La Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) suscribió un convenio con la Intendencia de Tacuarembó para dar comienzo a la construcción de una residencia estudiantil en el centro universitario de ese departamento, con capacidad para albergar 250 estudiantes y un valor superior a los seis millones de dólares.

La inversión para comenzar a edificar una residencia universitaria en Tacuarembó está a cargo del Programa de Gestión Subnacional de la OPP, el Gobierno nacional y el departamental. “La OPP otorga unos cuatro millones de dólares y el resto, el gobierno de Tacuarembó, en un proyecto que trata de una mirada a largo plazo y de ir rompiendo con la centralidad histórica de la capital uruguaya” destacó García.

El jerarca compartió la iniciativa  con el intendente Eber da Rosa y el rector de la Universidad de la República (Udelar), Rodrigo Arim.

“Se trata de romper con la centralidad histórica de la capital de Uruguay. El hecho de tener una residencia para 250 estudiantes en esa zona de Uruguay es clave y hay que reconocer la iniciativa de la intendencia y de la Udelar”,agregó el director de la OPP.

El área total por construir es de 2.939 metros2 a los cuales deben sumarse 455 metros2 que serán techados. El inmueble se erigirá en un predio cercano al campus que comparten el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y la Universidad de la República sobre la ruta 5.

Se anunció que el  edificio principal contará con tres plantas, en las cuales se instalarán 85 dormitorios, tres salas de estudios, seis cocinas, baños, cuatro salas de estar y tres oficinas de administración.

Además, se construirá un salón comedor y los espacios exteriores contarán con un parque, jardines perimetrales, estacionamientos y canchas deportivas.

Al centro universitario de Tacuarembó, en el que se erigirá esa residencia, concurren más de 1.000 estudiantes, un tercio de los cuales no residen en el departamento.

El arquitecto japonés Oki Sato, del estudio Nendo, terminó la construcción de un centro comercial diseñado a partir de una combinación de unidades tipo caja, apiladas y superpuestas horizontalmente. Sato, quien estudió arquitectura en Tokio y diseño en Milán es considerado uno de los grandes arquitectos actuales, como una estética muy personal y por momentos minimalista.

“El diseño de mi país es muy minimalista. A veces se pasa de frío. Yo he querido que esté más conectado con los sentimientos de la gente. Siempre comento que la palabra “diversión” (‘fun’ en inglés) está integrada en “función” (‘function’). No me convencen los diseños demasiado funcionales, porque se quedan sin gracia; tienen que desprender calor, ser reconfortantes. Yo quiero poner una sonrisa en la boca de la gente”, afirmó al momento de presentar su nueva creación.

El proyecto en sí se llama "kashiyama daikanyama" y se encuentra en el barrio Daikanyama de Tokio. Este diseño no sólo garantiza que la escala del proyecto se ajuste mejor a su contexto, sino que también permite que la luz natural ingrese con más facilidad.

En el sótano del complejo hay una cafetería que se conecta a la planta baja donde funciona una galería y hay un salón para eventos y exposiciones. El segundo y tercer piso están dedicados a locales de moda y de accesorios. Mientras que en el cuarto piso, hay un  restaurante con capacidad para 65 personas que, además, conduce a un bar ubicado en el piso quinto.

En el diseño, el arquitecto, ubica al techo de cada estructura en forma de caja que, a la vez, sirve de terraza del piso de arriba. Mientras tanto, las escaleras exteriores, que se ubican entre las áreas al aire libre brindan a los visitantes acceso adicional a diferentes pisos.

 

Arquitectura y cultura

Al respecto, explicó que los colores y el cruce arquitectónico entre diferentes culturas fueron claves para la creación de “kashiyama daikanyama”.

“En cuanto a los colores la diferencia es significativa. Los italianos, en ese país estudié diseño, saben que al ponerse a crear cuentan con toda la paleta de colores a su disposición, mientras que nosotros apenas nos salimos del gris, si bien exploramos todos sus tonos y texturas. Creo que cuando un diseñador japonés colabora con una empresa italiana se produce una reacción química muy interesante. Por otro lado, en Europa se da mucha importancia a comprender el material con el que se trabaja. En mi país el punto de partida es mucho más conceptual. En términos de producción, Japón se ubica entre Italia y los países escandinavos. Los escandinavos, en cambio, son muy lentos. No lo digo de forma negativa. Me refiero a que trabajan mucho los detalles. No tienen problema en volver a empezar si algo no funciona. Otra actitud típica suya: lanzan un producto, ven que no funciona y, en vez de sacarlo de la tienda, esperan a que se convierta en un clásico. En Japón estamos a mitad de camino de ambas actitudes.

De hecho, para crear una experiencia arquitectónica uniforme, donde las transiciones entre el exterior y el interior sean naturales, se eligieron los mismos materiales. "Era importante mantener proporciones similares entre los objetos y los muebles alrededor de las áreas interiores y exteriores, por ejemplo, el detalle del pasamanos exterior se incorporó en el diseño de los muebles de interior ", explican.

Los interiores, en tanto, buscan enfatizar las características externas de la estructura y el concepto general del proyecto. La planta baja, por ejemplo, está cubierta con suelo de terrazo de espiga, mientras que el segundo piso cuenta con un cemento con textura de tela. El mármol en el tercer piso está impreso con textura de piedra, y el vidrio se imprime a la inversa con patrones de mármol. El piso del cuarto y quinto nivel está hecho de una combinación de piedra y madera, diseñado en un patrón repetitivo que también se usa para los azulejos de piedra que cubren las paredes.

El complejo comercial fue diseñado por una empresa de ropa conocida por apoyar a la cultura y el deporte en Japón. "Los servicios disponibles en el complejo y su diseño cuidadoso están destinados a presentar y transmitir estos conceptos", explicó Oki Sato.

Con el respaldo de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, una cooperativa de la ciudad argentina de Pinamar creó un bloque con cemento y plásticos reciclados que son súper aislantes y livianos.

Se trata de Reciclando Conciencia, una cooperativa de autogestión que actualmente opera una planta de reciclado de residuos de esa ciudad argentina, que con el apoyo del Centro Experimental de la Producción (CEP) de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU-UBA), está desarrollando bloques de construcción a partir del poliestireno expandido (telgopor) post consumo.

 

Prototipo

El proyecto comenzó hace cinco meses y ya está listo el primer prototipo: un bloque de 14 x 20 x 41 cm que pesa un 40% menos que un ladrillo común, ofrece alta aislación térmica y que será utilizado para remodelar el galpón que ocupa la cooperativa.

“Desde 2014 existe un Programa de Islas Ambientales donde los vecinos colaboran en forma voluntaria con la separación de residuos en sus domicilios. Hay unos 100 puntos de recolección diferenciada de plástico, cartón y vidrio distribuidos en la ciudad. Se trata de cajones de un metro por un metro con un bolsón de rafia en su interior”, detalló Carlos Méndez, presidente de Reciclando Conciencia.

Esta iniciativa les permite recuperar entre 3.000 y 5.000 kilos de reciclables por día. Cantidad que se duplica en la temporada de verano. Según Méndez, los materiales más abundantes son papel y botellas PET. Sin embargo, la gestión ambiental de la cooperativa impone la responsabilidad de dar trazabilidad o destino a todos los materiales que recolectan.

En ese sentido, el poliestireno expandido es uno de los más difíciles de resolver porque no es sustentable su traslado. “La empresa que lo podría tomar está a 600 km. Para transportar mil kilos de poliestireno expandido se necesitan 500 litros de combustible. Con lo cual la huella de carbono es negativa”, explicó Méndez.

Esto llevó a una solución local y surgió la posibilidad de contar con la asistencia de la FADU a través del CEP, a cargo del arquitecto Carlos Levinton. La facultad aportó los planos de las máquinas trituradoras de telgopor y la capacitación de los operarios para el desarrollo del prototipo de bloque. “Nos manejamos a través de videollamada. En este proceso logramos reducir el peso de los bloques y ahora estamos buscando mejorar algunos aspectos más para desarrollarlo a mayor escala”, señaló Méndez a medios argentinos.

 

Desafíos

Ahora, el siguiente desafío será asegurarse un volumen de poliestireno expandido  para producir a mayor escala. Entonces, están evaluando sumar a la mezcla otros materiales también difíciles de reubicar y “matar dos pájaros de un tiro”. Se trata del alto impacto proveniente de los residuos tecnológicos y de envases de yogurt, también están probando sumar el film de envases de fideos y el metalizado de las papitas.

El proceso para la producción del bloque se inicia con la molienda del material recuperado. Luego se mezcla con cemento y aditivo y, finalmente, se coloca en moldes creados a partir de los prototipos.

La previsión es que en 6 meses, ya se puedan producir de 100 a 500 unidades diarias, siempre dependiendo de los volúmenes de material que se puedan recuperar. En una segunda etapa, los ladrillos se utilizarán para abastecer la demanda de algunos integrantes de la cooperativa para colaborar en el proyecto de construcción de la casa propia.

La industria de la construcción cayó 12,3% en marzo y acumula en el primer trimestre del año una contracción del 11,3%, en siete meses de continuas variaciones negativas, informó el  Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) de Argentina.  El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC), registró en marzo respecto del mes anterior una contracción del 3,5%, de acuerdo con las cifras oficiales.

En esta comparación con el mes anterior la variación negativa se da después de dos meses de indicadores positivos del 4,8% de enero y del 8,6% de febrero, que hacían pensar en una mejora del sector. Los empresarios de la construcción estimaron que la recesión continuará durante el segundo trimestre del año.

Entre las compañías que se desempeñan en el sector de emprendimientos privados, un 50% de los empresarios consideró que el nivel de actividad seguirá cayendo entre abril y junio, y entre las que se dedican a la obra pública el 44,6% también estimó que disminuirá. Solamente el 7,5% de los empresarios que se desempeñan en emprendimientos privados y el 2,7% de los que se dedican a la obra pública, proyectaron una mejora en ese período.

Los empresarios que proyectaron una baja para el segundo semestre la adjudicaron a la caída de la actividad económica, la inestabilidad de los precios y los atrasos en las cadenas de pagos. La encuesta que elabora el INDEC señaló que los empresarios estimaron que las políticas para reactivar el sector, que lleva siete meses de contracción, deben dirigirse a la estabilidad de precios, créditos, bajar las cargas fiscales y reflotar el crédito hipotecario.

Los pedidos de permisos de construcción de emprendimientos privados en los 60 municipios más representativos del país, cayeron en marzo un 19,5% en la medición interanual y un 8,7% en la comparación con febrero pasado. El consumo de los insumos para la construcción en marzo con relación a igual mes del año anterior, registró bajas de 34,2% en pisos y revestimientos cerámicos, 29,5% en asfalto, 23,4% en artículos sanitarios, 20,1% en ladrillos y 17,6% en hierro y aceros. También se contrajo en un 13,8% el consumo de cemento, 8,3% el de mosaicos, 7,4% en cales, 5,5% en el resto de los insumos (grifería, tubos de acero y vidrio), 3,7% en hormigón elaborado, 2,9% en yeso y 0,8% en pinturas.

 

Reducción de cargas fiscales

Desde el ámbito de la construcción también destacaron la necesidad de articular propuestas en conjunto para hacer frente tanto a los vaivenes macroeconómicos como los microeconómicos. En este sentido, desde la Cámara Argentina de la Construcción insistieron en la necesidad de “reconocer el trabajo de los espacios intersectoriales e interinstitucionales, que ya han consensuado los proyectos estratégicos para el desarrollo del país. Es tiempo de poner en marcha esos proyectos de infraestructura productiva, sanitaria, social, educativa, vial, que hacen falta, además de recuperar la iniciativa y proponer un plan de infraestructura para la ciudad y la región, cuyas prioridades sean definidas localmente y sea tenido en cuenta por las distintas jurisdicciones de gobierno, con un compromiso explícito de asignación presupuestaria y ejecución”.

Al igual que el sector industrial, aseguraron que la realidad de la industria de la construcción en lo local “no escapa a las mediciones oficiales publicadas recientemente por el INDEC”, aunque anticiparon que desde la Cámara están trabajando en la generación de “un índice local que refleje con mayor precisión las variaciones de la ciudad y la zona”.

“Como ocurre con otros sectores, las condiciones macroeconómicas y el direccionamiento de las políticas públicas generan incentivos o restricciones al desarrollo de la actividad de la construcción. Se trata de uno de los sectores con mayor capacidad de dinamización de la economía en su conjunto y que en nuestra ciudad tiene una participación de alrededor del 10% en el PBG local”, indicaron.

Según señalaron, los indicadores de coyuntura de la actividad y el análisis de las expectativas generales de las empresas del sector muestran un panorama “adverso”. De hecho, la encuesta que la Cámara realizó al sector señala que tanto las empresas que ejecutan obra pública como las dedicadas a la obra privada consideran que el nivel de actividad del sector “disminuirá o mantendrá los niveles actuales”.

Según un informe de la Universidad Católica de Chile, el valor de las propiedades ha subido hasta 150% en el Gran Santiago en la última década, mientras que los ingresos lo han hecho solo en 25%.

El documento, dado a conocer por el diario trasandino La Tercera,  sostiene que “existe una brecha creciente en el precio de las viviendas y los ingresos familiares, y son las clases medias las que se ven más impactadas: no son sujetos de subsidios, no tienen capacidad de ahorro y se enfrentan a condiciones crediticias cada vez más restrictivas en los bancos”. Esta es una de las consecuencias que, a juicio de Luis Fuentes, director del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Universidad Católica, se puede inferir del análisis del nuevo índice de precios de viviendas para el Área Metropolitana de Santiago, desarrollado por esta entidad y la consultora urbana Inciti.

Este analiza la evolución de los valores reales (en UF) y nominales (en pesos) de las propiedades, nuevas y usadas, en los últimos 10 años, y los compara con el aumento de los ingresos familiares durante el mismo período. Así, mientras las viviendas han aumentado su valor nominal entre un 95% y 150%, según el sector de la capital, los ingresos han crecido solo 25% en el mismo período.

“El alza de precios del mercado inmobiliario es un fenómeno global, pero en Chile los salarios no crecen al mismo nivel. Así se da el fenómeno de que hoy las personas deben destinar un mayor porcentaje de su presupuesto para pagar un dividendo”, agregó Fuentes y ejemplificó que “Si entre 2009 y 2010 las familias pagaban por concepto de crédito hipotecario en torno al 22% de sus ingresos, entre 2016 y 2017 esa proporción subió a 29%”.

Marcelo Bauzá, socio fundador de Inciti, explicó que este índice de precios de las viviendas fue elaborado a partir de una “metodología internacionalmente reconocida, por la cual analizamos más de 500 mil transacciones de casas y departamentos en el Gran Santiago y calculamos un valor promedio de estas propiedades mirando un conjunto de características como metros cuadrados, ubicación y año de construcción”.

Utilizando esta referencia, el instituto e Inciti publicaron en mayo del año pasado un estudio que analizaba la cantidad de personas que pueden comprar una vivienda. “De cada 10 familias, seis no podrían pagar por una vivienda, ni siquiera por las más baratas”, recalca el director del Instituto de Estudios Urbanos. “Gran parte de la población no tiene más alternativa que el arriendo”, concluyó.

 

Soluciones 

La brecha de las familias para comprar sus viviendas es un tema que volvió al debate tras los dichos del ministro de Vivienda chileno, Cristián Monckeberg, y del empresario Andrónico Luksic, quienes afirmaron que un grupo importante de chilenos son propietarios y que la clase media puede darse el lujo de tener un segundo auto y una casa en la playa.

La académica de Sociología de la Universidad de Chile (UC) y especialista en estudios de la clase media Emmanuelle Barozet indicó que el estudio de la UC muestra que la segregación se está reforzando, “pues se limita la movilidad de las familias para pasar de un barrio a otro. Para la clase media alta, el recorrido es más libre y puede fijar una estrategia de movilidad, pero los demás grupos están limitados a cohabitar en espacios de la misma condición social”.

Agregó además que es  preocupante “el estancamiento de los salarios, porque existe la tendencia en Chile a endeudarse para cosas no suntuarias, sino fundamentales para vivir, como lo es la vivienda, la salud o la educación”.

Para revertir esta situación, Marcelo Bauzá dice que estos números “obligan a repensar la forma de construir la ciudad”, y que deben abrir un debate “sobre las nuevas políticas públicas que se requieren para solucionar estas brechas”.

Entre sus propuestas están la densificación de la ciudad con un mejor equipamiento, servicios y áreas verdes; la mejora de los proyectos de integración social; la creación de nuevos subsidios de clase media, y el incentivo a las formas colectivas de acceso a la vivienda, como las cooperativas.

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