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Viernes, 31 Mayo 2019 17:45

“La construcción es uno de los sectores que está con dificultades y es el que más claramente se encuentra en fase de contracción”

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Alfonso Capurro Alfonso Capurro

En entrevista con Del Constructor, el economista Alfonso Capurro, gerente Senior de CPA Ferrere, analizó la situación de la industria de la construcción y qué escenarios probables se plantean a corto y mediano plazo. Capurro señaló que desde hace cuatro años, el sector registra una caída en la actividad, pero se mostró optimista en el proceso de proyectos de PPP educativas, viales, las obras a cargo de la Corporación Vial del Uruguay y, eventualmente, la PPP del ferrocarril central.

 

¿Cuál es la situación en la industria de la construcción? 

Estamos conociendo hoy datos del 2018 que volvieron a marcar un año de caída para el sector. Hace poco conocimos los datos del cierre de actividad del año pasado y volvió a mostrar una economía uruguaya que crece con ciertas debilidades, con asimetría sectorial, con algunos sectores que siguen creciendo y con otros que ya están con dificultades marcadas.

La construcción es uno de los sectores que está con dificultades y yo diría que es el que más claramente está en fase de contracción. De hecho, podríamos decir que es un sector que está en recesión. Ya lleva cuatro años consecutivos de caída.

También es cierto que en el 2013 y 2014 había un componente extraordinario de la actividad que fue la construcción de la planta de Montes del Plata y de los parques eólicos, algo que era difícil sostener en el tiempo. En el 2015 caímos y así seguimos hasta el año pasado. La caída total acumulada es del orden del 15%. Eso es cuando miramos el PBI de la construcción, el  producto bruto sectorial. Si miramos el empleo, el efecto ha sido algo mayor. La cantidad de ocupados bajo la ley 14.411, teníamos setenta mil ocupados en el pico del 2013 y bajamos a cuarenta y cinco mil. O sea que se perdieron veinticinco mil puestos de trabajo que representa el 37% del empleo. Esto significa que el empleo se resintió más de lo que se resintió la actividad.

Estos datos son del empleo formal, de los puestos cotizantes en el BPS, pero si vamos a otra fuente de información, como la Encuesta Continua de Hogares, la cantidad de personas que dicen trabajar en la construcción no cayó tanto como el empleo formal. 

Esto quiere decir que hay personas que salieron del mundo formal para trabajar en lo informal o en otros sectores como puede a través de subcontratos que no figuran en la ley 14.411. O pueden estar haciendo changas, o actividades de menores ingresos, o de menor regularidad de trabajo. Cuando el Instituto Nacional de Estadística hace la encuesta y le pregunta a la gente si está ocupada o desocupada, con hora que haya trabajado la persona la semana pasada ya se la considera ocupada.

Esto siempre existió, no quiere decir que esté bien  medido o mal medido, pero no es lo mismo tener a una persona trabajando cuarenta o cuarenta y cuatro horas por semana en una obra, con todos los aportes y todas las condiciones de formalidad y de seguridad, que tener una persona que le pintó una pared a un vecino o le amuró una ventana. Lo que está claro que el empleo formal, y sobre todo el empleo formal, se resintió más de lo que dicen los datos de actividad económica.  

 

De todas formas, era muy difícil mantener el record histórico de más de setenta mil trabajadores en el sector.

No se iba a mantener, pero la planta de celulosa, en el pico de su construcción, emplea cinco mil personas, más algún subcontrato, indirectos y proveedores de cemento. O sea, no perdiste solo los trabajadores de la planta, también todo lo que lo rodea. Un efecto multiplicador, o efecto cascada que se pierde.

Nosotros tenemos un trabajo realizado por el Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción (CEEIC) donde analizamos los efectos multiplicadores y concluimos que la construcción es uno de los sectores que más encadena, o más efecto cascada tiene.

Cuando la construcción cae o sube, eso se replica más allá del sector.

 

Medidas y exoneraciones 

El gobierno adoptó una serie de medidas, exoneraciones de algunos tributos por ejemplo, para obras de gran porte, en un intento de traer inversores. ¿Cómo ve esa iniciativa?

Es una típica medida contra cíclica. Creo que, en general, las políticas públicas, sacando el caso de la construcción, subestimaron el shock que recibió Uruguay en el 2014. En realidad, salvo este caso del incentivo a las obras de gran dimensión económica, no hubo ninguna política contra cíclica que intente frenar el shock que nos hizo cambiar el ciclo en el 2014, que nos agarró en medio de un año electoral. Esto hizo que fuera difícil de asumirlo para el gobierno y la oposición porque nadie quería traer malas noticias en un año electoral.

Después, cuando el gobierno asumió, intentó corregir, hacer un ajuste fiscal, pero después trató también de no generar expectativas bajistas, y las únicas medidas que ha tomado en política económica ha sido para corregir el desvío fiscal y han sido pocas en general.

 

¿Esto a qué se debió?

Se debió, entre otras cosas, por la situación fiscal heredada y por la posición fiscal que no permite hacer políticas, digamos, de gran calado. Cualquier país que tenga espacio fiscal, lo hizo Estados Unidos en el 2008, cuando viene una crisis o un shock negativo, una de las formas de amortiguar es desplegando una política fiscal agresiva, bajando impuestos para que los privados inviertan más o aumentando el gasto para que haya más inversión en infraestructura.

Uruguay no tenía mucho margen del lado fiscal,  hubo algunas políticas como  los incentivos a las obras de gran inversión y también se había largado todo el proceso de la PPP que, a la postre, terminó siendo tal vez más lento de lo que las autoridades pensaban. Seguramente sobrestimaron la velocidad de este proceso. El ministro Rossi se refirió a eso en varias oportunidades, aunque también es justo decir que en este período de gobierno las PPP avanzaron mucho más rápido que el período anterior.

También es cierto que la ley se aprobó en el 2011 y en esto de las PPP no es inmediato. Hay una curva de aprendizaje, tanto para el sector público como para el privado, que hay que recorrer. Recién ahora existe una corriente de proyectos PPP bastante importante que van a empezar a madurar este año y el que viene.

Entonces, esto llega tarde, porque Uruguay viene teniendo problemas de crecimiento desde el 2015, que en parte fueron disimuladas por el efecto argentino y un par de temporadas turísticas buenas. Eso nos permitió estirar un poquito más el ciclo de crecimiento,  pero hoy ya es bastante evidente que la economía está en una fase de estancamiento mucho más clara.

 

¿Las PPP podrían ayudar a rebatir este ciclo bajista?

Seguramente todas estas cosas que fueron lentas de maduración, como las PPP, y no llegar a tiempo para amortiguar el ciclo bajista de los últimos cuatro años, pero si  logran terminan de cuadrarse los aspectos de financiamiento de esos contratos, que son complejos, sería importante ya que hay una serie de proyectos de PPP educativas, viales, las obras a cargo de la Corporación Vial del Uruguay y, eventualmente, la PPP del ferrocarril central.

 

 De concretarse la segunda planta de UPM, ¿en qué medida inclinaría la balanza de la industria, teniendo en cuenta la pérdida de empleos registrados?

Algunas estimaciones que tenemos hechas nosotros, en base a la estructura de gastos de estos proyectos, si uno suma las PPP viales que son como 650 millones de dólares, las PPP educativas -que ya tienen adjudicación provisional- y equivalen a unos 150 millones de dólares, la PPP del ferrocarril central que son 850 millones de dólares y la construcción de la planta de UPM, todos eso sumado podría tener un efecto en el PBI  de hasta cuatro puntos, repartido en tres o cuatro años. Son un conjunto de obras grandes, algunas que demoraron en salir, pero todas concentradas a partir de la segunda mitad de este año y durante el 2010 y el 2021, es un conjunto de obras importantes que para el sector sería un cambio de actividad notorio y no solo para el sector, ya que tendría efectos relevantes en el crecimiento a corto plazo.

 

¿Estaríamos ante un perìdodo de crecimiento o no basta sólo con esto?

Si bien no es una envergadura suficiente como para que el país vuelva a crecer al 4%  o 5% como creció antes del 2014, pero es importante para el sector. La estimación del empleo que podría generarse no la tenemos todavía afinada, pero hay un número importante de empleos, tanto en la obra de eventual construcción de la planta, la infraestructura y, sobre todo, también en vivienda. 

Si uno mira lo que está pasando hoy en  la construcción, y separa los motores, los tipos de obra que hay, se ve que hubo una contracción en vivienda y hubo, en los últimos dos años, un repunte importante de lo que son obras viales.

De hecho, ahora hay un ritmo de construcción vial importante y si se destapan estas PPP seguramente vamos a tener unos años de inversión vial record. Y sin embargo, no ha tenido tanto efecto en el PBI ni en el empleo.

 

¿Por qué no ha tenido ese efecto?

En parte porque la industria vial es relativamente chica en comparación con otras cosas  y es más intensivo en maquinaria que en mano de obra.  En cambio, la vivienda es todo lo contrario. Es muy intensiva en mano de obra. El otro sector que es intensivo en mano de obra son aquellas del tipo industrial y de montaje. 

Nosotros, para tratar de entender lo que está pasando en la industria, lo dividimos en tres sectores: vivienda –que tienen toda una dinámica particular-, vialidad y obra pública, que depende del presupuesto; y el resto que son construcciones en inversiones productivas –parques eólicos, dos plantas de celulosa,  galpones, silos, plantas logísticas- que han sido muy importantes en los últimos años.

 

¿Y cómo son estos sectores?

Si miramos los tres sectores hoy, el vial repuntó en los últimos dos años, la construcción de vivienda se trancó por distintas razones –aunque seguramente con todos los beneficios  de gran dimensión económica y las obras de Maldonado va a hacer que este sector crezca en el próximo año- y el tercer sector es el que hoy está más parado, respondiendo en cierta medida a este nuevo ciclo económico, a esta nueva realidad económica, que comenzó en el 2015. 

Hasta el 2014, Uruguay venía registrando tasas de crecimiento económico record y tasas de inversión record, venía invirtiendo más del 20% del producto. Hoy estamos con la misma tasa de inversión que teníamos en el 2005, estamos invirtiendo el 16.5% del producto.

Esto en el fondo está reflejando que para muchos sectores productivos no hay condiciones de rentabilidad o de retorno de los proyectos, y directamente las situaciones, en algunos casos, dejaron de ser atractivas, pese a los incentivos económicos que hay.

 

Viviendas

¿Esto fue lo que ocurrió con las Viviendas Promovidas? 

Ese es un tema más regulatorio, yo me refería al resto de los sectores que son clientes de la construcción, como el agro y las industrias. Todos esos sectores que demandaban mucha inversión y que eran contratantes de la construcción, en los últimos cuatro años están atravesando dificultas económicas, de rentabilidad y de flujo de caja, y ya no están invirtiendo porque los negocios ya no son atractivos como eran antes.  Por lo tanto, no hay condiciones favorables para la inversión. Todo ese otro motor, que era aproximadamente la mitad de la actividad de la construcción, se fue apagando. En el caso de la vivienda, hay distintos nichos de mercado. Una cosa es el mercado de vivienda de la costa y Punta del Este, del tipo de inversores, y otra cosa es la vivienda social que, en los últimos años, se paró porque hubo un cambio en el régimen de promoción.

Las autoridades entendieron que merecía algunos ajustes y esto hizo que para los desarrolladores y los inversores el negocio  no fuera tan atractivo. Las intenciones de las autoridades seguramente eran buenas, era tratar de cambiar la población para que las viviendas sociales bajaran de precio, o no subieran de precio, pero en el fondo si del otro lado no hay una ecuación razonable, al final no hay proyecto y no hay vivienda.

 

¿Y cuánto influye a nivel de inversiones el año electoral?

Obviamente que el año electoral genera per se incertidumbre siempre.  Pese a eso, creo que en los últimos años, en grandes líneas de la política económica hay una corriente que no va a cambiar radicalmente. Si miramos a Argentina por ejemplo, están discutiendo si van para el norte o van para el sur. Macri es una cosa, Cristina es otra y la  tercera vía otra cosa. Estamos hablando de giros de 180 grados en su política económica. En Uruguay eso no está arriba de la mesa. Estamos hablando sí de discusiones de correcciones, algunos diagnósticos distintos, pero mucho más gradual dentro de un rumbo que, en más o menor medida, se va a mantener.

 

¿Hay consenso en este aspecto económico entre los diferentes candidatos uruguayos?

Hay también un consenso bastante claro de que hay que introducir algunas correcciones macro económicas. Y esto no es por ideología, sino porque la realidad está imponiendo que hay cosas para ajustar. Creo que las elecciones en Uruguay van a tener un efecto sobre las expectativas y el humor en general porque éste período de gobierno en general ha sido largo y con pocas novedades. Seguramente hay ansiedad por parte del mercado, los inversores y la ciudadanía en general, de tener claridad sobre cuáles van a ser los rumbos del próximo gobierno, independientemente que haya un cambio o no de partido político. 

Si se miran las propuestas de los candidatos del oficialismo, de alguna forma insinúan que hay que darle un nuevo impulso a la agenda de políticas públicas, porque hay una agenda que dio su resultado, pero hay que darle una nueva dirección. En el caso de Argentina es mucho más binario el panorama por muchas razones. Primero porque la situación económica en este último año ha sido mucho peor para ellos de la que todos pensábamos hace un año.

Hoy Argentina tiene un problema importante de crecimiento, con la depreciación de su moneda y la emisión de deuda para financiar el déficit fiscal, puso de manifiesto un problema de endeudamiento mucho antes de lo que esperábamos. 

Esto quiere decir que cualquiera sea el que gane, va a tener en 2020 un panorama complejo  de gestionar en las finanzas públicas. En cambio, las elecciones en Uruguay  van a tener un efecto relevante más que nada en las expectativas de entrar en un nuevo ciclo en las políticas públicas, pero siempre estamos hablando de cosas graduales.

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