo peor, la voluntad política de todos los implicados. Estaría bueno empezar a hablar de estas cosas, donde las propias empresas de transporte participen de nuevos mecanismos de movilidad que, de pronto, desarrolla la Intendencia por su lado.

En esos términos creo que Montevideo es poco amigable. En otros términos, tanto Montevideo como ciudades del interior, tienen una vida amigable en lo que respecta a calidades de los espacios públicos que, más allá que en algunos casos se hayan degradado, siguen siendo muy buenos por la contundencia con que fueron planificadas hace cuarenta, cincuenta o más años.

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