En Ciudad de México, San Pablo, Lagos, Shanghái y Delhi, la población no aumenta según el crecimiento lento y gradual que la teórica del urbanismo canadiense  Jane Jacobs pensaba que era el bueno para las ciudades, sino que irrumpe como un desbordamiento. La mera magnitud de estas ciudades de aluvión señala una quiebra respecto de Europa y Estados Unidos de América. Por ejemplo, los demógrafos de Naciones Unidas calculan la actual población de Delhi en 24 millones. La ciudad más grande del mundo es Tokio, con 37 millones de habitantes. En 1950, como contraste, solo había un puñado de ciudades con 8 millones de habitantes; Londres y Nueva York se mantienen hoy algo por debajo de los 9 millones. Pero la tasa de crecimiento urbano, más que las puras cifras, no ha marcado un abismo entre el Sur y el Norte global. Delhi crece a alrededor del 3%; en el siglo XIX, Nueva York y Londres crecieron a un ritmo similar. La diferencia está en que el motor urbano occidental se está enfriando; hacia 2050, Nueva York y Londres habrán crecido tal vez un 18%, mientras que Delhi será por lo menos un ciento por ciento más grande.

La pregunta es ¿por qué crecen tanto las ciudades?  Una respuesta se encuentra en los escritos del economista y filósofo escocés de Adam Smith. Tal como expone en el libro “ La riqueza de las naciones”, publicado en 1776, los mercados más grandes dispararán la división del trabajo en el proceso productivo. Un ejemplo moderno es que la gran demanda de automóviles baratos sustituyó las carrocerías fabricadas a mano antes de la Primera Guerra Mundial, y en los años veinte perfeccionó las diferentes tareas de la línea de montaje. En relación con Smith, la analogía urbana sería que si se destinan 10.000 personas a un área que anteriormente albergaba a 2.000, hasta las casas deberán adecuarse a la división del trabajo, con apartamentos de distintos tamaños y formas, a la vez que dedicar otros espacios a usos especializados, como aparcamientos bajo jardines. En otras palabras, la magnitud engendra complejidad.

 

Megalópolis

Una “megalópolis” es consecuencia de este modelo de desarrollo, en el que la división del trabajo, las funciones y las formas se intensifican a medida que la ciudad se expande. Lo normal es que la expansión esté enmarcada en términos geográficos o regionales. En la actualidad, Pekín está tratando de crear una megalópolis generando una región urbana de centenares de kilómetros, con subciudades conectadas entre sí por un eficiente sistema de transporte.

A diferencia de la mal afamada extensión de Ciudad de México, la idea china consiste en que cada una de estas subciudades se convierta en una ciudad por derecho propio y desempeñe una función especializada en el seno de la gran Pekín. El modelo norteamericano para esto es la megalópolis que se extiende desde Washington hasta Boston y que se desarrolló en el siglo pasado a lo largo de la costa oriental de Estados Unidos, región urbana que analizó el geógrafo

Tampoco una megalópolis es, al menos exactamente, lo que se nomina una ciudad global. En las ciudades globales, la proximidad entre ciudades dentro de una región metropolitana no importa demasiado. Hay un conjunto de tareas financieras, legales y correspondientes a otros servicios especializados que tiene a su cargo la economía global; estas “funciones globales” se reparten en diferentes ciudades de una red en la que cada ciudad desempeña un papel particular, por lejos que se hallen una de otra. Por ejemplo, alguien está a punto de comprar mil toneladas de cobre para dedicarse al negocio global de ese mineral.

El precio por tonelada puede negociarse en Chicago, donde hay un mercado especializado en materias primas. La financiación puede venir de bancos de Tokio. El asesoramiento legal necesario podría buscarse en Londres, donde los especialistas tienen gran experiencia en las particularidades nacionales de los diferentes regímenes legales.

Para la extracción del cobre se puede buscar consejo en Dallas, donde, gracias a sus industrias petroleras, los expertos lo saben todo acerca de equipamientos a gran escala. En conjunto, Chicago, Tokio, Londres, Dallas, La Paz y Johannesburgo se comportan como una molécula de ciudad global.

Construir en la Argentina en marzo de 2019 es 33% más barato en dólares que hace un año. Pero esta realidad no alcanza para reactivar al sector, que sigue sufriendo la caída de la demanda, la desaparición de los créditos y la incertidumbre electoral. “Según nuestros índices, el costo de la construcción en dólares se depreció 33% en un año”, señaló al diario Clarín Germán Gómez Picasso, director de Reporte Inmobiliario.

Las cuentas marcan que el costo de construir un metro cuadrado en la Ciudad de Buenos Aires está hoy en 820 dólares. El pico se había registrado en mayo de 2017, cuando llegó a u$s1.188, el más alto desde que hay registros.

Sin embargo, los precios de las propiedades se vienen manteniendo, aunque en casos puntuales hay bajas de 5%. Un informe de la UADE muestra que en los departamentos nuevos en febrero se registró una baja interanual de 1,5%, mientras que los usados aumentaron 5,3 por ciento. En tanto, se derrumbó el poder adquisitivo de los salarios. Ahora para adquirir un metro cuadrado de una propiedad nueva se necesitan cuatro salarios promedio, según el índice de la UADE.

En la Ciudad de Buenos Aires, en enero pasado las operaciones inmobiliarias cayeron 55% respecto del año anterior. “Más allá de que el costo en dólares haya bajado, la relación salario/metro cuadrado no es tan atractiva. La demanda no está activa”, señaló Gómez Picasso.

“Estos costos le resultan muy convenientes al inversor que ya estaba a punto de empezar una obra. Hay que tener en cuenta que en un metro cuadrado no tenés solo el componente de la construcción, también está la tierra, impuesto, gastos de marketing. No es que porque bajó 33% el costo podés bajar los precios en igual porcentaje”, sostuvo Gómez.

En cuanto a los precios de venta, desde Reporte Inmobiliario indican que “en el mercado a estrenar no estamos viendo proyectos que se ofrezcan con bajas significativas”.

“El mercado de las propiedades a estrenar se mueve básicamente a partir de inversores, que son los que compran el 80% de estas propiedades”, agregó Gómez Picasso. “Hoy ese público está cauteloso. Ya no ve chances de que las propiedades se vayan revalorizando entre un 8 y 12% por año, como venía ocurriendo. Por otro lado está el tema de que el mercado de alquileres que ya no atrae tanto. Y los usados están teniendo problemas de demanda porque hay una percepción de que los precios están altos. Para dinamizar el mercado hace falta ajustar un poco los precios”.

 

Néstor Curland, director de Zentrum Desarrollos, aseguró a Clarín que “la rentabilidad que obtiene el propietario por el alquiler de un local comercial cayó de 5% a 4% anual. A nivel residencial, “antes de la devaluación estaba cerca del 3% anual y ahora entre 2 a 1,5%”.

 

Buena inversión

Daniel Muñiz, vocero del grupo Construya, que agrupa a las principales marcas de insumos para el sector, indicó que “en los últimos 20 años en el corredor norte el valor de las propiedades creció 160% en dólares. Esto permitió ganar un 50% más que con otro tipo de inversión. La inversión en ladrillos es mucho más segura que cualquier otra”.

Pero advirtió que “no podemos corrernos de la realidad. La construcción sigue su marcha con las mismas dificultades de caída del consumo que vemos en el país. Nosotros tratamos de alentar a los que tienen dólares guardados para que inviertan en ladrillos. Pero no estamos viendo una reactivación de las obras. La retracción es muy fuerte”.

“El escenario está difícil. Somos un estudio de arquitectura que se convirtió en desarrolladora y construimos 50 edificios en 20 años. Y este es el peor momento”, dice Curland. “A nosotros también nos pega la devaluación. En nuestros inmuebles el 80% de los insumos están atados al dólar. Los pisos de madera vienen de Paraguay y las mesadas de cuarzo de España... Es cierto que la mano de obra está en pesos y no sube tanto, pero esa es la foto de hoy, esa diferencia no va a durar los tres años que se extiende la obra. Nuestros márgenes cada vez se achican más”.

“En los últimos 12 meses, los costos de los materiales de construcción subieron 58%, por encima de la inflación, y la mano de obra se encareció 35%. “Nosotros bajamos los precios un 5%. Y lo hicimos por la necesidad de vender. En un mercado recesivo va a haber un margen de negociación a favor del comprador que tiene el dinero en la mano. Hoy buscamos reducir nuestros costos al máximo y esperar a que el mercado se reactive en un año con elecciones en el que no sabemos que es lo que va a pasar. Ojalá que de parte del Gobierno haya alguna medida para contrarrestar esto,” indicó Curland.

En diálogo con Del Constructor, Diego O´Neill, el nuevo presidente de la Cámara de la Construcción…

El economista Gabriel Oddone, doctor en Historia Económica (Universidad de Barcelona), Economista (Universidad de la República/ Uruguay), socio de CPA Ferrere e investigador del  Centro de Investigaciones Económicas (CINVE) sostuvo que en Uruguay “estamos caro. Esta es una discusión compleja de abordar, pero las conclusiones que uno puede sacar por la evidencia que recoge por allí, reafirma la impresión que los industriales,  los exportadores, las personas que viajan o compran en el exterior, demuestran que Uruguay es un país relativamente caro”.

Oddone sostuvo que “hay una falta de consistencia de las políticas macro —fiscal, monetaria, de precios— en los últimos años que es una de las causas de que Uruguay esté caro”. Esas variables, agregó, no estuvieron lo coordinadas que debieran “probablemente porque se estuvieron atendiendo otros objetivos, por ejemplo atendiendo a la equidad, a la distribución del ingreso”.

En entrevista con Puntos de vista, en radio Uruguay, Oddone agregó que los precios presentan un desvío al alza respecto al promedio histórico, se importa más de lo que se exporta y los precios en países socios o competidores son más bajos. Esas condiciones “deberían darnos la presunción de que hay algún problema de precios relativos” y de que es acertada la calificación de país caro.

De hecho, la entrevista tuvo como disparador una columna del economista, publicada en su blog Sextante (www.gabrieloddone.com) donde analizó diferentes aspectos de esta realidad.  En la referida columna, el economista  se propuso analizar si hay evidencia que respalde esa percepción y en caso de que sí, ver por qué. Para ello, tomó  la referencia del promedio de precios del período 1980-2018, “el tipo de cambio real bilateral de Uruguay está apreciado respecto a destinos y competidores que son relevantes para su comercio” como Estados Unidos (25%), Nueva Zelanda (18%), Australia (23%), Zona Euro (30%), Argentina (26%) y Brasil (32%).

A su vez, “el crecimiento de la productividad de los factores en algunos sectores de la economía ha sido menor que el aumento de las remuneraciones” y ello “ha sido más intenso en el sector no transable (comercia localmente) que en el transable”.  Pero, ¿por qué Uruguay es caro? “Hay argumentos microeconómicos que tienen un papel relevante en la explicación del fenómeno”, escribió Oddone.

“El primer factor es los mercados donde predominan ambientes de escasa competencia. En ellos suelen comercializarse bienes no transables, muchas veces con esquemas de precios regulados y en los que existen subsidios o transferencias públicas como los combustibles, la energía, las telecomunicaciones, el transporte y la salud”.

En la “producción de combustibles, energía o telecomunicaciones, la naturaleza de las relaciones entre el Poder Ejecutivo y los entes, limitan la posibilidad de que los precios de los servicios reflejen las condiciones de provisión bajo criterios de eficiencia” y esto se “refuerza por la relación asimétrica ‘inversa’ entre regulado y regulador, y por el rol difuso de este último para controlar las condiciones de comercialización”, explicó Oddone.

 

Limitaciones en productividad

En mercados, “como en el transporte o en la salud existen transferencias, subsidios o regulaciones (el corralito mutual, por ejemplo) que están concebidos para preservar la viabilidad económica y financiera de las empresas o entidades prestadoras. Estos esquemas, terminan por limitar los aumentos de productividad por la vía de restringir la entrada y salida de competidores. Además, en la salud y en la educación privada, el conflicto de interés entre el gobierno corporativo de las instituciones, los proveedores y los asalariados es difuso”, afirmó.

A esto, agregó, se suma que “el esquema de negociación colectiva vigente en Uruguay no contempla mecanismos que eviten o, al menos limiten acuerdos salariales que se aparten de las condiciones de eficiencia y que sean fácilmente trasladables a precios. Esto es frecuente en mercados donde la competencia entre agentes es escasa, sobre todo en los que existen definidos subsidios, transferencias o créditos fiscales” como la “salud y la producción de bebida”.

El segundo aspecto es que el “tamaño del mercado interno limita la especialización de los factores, restringe los retornos de la innovación y desestimula la incorporación de tecnología, especialmente en aquellas actividades que no tienen posibilidad de competir en el mercado internacional”. Esto se ve “en los servicios financieros, los servicios profesionales y a las empresas, así como en la salud”, lo que lleva a “un ambiente poco propicio” para que haya “aumentos de la productividad de los factores y mejoras de eficiencia”, indicó Oddone.

El economista, puntualizó que “todo lo anterior no quiere decir que políticas fiscales procíclicas, políticas monetarias con multiplicidad de objetivos o políticas de ingresos que no han logrado terminar con la indexación de precios, no tengan responsabilidad sobre el nivel y trayectoria de los precios de la economía” y añadió que “las distorsiones de precios relativos que afectan la competitividad de Uruguay tienen fundamentos más profundos y que, en todo caso, las políticas macroeconómicas de los últimos años no lograron compensarlos”.

Así que “independientemente de lo que pueda hacerse desde la política macroeconómica, si se quiere atacar el problema de fondo de manera más o menos permanente, se requieren reformas sobre el funcionamiento de ciertos mercados que promuevan más competencia, más transparencia y más eficiencia en la asignación de recursos especialmente en diversas actividades del sector no transable”, afirmó en su blog.

El economista dijo que una de las variables para mejorar la salud macroeconómica es el buen manejo de las empresas públicas. Sostuvo que el esquema de funcionamiento debería integrarse por un Poder Ejecutivo que fije las políticas, un marco regulatorio que vele por condiciones de calidad y precio que estén alineadas a condiciones de eficiencia y un prestador que provea los servicios en base a criterios de eficiencia. “Hoy en Uruguay esos roles están difusos”, concluyó el economista Gabriel Oddone.

El evento contará con actividades para profesionales, estudiantes y público en general.

El jueves 14 de marzo tuvo lugar el evento lanzamiento de la 10ma. edición de Feria de la Construcción, en la Sala de Conferencias  de la Rural del Prado. En el evento se presentaron las principales novedades que la exposición tendrá en esta oportunidad, entre las que se destacan los renovados espacios del predio ferial para generar nuevas oportunidades de desarrollo de los diferentes stands, así como la agenda de actividades y conferencias.

En el lanzamiento hizo también uso de la palabra el intendente Daniel Martínez, quien destacó que “las Ferias son de gran importancia para colectivizar innovaciones tecnológicas y oportunidades de cara a la necesidad de un país de primera, de competitividad, de inclusión tecnológica. El mundo en que vivimos será cada vez más el mundo del cambio, de innovación, donde lo nada estable, y lo cada vez más competitivo serán las características, por lo tanto necesitamos que nuestra gente, y en particular de este sector de actividad tan importante en la economía nacional, se prepare, se informe y adquiera conocimientos”.

Respecto a la celebración de la 10ma. edición del evento, desde la organización, Silvano Viera, director de Proyectos y Promociones, señaló: “Estamos orgullosos de lo que hemos logrado en estos 18 años, desde aquel comienzo en 2001 junto a un conjunto de empresarios que confiaron y apostaron a seguir creciendo y fortaleciendo el sector. Como articuladores de un ámbito que estimula, actualiza y fortalece la industria, nos inspira el proyecto de seguir construyendo futuro. Uruguay ha evolucionado en diferentes aspectos que hacen al sector, para esto es que es importante que juntos sigamos aportando para la construcción de ámbitos de crecimiento, aprendizaje, intercambios, negocios, actualización y desarrollo, que potencien aún más la actividad”.

Durante el lanzamiento se saludó también a la Liga de la Construcción y a la Cámara de la Construcción, instituciones que en este 2019 celebran su primer centenario, cuyos líderes hicieron uso de la palabra desde su posición de patrocinadores oficiales del evento.

Diego O’Neill, presidente de la Cámara de la Construcción, destacó que “La Feria es una realidad ya instalada en la industria y en la sociedad, que año a año ha ido creciendo en su importancia y participación.” En cuanto a la relevancia del sector para el país, también destacó que “la Construcción representa el 9% del PBI y una participación similar en los puestos de trabajo, y que los estudios científicos y relevamientos han demostrado que cuando se mueve la Construcción, se mueve la economía”.

A esta última declaración de O’Neill, Martínez agregó que la magnitud de este punto toma dimensión también cuando se tiene en cuenta el peso de la obra pública, y la importancia de generar obras para la activación de la economía.

Entre los asistentes al evento se encontraban autoridades nacionales y departamentales, además de representantes de diferentes partidos, que manifestaron su preocupación por el desarrollo de la Construcción de cara a los próximos años, y dialogaron al respecto con los empresarios presentes.

La Feria de la Construcción tiene lugar cada dos años y este año se realizará nuevamente en el predio de la Rural del Prado, lugar elegido por quinta vez para albergar las diferentes propuestas de los expositores, los cuales en este 2019 serán más de 260.

El evento es elegido por la industria como el principal punto de negocios del sector, dado que potencia el vínculo con proveedores y genera también nuevas oportunidades de sinergia entre los más destacados protagonistas de dicha actividad, además de recibir a más de 50.000 visitantes que llegan desde todo el país. La Feria de la Construcción también es un destacado nodo de actualización y capacitación para profesionales, técnicos y estudiantes, por ser un núcleo de conferencias y actividades centradas en tendencias, técnicas y otros aspectos relevantes a la industria.

Los interesados en ser parte de esta edición pueden acceder a más información a través de la web www.feriaconstruccion.com.uy y las redes sociales del evento.

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